No pasa nada

El Sereno

Álvaro Campos Solís
campos.solis.alvaro@gmail.com

Ante la indolencia del Poder Judicial, la impotencia de la Contraloría General de la República y el mayor desinterés de los diputados por contribuir en la solución de los grandes problemas nacionales, en nuestro país “no pasa nada”. Claro que pasa de todo, pero ese “todo” queda impune.

En nuestro país, a la cárcel van a parar algunos delincuentes puros y duros, esos que de la noche a la mañana encontraron un medio de vida para abandonar la pobreza y disfrutar de ingresos que los convierten en gente acaudalada, capaces de convertir a desconocidos en personajes públicos. La misma que tanto daño causa pero que tiene la capacidad de convertir a algunos diputados en sus asesores.

Otra gente disfruta del privilegio de mandar a sus empleados, incluso a ex presidentes de la república, a que hagan lobby, ya sea para que un proyecto ley se convierta en ley con la mayor celeridad posible o, si perjudica sus intereses, que termine en el archivo, algo así como el basurero que existe en internet.

“No pasa nada” es la frase que en la práctica se ha convertido en una sentencia que garantiza la impunidad de toda persona o gremio que abuse descaradamente o, lo que es lo mismo, se robe los recursos del Estado, como si éstos fueran bienes de difunto. Uno espera que esa gente entienda algún día que los recursos del Estado pertenecen al pueblo. “Y ese dinero no se toca”, debería ser la consigna.

Los informes de la prensa dan cuenta un día sí y otro también que en determinadas instituciones se perdieron miles de millones de colones debido a un “dedazo” por parte de funcionarios de la tesorería, razón por lo cual se giraron miles millones de colones adicionales a una planilla de miles de funcionarios públicos. Me refiero al Ministerio de Educación Pública y al sobresueldo que en determinado momento se pagó un a los educadores, por error.

En el MEP muchas cosas dan miedo, incluso a gente que ha pasado por donde asustan. Los recursos humanos y financieros comprometidos con la construcción y reparación de centros educativos se manejan con cierta autonomía, independencia, sin control ni contraloría.

No pasó ni pasará nada, pues tales recursos financieros resultaron imposibles de rescatar. Es muy posible que algún docente haya devuelto ese sobresueldo, en respuesta a los dictados de su conciencia, Los demás se hicieron gato bravo con aquellos recursos. También queda gente honrada, aunque poquita, pero que hay que reconocerlo.

Ahora trasciende que el mismo ministerio, el MEP gastó, entre el 2014 y el 2019, ocho mil millones de colones en la adquisición terrenos que nunca utilizó. La Auditoria de esa institución parece que se lava las manos pues censura la falta de planificación, pero permaneció ciega y sorda cuando aquel negocio se llevaba a cabo. ¿Responsables? No hay. Ni habrá.

En algunas instituciones prevalece el principio de que, si hay amonestación o castigo, habrá huelga. Tal cosa ocurre cuando el chantaje se ha convertido en patente.

En el Ministerio de Obras públicas y Transportes, las cosas que ocurren allí y las instituciones adscritas a esa dependencia como con el Consejo Nacional de Validad (Conavi) y el Consejo de Seguridad Vail (Cosevi) dan miedo. Lo único que no desaparece es la burocracia.

Mencionar los escándalos en los cuales figuras esas instituciones es como para escribir una novela. En el MOPT, propiamente, ha desparecido maquinaria, como si se la hubiera tragado la tierra. Además de la impericia de algunos profesionales, cuyos costos millonarios tiene que pagar el pueblo. Tampoco allí pasa nada.

Por el contrario, algunos funcionarios que se han visto envueltos de determinado escándalo financiero, terminan por jubilarse luego de recibir un ascenso en la escala de puestos donde labora.

Mientras tanto, el Servicio Civil permanece convertido en un simple espectador. Legalmente con las manos maniatadas y sin el menor apoyo político que le dé músculo, facultades, para despedir a todo sinvergüenza que opte por robarse los recursos del Estado. Los diputados están interesados en otros asuntos, siendo la politiquería el más importante.

En el MINAE, a juzgar por información que regularmente sale a la luz pública, algunas concesiones alguien se encarga de sacarlas de la esfera técnica para convertirlas en un asunto político. De esta manera, algunos asuntos se discuten por teléfono o en la alguna costosa cena en un restaurante de lujo. A los inversionistas nacionales y extranjeros hay que tratarlos con cierta delicadeza.

Del escándalo con las concesiones para la construcción de obra pública, en las cuales aparecen las empresas constructoras MECO y H Solís, tendremos que esperar 20 a los mejor 30 anos para conocer lo que resuelvan los tribunales de justicia. Es muy posible que no pase nada, porque los casos prescribieron en medio de gacetillas periodísticas, experto en derecho que cuestionan los procedimientos judiciales y los autores de los supuestos delitos, junto con su descendencia, disfrutando de una vida de reyes. Ese escándalo es el “lava jato” de tiquicia. Me refiero a los sobornos que pago la empresa brasileña Odebrecht y que al final terminó con numerosos jefes de estado, ministros y políticos de alto vuelo en la cárcel.

Tal cosa ocurre en otras naciones del vecindario latinoamericano. Aquí, no pasa nada.

Periodista


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