Los muertos en la guerra de Colfax

Néstor García Iturbe

Cuando los habitantes de Colfax, Louisiana, comienza a escuchar explosiones, el sonido de las balas y grandes columnas de humo, nunca piensan que ha comenzado una nueva guerra, es la misma guerra que están resistiendo hace años, en la cual es posible que todos terminen muertos.

Colfax es un pequeño pueblo de 1,532 habitantes, la mayoría de ellos de la raza negra en las cercanías del Rio Rojo. En su historia se encuentra que fue un lugar donde esclavos liberados formaron un campamento, del cual fueron expulsados a la fuerza, en cuya acción murieron 150 de ellos. El ingreso promedio de sus habitantes es de 13,800 dólares anuales, por debajo de la línea de la pobreza, que en Estados Unidos se ha fijado en 22,000 dólares anuales.

Las desgracias de los habitantes de Colfax comenzaron hace aproximadamente dos años, cuando en un almacén del ejército, situado en Minden, Louisiana explotaron tonelada de explosivos las cuales crearon una nube que llegó a 7,000 pies de altura y lógicamente causo terror a los residentes del lugar, principalmente, por la contaminación ambiental que eso causó.

El terror se incrementó, al igual que las protestas de la población, cuando los residentes conocieron que el ejército planeaba quemar, a cielo abierto, 18 mil libras de explosivo que aún quedaban en el lugar, lo cual aumentaría considerablemente el nivel de contaminación.

Para evitar los problemas en Minden, una población de mayor nivel económico, cuyos residentes son en un buen número de la raza blanca y algunos tienen buenas influencia políticas, el ejército coordino con la empresa Clean Harbors, que tiene un establecimiento en Colfax, para que en el mismo se destruyeran los explosivos.

Hace algunos años el Departamento de Defensa incineraba estos materiales en sus propias unidades, hasta que las autoridades sanitarias lo prohibieron. Pudieron enviar algunos embarques de explosivos y municiones a Europa y Canadá, pero los países prohibieron que esto se hiciera, debido a la contaminación que esto provocaba, por lo que se buscó una solución en los propios Estados Unidos.

La solución al problema fue el establecimiento de Clean Harbors en Colfax, el cual opera hace más de diez años en coordinación con el Departamento de Defensa y es el único, en toda la nación, que puede quemar explosivos y municiones sin control alguno del gobierno sobre las emisiones contaminantes que esto pueda causar.

Resueltos los problemas en MInden, el ejército trasladó al establecimiento de Colfax 350,000 libras de explosivo que aún quedaban por incinerar. A partir de ese momento los incineradores de la Clean Harbors estuvieron trabajando casi sin detenerse, el humo contaminante cubriendo todos los alrededores y los residentes en Colfax, respirando el mismo.

En el año 2015, en los incineradores de Clean Harbors situados en Colfax, se destruyeron 700,000 libras de municiones y explosivos, a pesar de las protestas de la comunidad, con muchos temores, pero poco dinero y casi ninguna influencia política que pueda oponerse a lo que está sucediendo.

Debe agregarse a esto, que el establecimiento también está prestando servicios a otras unidades del Departamento de Defensa, lo cual a la vez diversifica el tipo de materiales que se destruye en dicho lugar.

Dentro de esto se encuentra, el combustible de la cohetería elaborada por una fábrica en Los Angeles, granadas de mano y municiones elaborados en Arkansas, fusibles detonadores de Cincinnati, combustible sólido de la Aerojet Rocketdyne de Virginia, explosivos fabricados en Carolina del Norte, cohetes fabricados por la Lockheed Martin en Alabama y otros.

En la oficina de Clean Harbors en Colfax , aparece un mapa donde están señalados los 42 clientes de la empresa, todos unidades militares, existentes en 22 estados de la Unión. La empresa, cuya oficina central está en Massachusetts, en el año 2016, tuvo ingresos por 2.7 billones de dólares, lo que representa un importante negocio. Diariamente, camiones y trenes que trasladan explosivos de alto poder, viajan por ciudades estadounidenses sin que los habitantes de las mismas lo conozcan, a pesar del riesgo que esto implica.

El negocio de la guerra tiene esas características, se gasta una inmensa cantidad de dinero en explosivos, municiones y otros artefactos. Después es necesario gastar otra inmensa cantidad de dinero en destruirlos.

Los beneficiados con todo esto son las grandes empresas de la industria armamentista, los funcionarios del Pentágono que reciben sus comisiones y los miembros del Congreso que también reciben dinero por aprobar los presupuestos que cubren el ciclo.

Los perjudicados, el pueblo estadounidense. Los de Colfax, cuya muerte por contaminación ya ha sido decretada y el resto de los ciudadanos, que no morirán como los de Colfax, pero durante toda la vida pasarán necesidades mientras que el gobierno quema una buena parte de lo que compra.

¿Usted considera como una violación de los Derechos Humanos, contaminar el ambiente y que una población entera esté en peligro de morir por la irresponsabilidad del gobierno del país?


 
Dr. Néstor García Iturbe, GRUPO EL HERALDO

ALAI, América Latina en Movimiento



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