México y AMLO

…¿Y usted qué opina?

Fernando Berrocal

Fernando Berrocal Soto

Desde siempre soy un enamorado de México, de sus pueblos coloniales, sus iglesias y conventos de provincia, su trascendental muralismo, la literatura y el ensayo mexicano, el sabio pensamiento de Octavio Paz y la historia gigantesca de la Revolución Mexicana, con Zapata y Villa, y, posteriormente, Lázaro Cárdenas y el histórico PRI, que luego se transformó en la “dictadura perfecta”, como lo llamó Vargas Llosa, y que después cedió el poder al PAN y finalmente a este líder controversial y reformista, en los límites del populismo, que se llama Andrés Manuel López Obrador a quien su pueblo denomina AMLO.

Contra AMLO hay en marcha una gigantesca campaña negativa, dentro y fuera de México, pero el 80 % de los mexicanos lo sigue apoyando y eso dice mucho.

No dudo que López Obrador es controversial, pero en los primeros seis meses de su gobierno ha hecho cosas asombrosas y simbólicas, en la dirección correcta de un cambio ético y político que se desearían muchos otros países.

No se fue a vivir al palacio de Los Pinos y se quedó viviendo en su apartamento. Clausuró la fastuosa Guardia Presidencial y es protegido por un equipo pequeño de seguridad. Vendió los lujosos aviones presidenciales y viaja en línea comercial. Llega todas las mañanas a las seis de la madrugada al Despacho Presidencial y, bien tempranito, hace una conferencia de prensa a la que invita a sus ministros y altos ejecutivos estatales y todos, sin excepción, rinden cuentas de sus decisiones gubernamentales y, hasta ahora, ha despedido a cualquiera que haga tráfico de influencias o se aparte de su línea estricta de principios éticos. Eso, en México, es toda una revolución moral.

Su última picardía política es un escándalo monumental, por cuanto reveló con pruebas que un sector conservador de la prensa y connotados periodistas recibían cuantiosas sumas de dinero y estaban sobornados y vendidos al enorme poder político del PRI, como antes estuvieron al servicio del PAN.

Recientemente, y con visión geopolítica, AMLO propuso a Washington, para mitigar la inmigración, un plan de desarrollo, inversiones y cooperación no militar para Guatemala, Honduras y El Salvador, preparado por la Cepal.

En respuesta, la Casa Blanca amenazó con establecer impuestos entre el 5 y el 25% a los productos mexicanos. La respuesta de AMLO fue inteligente, prudente y firme, tanto que se llegó a un acuerdo con los Estados Unidos.

Así y como un torero de casta, lidia todos los días con los halcones del norte, sin renunciar a la dignidad y el honor de su investidura y la propia de México.

La pregunta es: ¿Populismo o una nueva y valiente forma ética de gobernar?

La inmigración centroamericana, mientras exista pobreza, desesperanza, falta de oportunidades y trabajo, no se va a terminar. La única solución es el desarrollo integral de Centroamérica y su integración económica progresiva, más allá del Tratado de Libre Comercio, al poderoso mercado de Canadá, México y los Estados Unidos. De eso están claros en México y en Canadá.

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