No convirtamos las fiestas en nuestro pasaporte a la muerte

El Sereno

Álvaro Campos Solís
campos.solis.alvaro@gmail.com

Alvaro Campos

Del comportamiento que cada uno de nosotros asuma durante las fiestas de Navidad y Año Nuevo depende de que tales actividades no se conviertan en nuestro pasaporte a la muerte Es la recomendación que repetidamente formulan los expertos en salud, tratando de evitar que las fiestas se conviertan en aglomeraciones y éstas en focos de contagio de la covid 19.
El desafío es quedarse en casa ante la pandemia.

Nadie está amenazando con el coco. Desde hace meses convivimos con la crisis. Solo que ésta se torna más severa cada día que pasa. Dicho con toda franqueza: tenemos que entender. Desde el pasado fin de semana, el Gerente Medico de la Caja, doctor Mario Ruiz, denunció que ya no había camas disponibles en las unidades de cuidados intensivos de los hospitales.

Los pacientes en estado crítico deben esperar a que las camas se vayan desocupando. Es decir, que los pacientes que las ocupan se recuperen o mueran. Mas dramático, imposible.

El periodista y comentarista mexicano, René Delgado, afirma que diciembre y enero pueden convertirse en los “meses negros” por lo que de nosotros depende que la muerte avance y debemos impedirlo, evitando la ruptura de la burbuja familiar. El cubre boca tendrá que seguir como un escapulario, reliquia que usaban nuestros abuelos colgada al pecho, o el tatuaje que exhibe la juventud de hoy.

Los expertos en salud insisten en que la pandemia está lejos de llegar a su fin. Por el contrario, ahora han surgido nuevos rebrotes en Europa, incluso una nueva cepa, que han obligado a los gobiernos a tomar medidas más extremas como el confinamiento obligatorio y el toque de queda. en Inglaterra están suspendidos los vuelos de llegada y salida. Allá el cielo está totalmente despejado de tránsito aéreo.

El hecho de que las grandes compañías farmacéuticas hayan creado la vacuna anti covid 19 no significa que el peligro este conjurado. Es cierto, la vacuna existe, pero la reciben con carácter prioritario las naciones ricas. Los países pobres tendrán que esperar a que las grandes industrias farmacéuticas satisfagan las necesidades de naciones grandes y con solvencia económica.

No debemos perder de vista que la creación de la vacuna es un negocio y jamás una actividad para poner en práctica el altruismo.

Sin embargo, la realidad se impone. Con un solo país, en cualquier lugar del mundo, que no logre controlar la pandemia, el resto de naciones no estará segura de nuevos rebrotes. Los expertos sostienen que la vacuna, para ser efectiva, debe alcanzar una cobertura del 70-80 por ciento a nivel mundial.

Por su parte, la vacuna contra la covid 19 puede significar la diferencia entre la salud y la enfermedad, entre la vida y la muerte. No obstante, tampoco está exenta de controversia. Tiene adversarios, defensores de la teoría de que el antídoto generaría autismo, homosexualidad o que serviría para la implantación de un sistema de control a través de microchips. Olvidan, a propósito, que gracias a la vacunación el mundo entero pudo controlar enfermedades como el sarampión, la polio, tosferina, paperas, etc. La evidencia le gana a los escépticos. A los negacionistas. A los majaderos.

En ese sentido ha habido gente tan inescrupulosa que valiéndose de su posición de líder religioso o por razones ideológicas le ha dicho a sus seguidores que la pandemia “es un invento”. Lo grave es que gente humilde, fanática por añadidura, ha creído esa versión.

Desde que la vacunación empezó a practicarse a finales del siglo XVIII, sus oponentes han mantenido que las vacunas no funcionan, que son o pueden ser peligrosas, que en su lugar debería hacerse énfasis en la higiene personal, o que las vacunaciones obligatorias violan derechos individuales o principios religiosos. Y esto ocurre en pleno siglo XXI.

Por más delirantes e incomprobables que puedan resultar este tipo de desinformaciones, lo cierto es que son muy peligrosas. Pese a que las vacunas salvan entre 2 y 3 millones de vidas cada año, todavía la quinta parte de niños en el mundo sigue sin recibir esos antídotos básicos.
Con ese panorama esperemos que en breve tiempo dejaremos de estar con los brazos cruzados, expuestos a la suerte de que nos toque la temida covid 19. En los primeros tres meses de año que pronto estrenaremos y luego de aceptar la inoculación de la vacuna habremos de iniciar el camino hacia la nueva realidad.

Para ganarle la batalla a esa pandemia tendremos que perderle el miedo y la desconfianza a la vacuna. Cosa muy difícil y para muchas personas que se aferran a su fe y prácticamente no creen en la ciencia.

Una oración al Altísimo o a la virgen de su preferencia -creen ellos- sustituye el efecto de un medicamento creado en tubos de laboratorio. Creen que la medicina pueda resultar peor que la enfermedad. Hay que tener fe, además de valorar los avances de la ciencia.

Esa manera de pensar podría cambiar cuando despidan a un miembro de su familia o a un ser querido que sube a una ambulancia, rumbo a la Unidad de Cuidados Intensivos de un hospital y la posibilidad de volverlo a ver con vida resulte remota.

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