Los novios del aguinaldo

El Sereno

Álvaro Campos Solís
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Álvaro Campos Solís

Todo trabajador o pensionado costarricense debe saber que su aguinaldo tiene tres admiradores. Son amores de temporada, pues solo aparecen en diciembre: el estado, el comercio y los ladrones.

El estado se considera dueño de una buena tajada de ese dinero que tanta gente espera, a veces desde mediados de año, para financiar las necesidades más urgentes como adquirir ropa y zapatos e introducirle algunas mejores a su casa de habitación, además de pagar un “piquillo” por aquí y otro por allá, sin olvidar que debe separar alguna reserva para los gastos de escuela, colegio y universidad. Es lo que convierte a padres y madres responsables en ingenieros de las finanzas domésticas.

Pero el estado también tiene necesidades urgentes que atender. Tanto es así que ni siquiera pide permiso para llevarse la parte que considera le corresponde. Simplemente emite el marchamo que resulta un atentado al bolsillo de cada persona y a las finanzas de cada familia. De esa manera, machetea o adelgaza la billetera de los individuos y familias. En ese afán también contribuyen las municipalidades y en particular el Ministerio de Hacienda, como el principal recaudador de impuestos.

Se supone que ese dinero se destina a la construcción de puentes y carreteras, además de otras obras de infraestructura. Eso es parcialmente cierto. Parte de ese dinero se destina al pago de la deuda contraída a lo largo de 30 o 40 años a entidades financieras internacionales que en su momento encontraron muy rentable prestarle dinero en cantidades significativas a un país tan chiquito como el nuestro. También hay pagarle el salario a una frondosa burocracia que en ciertas instituciones nadie sabe qué funciones desempeña y en caso de que entienda lo que está haciendo, no está claro porque lo hace tan mal.

Mucha gente cree que es el gobierno de turno el que recoge ese dinero. Pues no, es el Estado para ayudarse a pagar, entre otros compromisos, el salario de miles y miles de personas que se guarecen bajo su paraguas. Son los burócratas del enorme aparato gubernamental, algo así como un seis por ciento de la población nacional.

Otro compromiso del Estado es el pago de las pensiones, incluidas las llamadas “PENSIONES DE LUJO”, que permiten a algunos de sus afortunados propietarios echarse a la bolsa 20 y hasta 30 millones, cuando apenas comienza diciembre, ya que al salario o la pensión se añade el aguinaldo.

El comercio

El aguinaldo sirve también para que el comercio, en ciertos casos, se recupere del poco movimiento que ha sufrido en el resto del año. Para lograr ese objetivo adornan sus tiendas y anuncian ofertas y promociones: algunas son ciertas, otras simplemente al finalizar el mes de noviembre le suben los precios a los productos y luego les ponen un cartoncito con el descuento.

Por supuesto, efectuar compras en esta época del año es una decisión discrecional del comprador. Sin embargo, para mucha gente resultad difícil no sucumbir a las “ofertas” del comercio que en la Fiesta de Navidad se convierten en algo irresistible. A ese comportamiento social mucha gente suele identificarla con la frase: “ Es nuestra idiosincrasia”. “Así somos los ticos”.

Los ladrones

Al final de esa cadena se ubican los ladrones que a veces demuestran tal grado de audacia que logran colocarse de primeros en la fila para quedarse con la totalidad del aguinaldo. El problema tiende a adquirir mayor grado de complejidad, toda vez que los antisociales aumentan en número y el nivel de violencia. El estado, mediante los cuerpos policiacos, intenta enseñar a la gente las distintas formas de cuidar su dinero. Sin embargo, “Dios da para todos”, parece decir cada antisocial que logra despojar de su dinero a la gente humilde que va de tiendas para celebrar que llegó La Navidad.

En el caso de aquellas personas que perciben jugosos ingresos, prefieren ir de compras al extranjero (hasta envían fotos de sus visitas a célebres lugares turísticos. ¡A los vecinos hay que impresionarlos!). A algunos de ellos los sorprenden los ladrones de por allá o aquí los esperan los inspectores de aduanas.

Periodista

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