Memoria espinosa: los hogares natales de los dictadores

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Por Matthias Röder, Ulf Mauder y Petra Kaminsky (dpa)

Memoria espinosa: los hogares natales de los dictadores
Botellas con imágenes de Mussolini, Marx, Stalin y Hitler. Foto: Annette Reuther/dpa

Stalin, Mussolini y Hitler nacieron a finales del siglo XIX, los tres en un plazo de diez años. En sus pueblos natales, los hogares de los tres dictadores se mantienen en pie. Los recuerdos de su infancia, sus posteriores tiranías y la Segunda Guerra Mundial están presentes de distinta forma en Braunau, Gori y Predappio, aunque también tienen similitudes.

Braunau, Austria:

El bloque de granito en la acera tiene historia. La piedra, que pesa toneladas y está frente a la casa natal del dictador Adolf Hitler (1889-1945) en la localidad austríaca de Branau am Inn, proviene de la cantera del antiguo campo de concentración de Mauthausen, al este de Linz. La dictadura nazi asesinó allí a cerca de 100.000 personas. Como recordatorio, lleva escrito en mayúsculas: “Por la paz, la libertad y la democracia. Nunca más fascismo. Millones de muertos lo advierten”.

La colocación de la piedra en 1989 fue una señal de los 16.000 habitantes de la ciudad ubicada en la frontera germano-austríaca en contra de lo que significó Hitler. La casa de tres pisos, hoy bastante deteriorada, siempre atrajo a neonazis. Pero recientemente se rechazó la recomendación de una comisión de expertos de añadir a la frase una referencia a la corresponsabilidad de Austria en las atrocidades perpetradas por los nazis.

“La inscripción debe permanecer pero no debe ser ampliada”, fue la decisión unánime de un equipo de trabajo de la alcaldía. “Me parece realmente intolerable”, cuestiona el historiador vienés Oliver Rathkolb como miembro de la comisión de expertos. Rathkolb considera importante dar una otra señal sobre la complicidad, ya que Austria tuvo reticencia en tratar este asunto durante décadas.

La opinión de que, cuando se unió a la Alemania nazi en 1938, el país fue víctima y no cómplice, fue reformulada mucho más tarde, en los años 90. El historiador sostiene que, si bien la doctrina acerca de que Austria fue víctima ya no es usada en el ámbito oficial, aún muchas personas siguen relativizando el papel que tuvo en el nazismo.

El debate por la piedra recordatoria pertenece al último capítulo de la disputa sobre el uso futuro de la casa natal de Hitler. Mediante una remodelación se espera evitar que continúe siendo la meta del peregrinaje neonazi. El proyecto desató una extensa disputa legal entre el Estado y la propietaria. En 2017 la vivienda fue expropiada por ley.

Se planea que la fachada, modificada durante la época del nacionalsocialismo, recupere su aspecto histórico. Después de que la vivienda permaneciera vacía durante años, el Ministerio del Interior anunció que será ocupada por el comando de distrito de la Policía y la Inspección de Policía de Braunau. Además, los oficiales recibirán allí formación sobre el tema de los derechos básicos y los derechos humanos.

Monika Sommer, directora de la Casa de la Historia de Austria, condena la forma en que muchos austríacos se enfrentan al pasado reciente. “Todavía hay un malestar”, sostiene. A diferencia de Alemania, en Austria son poco frecuentes los proyectos e iniciativas para esclarecer la era nazi.

Gori, Georgia:

Bajo un pabellón de piedra, protegida del viento y la intemperie, se encuentra la casa natal de Josef Stalin en la pequeña ciudad de Gori, en Georgia. Nacido como Josef Dzhugashvili el 21 de diciembre de 1879, llegó al mundo en una construcción similar a un bungalow cerca de la plaza central.

Vivió sólo cuatro años allí, como aprenden los turistas durante las guías turísticas por el lugar.

Justo detrás de la pequeña casa se levantó un monumental palacio en estilo “gótico a la Stalin”, con grandes arcadas. La construcción refleja el clasicismo soviético y fue levantada en los años 50 en la calle Prospekt Stalina. Cuenta con un museo donde se exhiben objetos personales, muebles, objetos devocionales y una copia de la máscara mortuoria del dictador soviético.

“Poseemos una colección de 43.000 objetos, pero sólo podemos exhibir cerca de un tercio, por eso cambiamos a menudo las exposiciones”, explica Olga Toptshishvili, de la fundación del museo. El lugar fue visitado el año pasado por 173.000 personas, en su mayoría turistas extranjeros, rusos en primer lugar, también muchos iraníes y alemanes.

Hasta 2010 se erigía en la plaza central de la ciudad una estatua de Stalin de seis metros de altura que fue inaugurada en vida del dictador. Pero el entonces presidente Mijail Saakashvili la hizo retirar.

A casi 70 años de su muerte, en 1953, Stalin sigue siendo un tema controvertido no sólo en su país natal, Georgia, donde también hay personas que se enorgullecen de que uno de ellos se haya convertido en el hombre más poderoso de una gran potencia nuclear.

Después de todo, Stalin tuvo una influencia duradera en el imperio soviético comunista. Sus admiradores lo ven como el comandante en jefe del Ejército Rojo, que derrotó a Hitler y ayudó a liberar a Europa del fascismo. También lo valoran por el proceso de industrialización que impulsó.

Sus partidarios no quieren sin embargo escuchar que sobre Stalin pesan millones de muertos por su persecución a judíos y disidentes, o que dejó que los presos fueran explotados hasta morir en los “gulag”, los campos de trabajo forzado.

Su retrato es omnipresente durante las celebraciones de la victoria de la Segunda Guerra Mundial y en las manifestaciones comunistas. Los historiadores y encuestadores están sin embargo preocupados porque su imagen se ha ido diluyendo.

También hubo intentos en Gori de poner freno a la mitologización de Stalin. Se planificó asimismo armar un museo sobre la agresión rusa, pero la idea fracasó porque, entre otra razones, con los recuerdos de Stalin Georgia atrae muchos más turistas.

Predappio, Italia:

El ayuntamiento de Predappio sobresale frente a la plaza principal. En esta zona de colinas entre Rímini y Bologna se produce vino, a fines del verano se llena de campos con girasoles. Sentado en una habitación con muebles de madera oscura, el alcalde Roberto Canali habla sobre Benito Mussolini. El dictador y líder del Partido Nacional Fascista pasó parte de su infancia en esta pequeña ciudad de Italia.

“Su madre era maestra, vivía aquí en la escuela y le dio clases”, señala el político de 56 años.

El alcalde sabe que su ciudad de casi 6.000 habitantes es un lugar de encuentro de los neofascistas.

Decenas de miles peregrinan hasta la cripta del dictador en el cementerio que está en las afueras. En 1945, ya fuera del poder y cuando huía, Mussolini fue ultimado por los partisanos. Algunos de los visitantes son turistas curiosos, otros se dejan fotografiar con uniforme y en pose marcial.

Esos comportamientos desagradan al alcalde, pero señala que “en su mayoría se trata de nostálgicos y fantasiosos”.

“En Italia la relación con el fascismo es diferente a la de Alemania. El nombre de Mussolini, pero también los símbolos y los gestos típicos, no tienen una connotación tan negativa desde hace mucho tiempo”, señala Tobias Mörschel, que dirige la oficina de Italia de la fundación alemana Friedrich Ebert.

La casa natal del hombre al que muchos llaman simplemente el “Duce” se encuentra a diez minutos a pie desde el ayuntamiento. Nació en aquella vivienda, construida con grandes piedras calizas, en 1883. El lugar alberga hoy un pequeño museo para exhibiciones.

Este verano boreal presentó una muestra sobre el colonialismo italiano en África Oriental, “que incluyó los aspectos críticos”, según señala un hombre mayor en el lugar, poco visitado.

Durante años hubo varios planes de armar en el ex cuartel central local del partido de Mussolini el primer museo de Italia sobre el fascismo. Pero luego de que el derechista Canali sucediera a una larga serie de alcaldes de izquierda en 2019, ya no parece que el proyecto vaya a ser implementado.

Canali quiere cambiar la imagen de la ciudad y, por ejemplo, hizo imprimir un calendario de arquitectura para 2020. Mussolini hizo que en los años 1920 el lugar fuera rediseñado con edificios monumentales. “Queremos ser más conocidos para difundir nuestro vino, Sangiovese di Predappio”, señala el alcalde.

Pero no encaja en absoluto que varias tiendas ofrezcan un gran número de artículos de devoción al dictador: bustos, medallas, copas con esvásticas. El “Mein Kampf” de Hitler también está en los estantes, al igual que fotos de Mussolini con el brazo derecho levantado. El ayuntamiento permite que los comercios funcionen así.

El historiador Carlo Gentile afirma que “el manejo de Italia con el legado del fascismo posee elementos de folclore, trivialización y susceptibilidad a las tendencias ultraderechistas”.

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dpa


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