No improvisemos el voto para diputado

El Sereno

Álvaro Campos Solís
campos.solis.alvaro@gmail.com

Alvaro Campos

Cerrémosle la puerta a los mediocres. Es una desgracia que en nuestro país no tengamos un mecanismo, algún recurso al cual echar mano para escoger a los principales funcionarios del sector público: los 57 diputados. Contrario a lo que ocurre en la empresa privada, donde los gerentes son escogidos con lupa, aquí nos damos el lujo de improvisar. Todos conocemos los resultados de práctica tan primitiva.

En la Asamblea Legislativa además de las caras, también debe cambiar el lenguaje y sobre todo las ideas. Un cambio de actitud positivo, el país lo agradece. Y le urge.

Nos queda la opción de sacar el rato y analizar los antecedentes del aspirante, sus principios y su cultura general y política. No tiene sentido votar por amistad o porque aquel es muy simpático. El hecho de que el aspirante sea del partido político de mis preferencias, no garantiza nada. El elector es quien decide.

Menudo problema se nos plantea a los costarricenses al momento de votar para diputado, aceptando de esa manera al candidato que cada partido político nos impone para que nos represente en la Asamblea Legislativa. Semejante perversión política la califican de principio democrático.

Por lo general es gente que uno no conoce, políticamente hablando. Otras veces se trata de personajes tan conocidos que uno se asombra como la asamblea nacional de un partido político escogió un individuo con tanto rabo que le majen o tan limitado que muy poco podrá aportar al debate y la solución de los grandes problemas nacionales.

En cuanto a los diputados independientes debemos tener especial cuidado. La experiencia obtenida señala numerosos inconvenientes para aceptarlos.

En un régimen presidencialista como el nuestro, donde los ojos del pueblo están puestos en cuatro candidatos presidenciales con verdaderas opciones de triunfo, casi no observamos y mucho menos analizamos a la gente que nos va a representar nada más y nada menos que en el Primer Poder de la República. Es la institución donde se promulgan las leyes, se nombran magistrados (en algunos casos con criterio político-partidista) y se discuten los asuntos más importantes de la vida nacional.

Esa limitación para ver y conocer los antecedentes de un candidato a diputado se convierte luego en una verdadera sorpresa que termina en frustración. Lo hemos visto en la composición de la actual Asamblea, en la que ha sido evidente el desinterés de los diputados y sus respectivos partidos políticos por abordar temas tan urgentes como el desempleo, la corrupción, la penetración del narco en las instituciones públicas y los problemas económicos que golpean a importantes sectores de la población. Esos partidos políticos que le han dado la espalda al pueblo, ahora salen a pedir el voto. Sin el menor sentimiento de vergüenza.

No debemos perder de vista aquel dicho popular de que “cada pueblo tiene el gobierno que se merece”. Esa máxima vale en el caso de la escogencia de presidente. En el caso de la escogencia de los diputados, ese es un asunto que se “cocina” entre bastidores en cada partido político. En algunos casos es la imposición del candidato presidencial que busca gente que actúe como su escudero en el Congreso. No importa si la estrechez de miras es su credencial.

El partido también escoge a dedo a los candidatos encargados de velar por determinados intereses incluyendo los del partido. Son como una especie de guardianes del establecimiento.

En otros casos es “don dinero” el que se encarga de convertir al gamonal del pueblo o a uno de sus hijos en diputado de la República. Seamos transparentes: en nuestro país las diputaciones se compran.

Sin la menor duda el ciudadano que en las urnas convierte a un candidato en presidente o diputado debe ser muy consciente a la hora de escoger. Primero infórmese de los antecedentes del candidato, asimismo valore su inteligencia e integridad moral.

En lo personal me llama la atención el nepotismo legislativo. Tal fenómeno ocurre cuando un diputado releva de su curul a un familiar suyo, como puede ser el padre, la hija, la esposa, etc. También resulta chocante, de muy mal gusto, que un diputado nombre como asesor suyo a un familiar, como pueden ser el hermano, la esposa o su mamá. Sin la menor duda esa es una costumbre reñida con la ética. La condición de diputado no implica el divorcio de tener clase, señorío.

Por nuestra parte, todos los ciudadanos estamos en la obligación -hasta por conveniencia- de contribuir en el mejoramiento de la imagen del Congreso. Los primeros en agradecerlo serán los mismos diputados que a lo largo de los años se han preparado para alcanzar una curul. Gente seria, preparada, culta.

Distinto es llegar al congreso por el pobrecito, por vestirse como campesino, tan solo por la condición de mujer (paridad de género) o porque es un individuo muy popular allá en su pueblo. Nada que ver. No me imagino a la ex canciller alemana, Ángela Merkel, exigiendo un puesto tan solo por su condición femenina. Los puestos se ganan con esfuerzo y talento.

Ese no es un asunto de anatomía.

De esa manera evitaremos que en la Asamblea Legislativa suceda lo que ha ocurrido en diversos países de América Latina y Estados Unidos donde algunos animales fueron propuestos y ganaron un escaño en municipalidades, alcaldías y hasta en el congreso estatal.

Los casos más célebres ocurrieron en Brasil donde un rinoceronte, un mono y hasta un burro fueron escogidos para puestos de elección popular…

Ciertamente, el mundo de la política no es un zoológico. Pero muchos animales han sido electos como diputados, alcaldes o regidores.

En nuestro país tenemos las personas idóneas para encontrar la excelencia o al menos a los mejores. Cerrémosle la puerta a los mediocres.

Periodista


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