Melodías inmigrantes se mezclan en las calles de Roma

Por Maged Srour

Melodías inmigrantes se mezclan en las calles de Roma

Colosseo band es una banda de músicos callejeros inmigrantes que actúa en Roma desde hace años. Crédito: Maged Srour/IPS

ROMA, 5 jun 2018 (IPS) – En los últimos años, la capital de Italia es el escenario de un creciente número de músicos callejeros, y en especial de aquellos que hacen música tradicional. No es necesario andar mucho para escuchar una alegre banda en Piazza Navona.

Hay un grupo que se llama Colosseo Band, pero son todos de Europa oriental. Contrabajo, violines, guitarras y xilófono, una combinación única que genera sonidos agradables que invitan a los espectadores a bailar en la misma plaza.

“La gente solía creer que la música tradicional de la clase trabajadora no tenía lugar en las ciudades y que se relacionaba más con áreas rurales”, señaló Alessandro Portelli, un historiador, quien junto con la musicóloga, Sara Modigliani, creó el proyecto “Roma Forestiera” (Roma Extranjera).

“Hace unos años, los romanos que circulaban por la ciudad comenzaron a ver músicos en casi todas las esquinas y se dieron cuenta de que esos músicos no eran italianos, sino nigerianos, rumanos y senegaleses. La gente se dio cuenta de que la música volvió a las calles de Roma, y que quienes la trajeron eran extranjeros”, explicó.

El proyecto Roma Forestiera es una iniciativa creada por Circolo Gianni Bosio en 2010 y es la única de muchas instancias similares que busca reunir inmigrantes e italianos a través de la música.

La asociación busca estudiar y difundir la música de los inmigrantes en Roma y el resto de Italia.

Los fundadores del proyecto, Portelli and Modigliani, hicieron una recorrida por las calles, las mezquitas y las escuelas de Roma y quedaron maravillados con la variedad musical que encontraron de artistas procedentes de Bangladesh, Senegal, Ecuador y Kurdistán.

En la actualidad, presumen del mayor archivo de audio de la música de inmigrantes en Europa.

Gracias a esa iniciativa, la asociación también pudo promover la creación de un coro multiétnico, Romolo Balzani.

Esta última, promovida por la escuela Iqbal Masih, de Roma, reúne una vez por semana a cantantes adultos y menores en el barrio de Torpignattara, uno de los puntos más multiculturales de la capital italiana.

La dirección del coro, formado por Sara Modigliani, está a cargo de dos mujeres, Roxana Ene, de Rumania, y Sushmita Sultana, de Bangladesh.

Dos músicos callejeros inmigranters tocan en la famosa plaza Piazza Navona, en Rome. Crédito: Maged Srour/IPS.
Dos músicos callejeros inmigranters tocan en la famosa plaza Piazza Navona, en Rome. Crédito: Maged Srour/IPS.

Y a pocos kilómetros de allí, en pleno barrio de Esquilino, conocido por su gran número de inmigrantes, hay otra mezcla de gran diversidad. La asociación Apollo 11 creó en 2002 la Orquesta Orchestra di Piazza Vittorio (OPV).

En un barrio en el que los italianos son definitivamente minoría, dos de ellos, Mario Tronco y Agostino Ferrente, imaginaron y crearon la orquesta. La OPV reúne músicos de 10 países diferentes que hablan nueve lenguas distintas. Juntos transforman sus raíces tradicionales para crear una lengua musical única.

La orquesta se convirtió este último año en el mejor ejemplo de integración positiva de inmigrantes en Roma. Mediante un sistema autogestionado de impuestos autorregulados llevado adelante por algunos ciudadanos, la OPV pudo crear puestos de trabajo y los consiguientes necesarios permisos de residencias para músicos talentosos de todo el mundo.

“La música es un mundo en sí mismo, es una lengua que todos comprendemos”, dijo una vez el cantante estadounidense Stevie Wonder.

Entre las muchas expresiones artísticas, la música siempre se caracterizó por contaminaciones y préstamos entre diferentes pueblos: siempre representó uno de los muchos vehículos para la integración entre diferentes culturas.

Sin duda, el lenguaje musical es universal. Todo el mundo puede comprender sin importar de qué ciudad, país o cultura proceda.

Pero al mismo tiempo, la música es un estandarte de la identidad de un país. Por ello, no debe sorprender que los griegos se sientan tan orgullosos de su música tradicional o que a los egipcios les guste tanto escuchar sus alegres melodías en los microbuses y taxis.

Ese es el valor real de la música, que contiene al mismo tiempo individualismo y colectivismo. Tiene esa forma e identidad únicas y su propio papel en nuestras sociedades.

La música representa una experiencia individual distinta de una persona a otra.

Por otro lado, la música también es una experiencia colectiva porque los oídos de las personas la disfrutan de manera diferente: las melodías unen a las personas en conciertos y celebraciones o en la esquina de una calle mientras escuchan a un músico callejero.

Por último, la música puede ser una herramienta para la meditación individual o reunir a la gente, como las diferentes caras de una misma moneda.

Traducción: Verónica Firme


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