No hay tiempo que perder contra la mutilación genital femenina

Por Will Higginbotham y Tharanga Yakupitiyage

La mutilación genital femenina es un tema tabú en muchas culturas. Crédito: Travis Lupick/IPS

La mutilación genital femenina es un tema tabú en muchas culturas. Crédito: Travis Lupick/IPS

NACIONES UNIDAS, 9 feb 2018 (IPS) – Más de 200 millones de mujeres sufrieron algún tipo de mutilación genital y todavía hay muchas más en peligro de padecer la práctica que pone en riesgo no solo a la persona afectada sino a comunidades enteras.

La prevalencia disminuyó en el mundo, pero nuevos datos del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) prevén que cualquier avance logrado podría desaparecer porque hay 68 millones de niñas en peligro de sufrir mutilación genital en 2030.

Los datos se conocieron en el marco del Día Internacional de la Tolerancia Cero contra la Mutilación Genital Femenina (MGF), conmemorado el 6 de febrero.

“Los nuevos datos significan que la práctica amenaza la vida y el bienestar de más mujeres y niñas de las que se pensaba al principio”, dijo a IPS la coordinadora del Programa Conjunto UNFPA-Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) sobre la MGF, Nafissatou Diop.

“Tu y yo y la vecina pueden verse afectadas”, indicó.

La MGF, a veces llamada circuncisión o corte, suele practicarse por motivos religiosos, personales, culturales y dentro de los rituales de iniciación de las adolescentes a la vida adulta.

Según el UNPFA, la mayoría de los casos afectan a niñas pequeñas y hasta los 15 años.

El aumento de casos “en riesgo de sufrir la MGF” se debe, en parte, al crecimiento de la población en países donde es una práctica común, principalmente el norte y oeste de África, Medio Oriente y algunas zonas de Asia.

Solo en Egipto, más de 90 por ciento de las mujeres fueron mutiladas.

Tanto Unicef como UNFPA denunciaron la MGF por considerarla una “violación de los derechos humanos” y una “práctica cruel” que inflige un daño emocional y afecta a las personas más vulnerables de la sociedad.

“Es inadmisible que 68 millones de niñas se agreguen a las 200 millones de mujeres y niñas que ya soportaron la MGF”, subrayó.

Daño que cambia la vida

La MGF puede dejar traumas de por vida, como problemas urinarios y vaginales, mayor riesgo de complicaciones durante el parto y trastornos psicológicos como depresión, ansiedad, estrés postraumático y baja autoestima.

La directora ejecutiva de la división de derechos de las mujeres de Human Rights Watch, con sede en Nueva York, Liesl Gerntholtz, dijo a IPS que era “inaceptable” que hubiera 68 millones de casos.

“Es una violación de los derechos humanos fundamentales que puede arruinar la vida vida de las niñas”, alertó. “Es común que no puedan opinar, en la infancia ¿qué pueden decir?”, acotó.

“No trae beneficios para la salud de las mujeres cortadas, y tiende a verse en esas sociedades que no tienen igualdad de género. Es una práctica arraigada en la desigualdad de género”, remarcó Gerntholtz.

MGF expresión de desigualdad de género

Gerntholtz subrayó que para hacer frente a la mutilación genital femenina, la comunidad internacional debe atender no solo la práctica misma, sino la cuestión más general de la arraigada desigualdad de género.

“Como comunidad internacional, podemos luchar contra la MGF no solo apoyando iniciativas específicas vinculadas a ella, sino también mirando de forma holística la desigualdad de género en esas regiones e invirtiendo en programas que apoyen los derechos y la educación de las niñas; y la educación de la comunidad, también es clave”, explicó.

Por su parte, la directora ejecutiva de UNFPA, Natalia Kanem, coincidió, y recordó que el mundo ya sabe qué hacer para afrontar el problema.

“Sabemos qué funciona, inversiones dirigidas destinadas a cambiar normas sociales, prácticas y vidas”, precisó.

“Cuando se hace frente a las normas sociales de pueblo en pueblo, cuando hay acceso a la salud, a la educación y a servicios legales, cuando las niñas y las mujeres están protegidas y empoderadas para alzar su voz”, añadió.

El cambio viene particularmente del ámbito comunitario.

Latifatou Compaoré, de 14 años, se volvió una luchadora contra la práctica tras conocer la experiencia que había sufrido su madre por la MGF.

“Me contó que una de las niñas a la que habían cortado el mismo día que a ella, habría sufrido problemas graves y murió de una hemorragia que nadie pudo parar”, relató en entrevista con el UNFPA.

“Cuando se convirtió en madre, se prometió a sí misma que si tenía niñas, nunca las cortaría; y cumplió con su palabra”, añadió.

En los países donde trabajan Unicef y el UNFPA, unas 18.000 comunidades rechazaron la práctica y muchos otros tomaron medidas legales para prohibirla.

Por ejemplo, después de que Kenia prohibió la MGF en 2016, el número de casos cayó de 32 a 21 por ciento.

Se necesita una acción acelerada

Pero no bastan las leyes ni los compromisos de palabra, observó el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, António Guterres.

“Sin una acción concertada y acelerada, vemos que otras 68 millones de niñas pueden sufrir esa práctica dañina”, alertó.

Diop también reclamó más esfuerzos para destinar fondos y recursos humanos a esta lucha.

La meta de frenar la MGF tiene un lugar destacado en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Su inclusión se consideró un reconocimiento de las vastas consecuencias que tiene la MGF, que van más allá del impacto individual e incluye un impacto social y económico para comunidades enteras.

“No se puede lograr el desarrollo sostenible sin el total respeto de los derechos humanos de mujeres y niñas”, reza la declaración de Guterres.

El secretario general pidió a los gobierno que aprueben y apliquen las leyes que protegen los derechos de niñas y mujeres y eviten la mutilación genital.

También anunció una nueva iniciativa de la ONU llamada “Iniciativa Spotlight”, que procura crear una fuerte asociación para poner fin a todas las formas de violencia contra mujeres y niñas.

“Cuando está en juego la dignidad, la salud y el bienestar de millones de niñas, no hay tiempo que perder”, remarcó. “Juntos podemos y debemos terminar con esta práctica perjudicial”, añadió Guterres.

Traducido por Verónica Firme


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