No lo escribí yo

De José Calvo

José Calvo

José Calvo

Don Guido Vargas, que es el Secretario General de Upanacional, y una de las personas más inteligentes que me ha tocado conocer, me envió el artículo “Orden Mundial Liberal, Q.E.P.D.” de Richard N. Haass (ex presidente del Consejo de Relaciones Exteriores de EE.UU.), columnista de Project Syndicate, publicado en el país por El Financiero, porque le recordó lo mismo que he estado diciendo yo durante los últimos años: que el modelo neoliberal y el comercio mundial están en crisis.

El señor Haass es más pesimista porque dice parafraseando a Voltaire sobe el Imperio Romano, que no era ni imperio, ni romano, que el orden mundial no es ni liberal, ni mundial, ni orden. Dice que el populismo logró que Inglaterra se saliera de la Unión Europea, que Corea del Norte desafía al club nuclear, que fracasó la última ronda de negociaciones comerciales, que en los Estados Unidos Trump ataca al Poder Judicial, que la Guerra Fría está volviendo, que el mundo se ha vuelto un lugar más peligroso, y que todo eso responde a que la gente ve su trabajo amenazado por la migración y el desempleo, que se deben principalmente a la automatización y la tecnología. Que la vuelta del populismo se debe a que los ingresos están estancados y que hay pérdida de los empleos, que las instituciones globales no se han podido adaptar, que uno de cada 100 seres humanos es un refugiado, y que el intento de crear un orden mundial ha fracasado.

Casi todo lo que dice mister Haass es cierto, pero yo no lo veo tan mal como el lo ve, pues creo que en el populismo hay dos elementos: está por supuesto el deseo de engañar a los electores por parte de los políticos como Trump que lo único que quieren es bajar los impuestos al 1%. Y tal vez devolverle el poder a los Estados Unidos, lo cual no podrán hacer porque ya han elevado con su exportación de las manufacturas, el poder a China, y dorarle la píldora a los electores con que saliéndose de los tratados comerciales lo van a lograr. Pero hay un tercer factor de optimismo: la elección del presidente. Porque es muy poco probable que a los muchachos los van a poder seguir engañando. Se despertarán y demandarán que el cambio sea efectivo, que afecte la distribución de la riqueza.

Este cambio de actitud puede ser que toque también a los países comunistas, para que no empleen su riqueza en hacer cañones, sino que la distribuyan: hay así esperanzas de redención para la especie humana. Raro que lo diga El Financiero.

¡Gracias don Guido!

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