¿Lucha por DDHH y justicia racial anula el riesgo del coronavirus?

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Por Thalif Deen

Una de las protestas ante la Casa Blanca, en Washington, por la brutal muerte del afroestadounidense George Floyd, con los manifestantes sin guardar las normas de distanciamiento establecidas por las autoridades. Foto: Geoff Livingston/Flickr

NACIONES UNIDAS, 2 jun 2020 (IPS) – La letal pandemia de coronavirus, que se ha cobrado la vida de más de 372 000 personas en todo el mundo, ha reforzado el concepto de distanciamiento físico que prohíbe cualquier reunión de más de 10 o 20 personas, ya sea en un encuentro en grupo, una boda, un mitin político o incluso un funeral.

En Estados Unidos, las pautas establecidas por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades son muy claras: «limite el contacto cara a cara, manténgase al menos a unos dos metros de otras personas. No se reúna en grupos, manténgase alejado de lugares concurridos y evite las reuniones masivas».

Pero todas esas advertencias fueron olvidadas sin ceremonias a medida que cientos y miles de manifestantes han salido a las calles a protestar en muchas ciudades, incluidas de Hong Kong, Argentina, Líbano, Brasil, Israel, Ucrania e India, y más recientemente de Estados Unidos y Gran Bretaña.

Solo en los Estados Unidos, donde las muertes por coronavirus superaban este martes 2 las 105 000 y los contagiados registrados eran más de 1,8 millones, los manifestantes en ciudades desgarradas por disturbios en 31 estados han desafiado abiertamente las normas de expertos sanitarios y de autoridades de municipios y estados, incluso después de establecerse el toque de queda en parte de ellas.

La actitud desafiante en las calles ha desencadenado la pregunta: ¿la lucha por los derechos humanos y la justicia racial anula las amenazas de coronavirus?¿Eso es así incluso cuando miles han participado en manifestaciones que violan las órdenes de quedarse en casa y avivan los temores de un fuerte aumento de las infecciones que ponen en peligro los esfuerzos de control del virus?

La alcaldesa de la ciudad de Atlanta, Keisha Lance Bottoms, dijo: «Si estuviste protestando anoche, probablemente debas hacerte una prueba de covid esta semana. Todavía hay una pandemia en Estados Unidos que está matando a negros y mulatos en números más altos”.

Irónicamente, algunos de los manifestantes que incendiaron vehículos policiales, estaciones de servicio, oficinas de correos, bancos e históricos edificios en diferentes puntos del país participaron en las protestas con mascarillas para evitar infecciones. Pero la mayoría de ellos asistieron sin protección.

Un nuevo estudio realizado por la británica Universidad de Manchester, publicado la última semana de mayo, descubrió que las personas aún están dispuestas a participar en protestas masivas, a pesar de los peligros de contagio con el coronavirus que ha provocado la pandemia de covid-19.

«Mi sensación es que, al igual que en Estados Unidos, Israel, Hong Kong, Brasil y otros lugares, grandes grupos de personas continuarán protestando incluso si pueden afrontar una infección. Creo que toda la evidencia apunta a más, no menos protestas», dijo a IPS la investigadora principal del estudio, Olga Onuch.

Sobre si los manifestantes arriesgan sus vidas a favor de los derechos humanos y la eliminación de la discriminación e injusticia racial, Onuch dijo: «No soy epidemióloga, pero lo entendería, especialmente dado el nivel de infecciones por covid-19, esperaría que el riesgo de contraer la enfermedad durante reuniones masivas como protestas, fuse muy alto”.

En consecuencia, «sí, creo que están arriesgando sus vidas al participar en las protestas», afirmó la también profesora asociada (principal) de Política de la Universidad de Manchester y miembro asociado en Política en la Universidad de Oxford.

«Pero es mi hipótesis que la paciencia de las personas es menor como resultado de las presiones de confinamiento, y por lo tanto, las personas son más propensas a comprometerse cuando ven una clara violación de los derechos básicos», dijo Onuch.

El estudio determinó que en Argentina, donde se han escenificado manifestaciones masivas desde el final de la última dictadura, en 1983, la disposición para protestar es tradicionalmente muy alta.

Pero incluso para los estándares argentinos, los investigadores se sorprendieron al descubrir que 45 por ciento de las personas aún estaban felices de protestar a pesar de la cuarentena en el país y las crecientes tasas de contagios.

Norman Solomon, director ejecutivo del Instituto para la Precisión Pública, con sede en Washington, dijo a IPS que algunas personas ignoran las pautas de protección mediante el distanciamiento físico mientras se divierten en playas o se reúnen en bares y otros lugares.

«Otras personas ignoran esas normas mientras protestan sin violencia contra la injusticia. Ciertamente diría que esos manifestantes son bastante admirables en comparación con aquellos que violan las pautas simplemente para divertirse», argumentó.

Pero añadió que “dicho esto, las normas existen por razones válidas y deben respetarse siempre que sea posible; los riesgos ponen en peligro no solo a quienes eligen ignorarlas, sino también a aquellos que están expuestos debido a las decisiones desafortunadas de los demás».

En Estados Unidos, las protestas por el homicidio del joven afroestadounidense George Floyd, en una brutal acción policial, se prolongan ya por más de una semana, de día y de noche, y han llegado a las puertas de la Casa Blanca.

El diario The New York Times aseguró el lunes 1 que el país afronta dos plagas paralelas que lo asolan: el coronavirus s y los asesinatos policiales de hombres y mujeres negros.

La mecha de las protestas, la mayoría pacíficas pero otras degeneradas en disturbios, saqueos y quema de vehículos, locales comerciales e incluso edificios, fue la muerte de un desarmado Floyd por un oficial de policía blanco en la ciudad de Minneapolis, tras ser detenido tras acabar de pagar, presuntamente, con un billete falso de 20 dólares en una cafetería.

La grabación en video de cómo fue axfisiado hasta su muerte por el agente Derek Chauvin, que mantuvo clavada su rodilla en el cuello, con la víctima en contra el suelo, y repitiéndole ansiosamente “no puedo respirar”, fue subida a las redes sociales y la ira estalló, primero en Minneapolis y luego en todo el país.

Al comentar sobre las crecientes protestas, el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, dijo en una de sus diarias sesiones informativas: «enciendes la televisión y ves estas concentraciones masivas que podrían estar infectando a cientos y cientos de personas después de todo lo que hemos hecho (para contener el virus).

Cuomo llamó a “darnos un minuto y preguntarnos: «¿qué estamos haciendo aquí?»

Tara Carey, gerente sénior de medios y contenido de Equality Now, que presenció las protestas en Londres el domingo 31, dijo a IPS que los tiempos de crisis exacerban la desigualdad, y esto había sido brutalmente expuesto durante la pandemia, que ha afectado desproporcionadamente a las comunidades más desfavorecidas y minoritarias en todo el mundo.

«Los daños provocados por el coronavirus agravaron la discriminación preexistente y los disturbios políticos, creando una atmósfera explosiva en la que muchas personas sienten apasionadamente que los peligros que plantean sistemas opresivos deben ser enfrentados en las calles, incluso si esto implica la posibilidad de contraer una enfermedad contagiosa potencialmente mortal «, argumentó la activista.

Desde Estados Unidos hasta Líbano, desde Gran Bretaña a Hong Kong, los manifestantes han desafiado tanto el peligro de infectarse como de ser detenidos al lanzarse a las calles para demandar un cambio, señaló.

A su juicio, «participar en protestas políticas a menudo conlleva un riesgo personal y la covid-19 se suma a esto. El derecho a manifestarse contra la injusticia y la persecución es un derecho humano fundamental y es importante que las personas piensen en cómo protestar de manera segura».

«Aquellos que participan en protestas callejeras, deben sopesar los riesgos para la salud para ellos y para quienes los rodean. Para aquellos que piensan que el riesgo es demasiado alto, hay otras formas de enfrentar la opresión y mantenerse solidarios», señaló Carey.

Onuch, por su parte, dijo que «nuestros hallazgos (en el estudio en que participó) sugieren que no deberíamos sorprendernos si continuamos viendo protestas, y no debemos asumir que se trata de personas más jóvenes que tienen menos probabilidades de temer contraer el virus».

«Más importante aún, los gobiernos no deben pensar que tienen vía libre debido a la crisis. Los gobiernos no solo deben sopesar los equilibrios entre la salud pública y la economía, sino que también deben considerar cómo respetar el derecho de protesta de sus ciudadanos, incluso durante una pandemia”, concluyó.

T: MF


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