Moisés Hassan, de guerrillero a opositor del gobierno de Ortega

Por Virginia Negro

Moisés Hassan, de guerrillero a opositor del gobierno de Ortega

Imagen de Voice of America, captura de video

Uno de los protagonistas de la vanguardia de la revolución sandinista recorre la historia de Nicaragua, dibujando el retrato de un país cuyo futuro es aun incierto.

Hijo de otra diáspora: la palestina, Moisés Hassan, es un protagonista de la historia revolucionaria de Nicaragua. Doctor en Física por la Universidad de Carolina del Norte, volvió a Managua enseñando como profesor en la UNAN, se vinculó al Frente Sandinista (FSLN) y estuvo en pie de lucha contra el somocismo.

A la caída del dictador fue miembro de la junta de gobierno, ministro de la construcción y luego viceministro del interior.

“Fue entonces cuando puse mi renuncia al cargo y a mi militancia en el Frente Sandinista. Tras algunos meses, a la insistencia de Ortega acepté el cargo de alcalde de Managua: duré dos años y me retiré. Sentí mucha amargura desde un primero momento: años de lucha se desvanecían al influjo de turbios intereses personales y una generalizada corrupción. La revolución fue como un amor con el que sueñas por un largo tiempo, y una vez que conviven bajo el mismo techo te das cuenta que no era la persona que imaginabas”, nos confiesa durante la entrevista.

En febrero de 1990 Moisés fue candidato a la Presidencia contra Ortega y Chamorro, quien ganó esas elecciones. Moisés conoce muy bien Managua, así como los territorios históricamente sandinistas y rebeldes de Masaya, que ahora son el corazón pulsante de la revuelta contra lo que llama “el régimen”: “apartando las cosas formales, desde el punto de vista de la práctica, el Frente Sandinista desapareció lentamente como real partido entre 1990 y 1995, pasando a convertirse, desde luego sin abandonar el nombre, en la pandilla de Daniel Ortega. Cuando yo escribo o hablo trato de dejar muy clara la diferencia”, precisa.

“Durante la insurrección final contra Somoza participé como uno de los dirigentes del Frente Interno que se tomó la mitad oriental de Managua, para luego replegarse hacia Masaya y continuar conquistando los departamentos de Carazo, Rivas y Granada, con lo que la costa del Pacífico quedó en poder del Frente Sandinista. Desde los primeros momentos yo sentí que la cosa no se estaba encaminando bien y que los ideales que supuestamente nos proponíamos llevar a cabo estaban amenazados por una cantidad de oportunismo… Empecé a ver aprovechamientos desde un comienzo, vi gente que como aves de rapiña caían sobre las casas dejadas por el somocismo, apoderándose de residencias y haciendas. Vicios en total choque con lo que debía ser una revolución para el bienestar de la población.”

El antiguo alcalde de la capital nos cuenta de otro fenómeno preocupante: el de los tomatierras, que al principio era una expresión de la reforma agraria. Se quitaba la tierra a los latifundistas y se la repartía a grupos de campesinos organizados en cooperativas.

Moisés Hassan, de guerrillero a opositor del gobierno de Ortega

Captura de video Voice of America

“Ahora el fenómeno sigue, pero de forma completamente caótica. Con los tomatierras el gobierno mata dos pájaros de un tiro. El primer pájaro: los terratenientes que se alejan del gobierno son castigados. El segundo pájaro es tener contento a un grupo: el gobierno te facilita que te tomes la tierra”.

Esto el escenario al interior del país, mientras, durante los años de la guerra fría, en el panorama internacional Nicaragua se transformaba en un peón de la Unión Soviética: “así pues, comenzamos de repente a mandar armas a distintos lugares de guerrilla en centro y Sudamérica, como al M19 en Colombia… Se produjo malestar e inseguridad nacional en Washington y, con Carter inicialmente a la cabeza, y luego con Reagan, la actitud conciliadora hacia nosotros se terminó. Estábamos en la órbita de la Unión Soviética, con Cuba, por tanto en la mira de los Estados Unidos, e internamente existían muchos campesinos pobres, ofendidos e insatisfechos. Así que los Estados Unidos vieron en ellos un potencial ejército: entonces los organizan, financian, arman y entrenan. Se produjo la contrarrevolución, que efectivamente, cuando terminó, había derrotado militarmente al Frente Sandinista obligando a un Ortega, para entonces abandonado por Moscú, a adelantar las elecciones”, declara Moisés.

El nietzscheano eterno retorno parece encontrar su fundamento en el país centroamericano. Ahora la Organización de Estados Americanos OEA pide las elecciones anticipadas al mismo Ortega, quien se niega obstinadamente. La OEA aprobó una resolución en la que pide al Gobierno del presidente nicaragüense, Daniel Ortega, que acepte la propuesta que le hizo la Iglesia Católica de adelantar a marzo de 2019 las elecciones fijadas para 2021.

En el texto, la OEA reitera su “enérgica condena y su grave preocupación” por los actos de violencia perpetrados por policías y paramilitares en Nicaragua y exige el “desmantelamiento de los grupos parapoliciales”, que actúan con el consentimiento del Ejecutivo, según grupos humanitarios.

También la Iglesia, que en los últimos años había tenido un papel contradictorio, voluble, respecto al gobierno de Ortega, en los últimos meses ha denunciado la brutal represión que ha llevado alrededor de 400 muertos.

Cuando pregunto a Moisés Hassan cual fue el rol de la Iglesia en estos años me contesta subrayando las contradicciones internas “en tanto la encabezó Miguel Obando, y entre 1979 y 2002, por mucho predominó en la Iglesia el rechazo al Frente. Entre 1995 y 2002 el rechazó persistió, correctamente focalizado en la persona de Ortega. En 2002 Ortega mediante el chantaje sometió a Obando y lo convirtió en uno más de sus servidores. Pues Obando y un protegido suyo, un cierto Roberto Rivas, estaban involucrados en una cantidad de delitos. Con las pruebas en la mano Ortega tuvo al borde de la cárcel a Rivas, y Obando se entregó. Entre 2002 y cerca de 2007, Obando siguió siendo el hombre más poderoso de la Iglesia y la mantuvo al servicio de Ortega; cuando su poder empezó a decrecer la actitud de la Iglesia hacia Ortega fue paulatinamente cambiando. Probablemente alcanzó su independencia alrededor de 2012. A partir de ese año sus cuestionamientos al régimen se volvieron más abiertos y acerbos hasta llegar al nivel provocado por los acontecimientos ocurridos desde abril 18”. El celebre 18 de abril. Moisés nos da su lectura de las protestas que están cambiando la cara de su país.

Moisés Hassan, de guerrillero a opositor del gobierno de Ortega

Foto WikiCommons, dominio público

“A partir del 2006 Daniel Ortega se apoderó del poder absoluto. La Reforma al seguro social, saqueado por el régimen, y un incendio provocado por un irresponsable afán extractivista, fueron los detonantes de la cólera acumulada a lo largo de once años. Algunas semanas antes del 19 de abril estalló un incendio en una reserva forestal llamada Indio Maíz. Poca duda cabe que quienes lo provocaron, accidentalmente, son gente vinculada al gobierno que, violando la ley, explotan los recursos protegidos que en ella existen, empezando por la madera. Tratando de ocultar las causas y personas involucradas, el gobierno actuó con mucha negligencia en la lucha por extinguir el fuego. Incluso rechazó el apoyo que bomberos de Costa Rica llevaron muy cerca del lugar. El lugar ardió por varias semanas hasta que las fuertes lluvias que por fortuna ocurrieron, lo apagaron. Pero el comportamiento saqueador y poco transparente del gobierno, aunado a cierta conciencia ambientalista, especialmente entre jóvenes, despertó la indignación de muchas conciencias”.

Fue así que estalló todo. “La reacción del gobierno a las primeras protestas fue apelar al uso de la fuerza y matar con armas de guerra, a gente que no tenía como defenderse sino con piedras y rústicos artefactos de gasolina” sigue Moisés, “Hoy en Managua un ciudadano camina en la calle y puede desaparecer. Lo que está ocurriendo en Nicaragua es un genocidio, una cantidad de delitos de lesa humanidad. Se están aferrando al poder intentando buscar una mejor salida. Estoy convencido que ellos saben que se tienen que ir, pero quieren una salida con los mayores beneficios. Busca algo así como lo que encontró en 1990, como el gatopardo, cambiar todo para no cambiar nada; pues una cosa es dejar la presidencia, otra es dejar el poder”.

Ciudad de México – Redacción México

Vía Pressenza


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