Nuevo territorio: Cómo lograr una mudanza con perros exitosa

Por Katja Sponholz (dpa)

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Los perros deberían encontrar al ingresar en su nueva vivienda algunos objetos reconocibles, como por ejemplo un conjunto de muebles con su lugar de descanso. Foto: Monique Wüstenhagen/dpa

Mudanza es sinónimo de estrés, no solo para las personas sino también para los perros.

Ya los días previos es evidente que algo está cambiando. Hombres y mujeres acomodan cosas de aquí para allá, hay cajas de cartón por todas partes y el clima es de tensión. Y a esto se suma que vienen extraños y se llevan los muebles.

Pero en lugar de tener por fin paz y tranquilidad en un entorno familiar, se termina por la noche en habitaciones extrañas.

«Para los perros ansiosos por naturaleza, el mundo suele derrumbarse», afirma Patricia Lösche, presidenta de la asociación de consultores y entrenadores de comportamiento animal de Alemania.

Obviamente, también hay perros a los que les da realmente igual donde estén, mientras que la persona que lo suele cuidar esté allí con él. «Y allí donde él esté, el mundo está en orden», dice la veterinaria y psicóloga de caballos, perros y gatos.

Pero, sobre todo, los perros que provienen de centros de protección de animales y de países extranjeros suelen tener dificultades para encontrar orientación en el lugar al que pertenecen. Sobre todo cuando llevan poco tiempo en el nuevo espacio.

«Ellos pueden tener verdaderos problemas con una mudanza», advierte Lösche. La especialista señala que esto comienza ya al embalar las primeras cajas, porque el entorno se modifica relativamente rápido.

Según la veterinaria, algunos perros pueden reaccionar a esto con inseguridad, incluso con agresiones. La experta en conducta animal recomienda observar desde un inicio a las mascotas.

«Cuando el perro ya jadea mucho cuando se comienza a embalar, está intranquilo, repliega su rabo o no se separa más de su cuidador, lo mejor sería llevarlo por un tiempo a otro lugar», aconseja. Y no solo el día de la mudanza, agrega, sino preferiblemente ya en los días previos.

«Cuando el perro tiene problemas, tiene sentido tenerlo en cuenta, si no las personas también comenzarán a sufrir problemas», señala Lösche. Por ejemplo, cuando la mascota de cuatro patas desarrolla una marcada ansiedad por la separación y ladra persistentemente en su nuevo hogar o empieza a destrozar cosas.

André Papenberg, presidente de la asociación de adiestradores de certificados de perros, también aconseja alejar durante un tiempo a los perros que sufren, preferiblemente a una persona de confianza, si no a una guardería de perros o a un centro de acogida de animales.

«Sin embargo, si el perro no ha estado nunca ahí, hay que practicar con él antes y llevarlo una o dos veces para ver si funciona», aclara, tras lo cual añade que estos lugares también deben agradarles a las personas.

Aquellos que se mudan no solo deben pensar en el bienestar animal. «Si es dueño de un perro y contrata a una empresa de mudanzas, sería bueno abordar el tema directamente y decir que un perro le acompañará el día de la mudanza», dice Daniel Waldschik, portavoz de la Asociación Alemana de Empresas de Mudanzas y Logística (AMÖ).

Los trabajadores de la empresa podrían naturalmente temer a los perros. «Pero en general las compañías tienen experiencia al respecto», dice Waldschik. «Cuando el jefe está en conocimiento del tema, no le encarga el trabajo a este tipo de personas».

Ya en el nuevo hogar, recomienda Lösche, el perro debería hallar al ingresar algo de su confianza. Por ejemplo, una constelación de muebles con sus cuencos, sus juguetes y su lugar para dormir.

«Naturalmente, él percibe olores familiares en los muebles, las alfombras y las personas mismas, pero tendría sentido no limpiar mucho antes las cosas que pertenecen al perro», aconseja.

Las mascotas se adaptan además más rápidamente al nuevo entorno cuando se hacen cosas agradables con ellos allí, como por ejemplo jugar con ellas o alimentarlas. «Eso genera ya desde el inicio un clima positivo», afirma la veterinaria.

Y si después de cada paseo por el nuevo barrio se le da alguna golosina, añade la experta, entonces todo quedará rápidamente en el pasado.

Distinto es sin embargo cuando se tiene un perro muy sensible e incluso temeroso. En esos casos, señala Lösche, podría ayudar realizar algunos paseos por el nuevo barrio días antes de la mudanza, para que ya vaya entrando en confianza con el entorno de la nueva locación.

«Básicamente, no hay que decir: ‘¡El perro tiene que pasar por esto!’, sino abordar el asunto con tacto y sensibilidad», recomienda Lösche.

Según la opinión de Papenberg, también juega un papel especial el nuevo lugar al que se va. «Si hago un cambio cultural y me mudo del campo a la ciudad, muchos estímulos externos le son completamente ajenos y tengo que conducirle con sensatez a la nueva situación», dice.

Y por razones de seguridad no vendría mal, afirma el entrenador de perros, buscar con anterioridad un nuevo veterinario en el nuevo destino, «así se sabe a donde llamar si pasa algo».

dpa

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