Nicaragua: Ortega anuncia mortandad

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Matthias Schindler

Nicaragua: Ortega anuncia mortandad

El 30 de abril, Daniel Ortega pronunció un discurso que se transmitió en vivo en varios medios de comunicación nicaragüenses. Fue anunciado como discurso en ocasión del octavo aniversario de la muerte de Tomás Borge y del 1 de mayo de 2020. Ha habido muchas referencias a este discurso como insignificante, ya que no abordó la situación política general del país ni anunció medidas concretas contra la pandemia del COVID-19. Sin embargo, esta interpretación subestima dramáticamente el mensaje real del presidente. En realidad, Ortega anunció, a través de este extenso y detallado discurso, que su gobierno, de manera consciente y organizada, no tomará medidas especiales para combatir el coronavirus. Es el anuncio abierto de que Nicaragua, debido a esta política gubernamental, va a entrar en una catástrofe humanitaria impredecible en las próximas semanas y meses. El COVID-19 va a provocar significativamente más muertes en Nicaragua que la represión estatal y paramilitar ha causado después del 18 de abril de 2018. Los seguidores ciegos del régimen de Ortega-Murillo, quienes,bajo el pretexto de una lealtad completamente inadecuada,continúan apoyando y propagando la política criminal de esta pareja presidencial hacia la pandemia, son cómplices políticos de la tragedia que aparentemente está rodando imparablemente en Nicaragua.

Ortega pronunció su discurso, como de costumbre, en una sala de su casa-privada-partidaria-presidencial frente a mesas decoradas con flores y a 20 invitados selectos de su entorno más cercano. Habló sin manuscrito, solo tenía a mano unas pocas hojas con palabras claves y datos estadísticos. Sin embargo, lo sorprendente fue que habló aún más lentamente y con pausas aún más largas que en el pasado. Su discurso duró una hora y media, y aproximadamente la mitad de ese tiempo fueron sus pausas en el discurso. Sin embargo, sus oraciones fueron completas y claramente comprensibles. Al comienzo de su discurso, saludó a los trabajadores del mundo con una construcción que ni siquiera existe en español (“saludamos a todos los trabajadores del mundo y trabajadoras del munda”). Esta parte del discurso fue manipulada posteriormente para que ya no se pueda escuchar esta tontería gramatical. También fue notable que mencionó el 30 de abril de 2019 como la fecha del supuesto “intento del golpe de estado” contra su gobierno, mientras que en realidad fue el 18 de abril de 2018 cuando comenzaron las protestas masivas, que él ha calificado como “intento de golpe de estado” y que posteriormente aplastara brutalmente. Finalmente, fue impresionante que los 20 participantes elegidos que le rodeaban, durante todo el tiempo, estaban sentados en sus sillas como petrificados pilares de sal, mientras que la vicepresidenta Murillo constantemente estaba dando sus comentarios o palabras claves a su esposo.

Ortega comenzó dedicando más de media hora a los males del capitalismo y al pésimo papel de los Estados Unidos en el mundo. En tiempos anteriores, la gente dijo sobre Ortega: “Cuanto más antiimperialista su discurso, mayor la porquería que está preparando invisiblemente en el trasfondo”. En aquel entonces, generalmente se trataba de pactos secretos con la derecha, sobre asuntos de corrupción o del poder. Hoy en día, sin embargo, se trata de la salud y la vida de toda la gente de Nicaragua.

En el segundo bloque de su discurso, Ortega se refirió, durante 45 minutos, a la situación de salud en Nicaragua. Sin embargo, a excepción de algunos comentarios marginales relacionados con las normas “de las autoridades de salud” o las “normas internacionales”, no mencionó ni una sola medida específica del gobierno para combatir la pandemia ni una sola medida de prevención por parte de la población. Las palabras “máscaras faciales”, “distancia mínima” o “evitar aglomeraciones grandes” no aparecen en su discurso. En cambio, relativiza el peligro de esta pandemia y propaga la moderación en las medidas de protección. “Enfrentemos la epidemia como se enfrentan todas las epidemias”, dice Ortega, “sin caer en medidas extremas, radicales que matarían al país”. El mensaje de este “razonamiento” es: la pandemia es solo una nueva forma de una epidemia, como siempre las hemos tenido, por lo que no requiere ninguna medida especial o incluso “extrema”. Mientras tanto, lo contrario es cierto. El coronavirus, actualmente desenfrenado, es extremadamente contagioso; una gran parte de las transmisiones de la enfermedad tiene lugar antes de que el portador de la enfermedad sienta los primeros síntomas de la enfermedad en sí; una gran parte, hasta ahora no cuantificable, de los infectados tiene pocos o ningún síntoma, mientras que él o ella todavía puede transmitir la enfermedad a otras personas. Así las vías exactas de transmisión de esta infección son en gran parte desconocidas. Por lo tanto, solamente quedan pocas opciones de prevención disponibles: mantener individualmente la distancia mínima requerida entre las personas y usar máscaras faciales, evitar concentraciones de personas y tomar pruebas al máximo posible para detectar la enfermedad e interrumpir las cadenas de infección. Ninguna de estas medidas es cumplida por el gobierno de Ortega y ciertamente no las promueve.

Según Ortega, desde el primer caso de infección por el coronavirus oficialmente reconocido el 18 de marzo hasta el día de su discurso,14 personas han sido infectadas con el virus y 4 de ellas han muerto. Sin embargo, desde el 11 de marzo, el día en que la Organización Mundial de la Salud declaró al COVID-19 como pandemia, hasta el 30 de abril, hubo 2.829 muertes más, pero “nadie está haciendo la cuenta de los fallecidos de otras enfermedades”.Son 120 muertes de tránsito, 85 víctimas de violencia, 40 suicidios, 37 personas ahogadas, muertes por insuficiencia cardíaca, presión arterial alta, insuficiencia hepática, cáncer entre otros más. Actualmente solo se habla de los muertos del coronavirus, pero “no podemos ser insensibles al dolor que están sufriendo todas estas familias”. Al comparar “solo” 4 muertes por el coronavirus con 2,829 fallecidos por otras razones, se está minimizando el problema de la pandemia de COVID-19 de una manera completamente inadmisible. El mensaje de esta dudosa yuxtaposición es que Nicaragua tiene tantos otros problemas que no se debe exagerar la importancia del coronavirus. En esta comparación extremadamente sesgada, a la cual Ortega se dedicó durante 13 minutos, ignora el hecho de que, a diferencia de la mayoría de las otras muertes, el gobierno tiene una influencia significativa e inmediata sobre la propagación de la pandemia. También oculta el hecho de que la pandemia en Nicaragua todavía está en su fase inicial y que se va a expandir exponencialmente –es decir cada vez más rápido– en las próximas semanas y meses, mientras que las otras muertes son más o menos una parte constante la realidad social de Nicaragua.

Ortega señala que 162 personas han sido tratadas desde el primer caso oficial de coronavirus y que 971,433 familias en todo el país han sido visitadas casa por casa para proporcionar a un total de 3,336,096 personas las medidas de higiene necesarias. Aunque parecen exageradas, estas cifras tienen la intención de dar la impresión de que el gobierno y el FSLN están preparando a la población con gran energía para enfrentar la pandemia. Aquí también lo opuesto es cierto. Estas visitas fueron realizadas por grupos que no usaban máscaras y que no mantenían una distancia de seguridad entre ellos mismos ni con las personas que visitaban. Exactamente en los días en que hicieron estas visitas, varias instituciones gubernamentales convocaron grandes celebraciones y encuentros con motivo de las fiestas de la pascua, que tradicionalmente se celebran intensa y exuberantemente en Nicaragua. En lugar de dedicar la máxima energía para llamar la atención sobre la peculiaridad del peligro actual y tomar medidas de protección extraordinarias, el gobierno está difundiendo la ilusión de que tiene todo bajo control.

Para resaltar la calidad de la atención médica, Ortega señaló que se han realizado 2,454,522 consultas desde el 11 de marzo en Nicaragua, 408,230 tratamientos de emergencia y 2,046,251 visitas ambulantes en el mismo período. Durante 10 minutos, enumeró los más diversos servicios, tales como tratamientos de diálisis, quimioterapia, operaciones, etcétera que el sistema de salud pública ha brindado sin mencionar en absoluto la pandemia de corona. No hubo una sola palabra sobre el tratamiento de los enfermos de coronavirus y la preparación del sistema de salud para los próximos casos de COVID-19. Ortega intentó con ello, transmitir la imagen de que el sistema de salud nicaragüense es altamente eficiente y está bien preparado para el futuro. En realidad, hay cada vez más informaciones de que diversos hospitales ya están saturados, que faltan ventiladores, que las pruebas se están llevando a cabo de manera extremadamente restrictiva y que la propagación del coronavirus en Nicaragua ya está completamente fuera de control. Sin embargo, lo peor es que los trabajadores de salud –según Ortega son 37,659 personas– todavía tienen prohibido usar una máscara facial, supuestamente para no asustar a los pacientes. El gobierno castiga a aquellos, que están desinteresadamente comprometidos con la salud de sus compatriotas, con un riesgo elevado de apañar la enfermedad. Además, esto provoca, peligrosamente, que los propios centros de salud se conviertan en centros de propagación de Covid-19.

Además, Ortega mencionó frecuentemente que los trabajadores de salud no se fueron a casa, que los bomberos no se quedaron en casa … como que alguien hubiese llamado a los médicos y las enfermeras a quedarse en casa. Esta declaración es un intento demagógico de ridiculizar todas las medidas para reducir los contactos sociales entre las personas. De una forma u otra, los contactos sociales entre personas están regulados y reducidos en casi todos los países del mundo, porque esta es una medida esencial para frenar la propagación del virus y detenerlo si es posible.

Al final, sin embargo, Ortega pretende dar una noticia positiva: nacen más niños que mueren personas mayores. Según él, 14,571 bebés nacieron en el período mencionado aquí, una cantidad aproximadamente siete veces mayor que el número de personas que murieron. Exclama “¡Bendito sea Dios!”y sonríe, la única vez, a la cámara, satisfecho por haber encontrado una solución positiva a todos los problemas de los cuales había hablado. Si el gobierno no puede hacer mucho y no quiere hacer lo que podría hacer, entonces en la era de COVID-19, hay al menos esto: muchos niñas y niños nuevos y la confianza en Dios.

El discurso de Ortega fue diseñado por sus asesores, ciertamente bajo el liderazgo de su esposa y vicepresidenta Rosario Murillo, de acuerdo con las siguientes pautas:

  1. Jaleo antiimperialista y anticapitalista;
  2. Desprecio por todo el conocimiento científico sobre las peculiaridades de la pandemia COVID-19;
  3. No restringir concentraciones humanas para demostrar que todo está bien bajo el gobierno de Ortega-Murillo;
  4. Rechazo de la campaña a favor de quedarse en casa;
  5. Relativización del peligro particular del coronavirus, a través de la indicación de muchas más muertes a causa de otras enfermedades y problemas;
  6. Enumerar cuantidades de servicios de atención médica para distraer del hecho de que el sistema de salud no está preparado para enfrentar la pandemia;
  7. Felicitar a los trabajadores de la salud, para ocultar que el gobierno no toma en serio la implementación de ninguna de las medidas recomendadas internacionalmente;
  8. Ninguna información pública detallada sobre el estado de las infecciones,los tratamientos de los enfermos o las medidas del gobierno para luchar contra la pandemia;
  9. Entregar la buena noticia de que hay muchos más nacimientos de bebés que fallecimientos;
  10. En lugar de una acción gubernamental beligerante para combatir la pandemia, da el enfoque cristiano de “amor al prójimo” como la única esperanza que le queda al pueblo.

Los jefes de gobierno Bolsonaro (Brasil), Johnson (Reino Unido) y, sobre todo Trump (EE. UU.), minimizaron sistemáticamente los peligros de la pandemia cuando todavía tenían la oportunidad de frenarla significativamente. En estos países, COVID-19 continúa extendiéndose casi sin control hasta el día de hoy. El gobierno de los Ortega-Murillo ha decidido actuar todavía peor y convocar expresamente a numerosos encuentros públicos de masas.

En su discurso, Ortega declaró claramente al pueblo que su gobierno no tomará medidas “extremas” y realizará las actividades “normales” como siempre. La propagación incontrolada de la pandemia de COVID-19 en Nicaragua ya es un hecho establecido. Producirá miles de muertes,muchas más de las que hubo en víctimas de la represión gubernamental y paramilitar que ordenó en 2018. Ortega anunció al pueblo una mortandad, cuyas dimensiones serán, en gran parte, el resultado de la política irresponsable de su gobierno.

Cualquiera que pida que,debido a la pandemia,se suspenda la oposición política al régimen Ortega-Murillo, está proponiendo –en verdad–que se deje continuar gobernando tranquilamente exactamente al gobierno que está practicando la peor política de salud de todo el mundo respecto a la lucha contra el coronavirus.

Como observación final, debe tenerse en cuenta que la política del gobierno no ha cambiado oficialmente, perneo los últimos días se están produciendo pequeños cambios. Por ejemplo, a algunos empleados públicos ahora se les mandan a trabajar en home office, otros tienen que tomar vacaciones, se ha reducido las frecuencias de las clases en las escuelas y universidades y, en algunos casos, incluso se promueve una distancia mínima de 1,5 metros entre las personas. Sin embargo, estas medidas vienen demasiado tarde y de ninguna manera son suficientes para prevenir el desastre.

Espero firmemente que todo lo que he documentado y comentado aquí sea exagerado y, por lo tanto, no suceda. Pero dada la experiencia global de la pandemia de COVID-19, tengo el más pésimo temor de que esta esperanza no se haga realidad.

Matthias Schindler. Activista de la solidaridad con Nicaragua desde 1979, autor de Del triunfo sandinista a la insurrección democrática (1979-2109).

Enlace al discurso de Ortegas del 30 de abril de 2020


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