Marx # Me Too. Repensar el progreso

Dimitris Fasfalis

Marx # Me Too. Repensar el progreso

¿Cómo pensar el progreso hoy cuando el crecimiento económico, la innovación tecnológica y las ideologías políticas “progresistas” han llevado a las catástrofes del siglo XX y a la impresión difusa de un fin de los tiempos cercanos? Una vuelta a los Manuscritos parisinos que cuestionan la condición de las mujeres.

En los Manuscritos parisinos (1844), Marx escribe este párrafo que ilumina la condición de las mujeres en la larga etapa de las sociedades humanas:

En la relación con la mujer, presa y servidora de la lujuria comunitaria, se expresa la infinita degradación del hombre respecto a sí mismo; pues el secreto de tal relación encuentra su manifestación inequívoca, decisiva, evidente, revelada, en la relación del hombre con la mujer, y en la forma como se concibe la relación directa y natural entre sexos. La relación inmediata, natural, necesaria del hombre con el hombre es la relación del hombre con la mujer. En la relación natural entre sexos, la relación del hombre con la naturaleza es inmediatamente su relación con el hombre; por lo tanto esta es su relación inmediata con la naturaleza, su propia vocación natural. Es la manifestación sensible, la demostración concreta del grado de hasta donde la esencia humana ha llegado a ser naturaleza, o esta la esencia de aquella. Permite juzgar la plenitud del desarrollo humano. Del carácter de esta relación, se puede deducir hasta que punto el hombre se ha convertido autónomamente en un ser humano genérico y consciente de ser tal. La relación del hombre y la mujer es la relación más natural de humano a humano; ahí es donde se aprende en que medida el comportamiento natural del hombre se ha convertido en humano, o en que medida la esencia humana se ha convertido en esencia natural, en que medida su naturaleza humana se ha hecho naturaleza.

Marx hace así de las relaciones hombre/mujer un patrón de medida del “desarrollo humano”; es decir, del progreso de la humanidad. Retoma con ello las intuiciones desarrolladas por Charles Fourier, pensador “socialista utópico” de principios del siglo XIX, aunque tratando de reflexionar sobre la condición de las mujeres en una historia total, mezclando filosofía, economía política y comunismo.

Después de las desilusiones del progreso consecuencia del “corto siglo XX”, es preciso comprobar hoy que el concepto de progreso en nuestro marco de historicidad está claramente puesto en entredicho. El presente parece eterno. Las promesas del progreso material del crecimiento aparecen hoy como un fantasma productivista de los “treinta gloriosos” con costes sociales y ambientales ocultados sin tregua por la ideología dominante. Este fantasma productivista que establece una correlación entre progreso material y progreso cultural o político también se encuentra en los planes quinquenales de la planificación soviética, y tanto en Walt Rostow como en los manuales soviéticos de economía dirigidos a los planificadores.

Del mismo modo, la idea de un progreso de la humanidad hecho posible mediante reformas políticas, también está puesta en duda a partir del siglo XX. Esto parece cierto, tanto para las reformas “por arriba”, como “por abajo”. Las leyes pueden establecer normas que emancipen y hagan avanzar las relaciones sociales hacia más libertad y autonomía; pero, lo que comprobamos en este inicio del siglo XXI es que las regresiones en diversos aspectos culturales, societarios o sociales, se multiplican, sobre todo en lo referente a la condición de las mujeres.

L’Humanité informaba en su edición del jueves 3 de octubre: “Desde comienzos de año, 113 mujeres han sido asesinadas por sus cónyuges, según el último dato del colectivo Feminicidios por un compañero o ex.” En el mismo artículo, Céline Piques de la asociación Atrévete, el feminismo habla de “225.000 víctimas de violencia cada año”.

Frente a la dialéctica de la “infinita degradación del hombre respecto a sí mismo” en el propio seno de la civilización moderna, Marx nos permite pensar en la condición de las mujeres como un espejo revelador de los males de la modernidad, en cuestiones dejadas en suspenso y que exigen una solución práctica en el impulso hacia una emancipación universal. En consecuencia propone partir de los rasgos de las relaciones hombre/mujer, para concluir hasta que punto el hombre se ha convertido para sí mismo en un ser genérico, humano y consciente del ser en que se ha convertido.

Esto hace que las luchas por los derechos de las mujeres no sean un terreno secundario de la lucha de clases, como implicaba lo que decía la tradición ortodoxa del marxismo, pretendiendo que el terreno principal era el que oponía a patronos y obreros, como el fundamental de la lucha por la emancipación universal. Todos estos asuntos se destacan hoy por las movilizaciones nacidas del rechazo de la violencia y las agresiones sexistas.

Dimitris Fasfalis Profesor de instituto de Historia y Geografia en París sur y colaboradr de varios medios de prensa de izquierda en francés e inglés, entre ellas Contretemps.
Fuente:
https://blogs.mediapart.fr/edition/fragments-de-marx/article/051019/marx-metoo-repenser-le-progres
Traducción:Ramón Sánchez Tabarés
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