Los demócratas y Wall Street: qué podemos esperar de Joe Biden

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Robert Kuttner

Biden

Tres notas recientes de Robert Kuttner en The American Prospect ilustran acerca de las relaciones de los demócratas con Wall Street, habitualmente escandalosas y siempre peligrosas, en el caso de la cúpula del Partido, y ahora mismo, de su candidato a la presidencia, Joe Biden. Kuttner aborda asimismo la posible forma de contrarrestarlas. SP

¿Qué palancas de presión tienen los progresistas ante Biden?

Una crónica del Washington Post de esta semana parecía confirmar las peores sospechas de los progresistas acerca de Joe Biden.

La información citaba a un banquero de inversión que contaba las llamadas del personal de la campaña de Biden a sus aliados de Wall Street restando importancia a los compromisos de reforma financiera de largo alcance. “Lo que nos dijeron fue, básicamente: ‘Mirad, esto no es más que un ejercicio para tener contenta a la gente de Warren, no le deis mayor importancia’”.

¡Ay! Ahora bien, esta noticia debería tomarse cum grano salis. En esta fase de la partida, un candidato trata de serlo todo para todos.

Pero la información reforzó en el fin de semana las inquietudes de los progresistas cuando la campaña de Biden desveló su último equipo directivo de transición, copresidido por Jeff Zients, que personifica la puerta giratoria entre las administraciones demócratas centristas y Wall Street.

Todo esto suscita la siguiente cuestión: ¿Qué palancas de presión tienen, en última instancia, los progresistas frente a Biden, ya sea como candidato o—espera uno— como presidente?

Y esa frase —”espera uno”— lo dice todo: no tanta como nos gustaría, dado que los progresistas saben que el objetivo primordial consiste en echar a Donald Trump. Y amenazar con quedarse en casa, o votar a un tercer partido, o no esforzarse mucho por elegir a Biden serían acciones perversas. Pero existe, de hecho, una base para poder influir.

La capacidad de presión de que disponen se inscribe en la lógica progresista del momento político. Si Biden quiere una participación grande, tiene que estar a favor de un cambio grande. Y eso será verdad una vez tome posesión.

Si gobierna como un centrista más obligado con Wall Street, o como un moderado más en cuestiones raciales, la participación sufrirá. Y si gobierna como un centrista y cambian poco las perspectivas vitales de los trabajadores, los democratas se harán trizas en las elecciones de mitad de mandato en 2022.

Esa es la capacidad de presión de la que disponen los progresistas. Lo que no significa afirmar que las peleas sobre personal y medidas políticas no vayan a ser una guerra de trincheras. Lo serán.

Fuente: The American Prospect

El gabinete de Biden y el magro banquillo progresista

Es este el momento de la campaña en la que los grupos progresistas comienzan a confeccionar listas. Lo que coloquialmente se denomina Plum Book [literalmente “Libro cereza”, por el color de sus tapas] consiste en la lista de más de 7.000 nombramientos que ha de hacer un presidente.

Hay grupos que confeccionan listas de potenciales funcionarios del gabinete. Aquí tenemos una especialmente meditada, la Data for Progress.

La sección más instructiva la constituye la lista de candidatos para secretario del Tesoro. El secretario del Tesoro tiene que conocer todos los detalles bizantinos de fontanería de cómo funciona el sistema financiero, y asimismo los abstrusos detalles de los abusos acumulados de ingeniería financiera a los que hay que poner remedio.

Lo que resulta interesante es lo reducida que es la lista de candidatos plausibles. Wall Street le ha puesto un cerrojo tal a la Secretaría del Tesoro y empleos anejos del subgabinete durante tanto tiempo que el banquillo es bastante magro. Con Carter, Clinton y Obama a los izquierdosos simplemente no les daban esos puestos.

Encabezando la lista de Data for Progress se encuentra Sarah Bloom Raskin, una auténtica progresista que se ha desempeñado lo mismo como gobernadora de la Reserva Federal que como vicesecretaria del Tesoro. Es perfecta, pues combina un profundo conocimiento de la fontanería del sistema financiero con un compromiso de reforma. Como antiguo cargo de la administración de Obama, no parece que Raskin vaya a asustar en absoluto. Pero ella sola es casi una categoría propia.

Los otros candidatos propuestos son Richard Cordray, antiguo jefe de la Oficina de Protección Financiera del Consumidor, Robert Reich, secretario de Trabajo [con Clinton] y progresista renacentista, y el economista de Columbia Jeffrey Sachs, notable experto en desarrollo sostenible y critico de la globalización financiarizada.

Cualquiera de ellos sería estupendo. Pero los sospechosos habituales los vetarían por no estar suficientemente versados en cómo funciona el Tesoro. En realidad, la definición típica de ese requisito lo limita prácticamente a veteranos de Wall Street.

Es hora de reconstruir el banquillo progresista, de modo que tengamos un sistema más plausible de segundos equipos. Sólo rompiendo el vínculo con Wall Street y con su casta pueden los progresistas recuperar el gobierno, además de recuperar la presidencia.

Fuente: The American Prospect

La marea de Wall Street

Últimamente he ido escribiendo algunas cosas halagüeñas sobre Joe Biden. Su proyecto “Made in America” publicado esta semana es estupendo, y su plan climático, de dos billones de dólares, publicado el jueves, es incluso mejor.

Y aquí viene el lado negativo. Biden está hasta arriba de apoyos en Wall Street, que usan de su influencia para asegurarse de que sea otro presidente al modo de Clinton-Obama: liberalote en cuestiones sociales, pero sin que amenace el modelo de negocio tóxico de Wall Street, que es un motor tan fundamental de la enorme desigualdad de rentas y riqueza, así como de extrema concentración empresarial.

Hoy a las 5.30 de la tarde hay un acto virtual de recaudación de fondos de Biden, por y para donantes de Wall Street. Lo han organizado 44 antiguos cargos del Departamento del Tesoro en época de Obama y Clinton.

Si hacen una donación, también pueden ustedes participar. Los más obsequiosos han dejado 25.000 dólares.

Entre los oradores principales, que discutirán el futuro de la economía norteamericana, se cuentan Jack Lew, antiguo secretario del Tesoro y director de la Oficina de Administración y Presupuesto, y Gene Sperling, antiguo jefe del Consejo Económico Nacional. Lew fue con Obama, uno de los animadores de la austeridad presupuestaria. Sperling ayudó a negociar el final de la Glass-Steagall [ley de Roosevelt que separó la banca de inversión y comercial tras la crisis del 29].

Lew es hoy socio de la firma de capital riesgo Lindsay Goldberg, que se especializa en compras apalancadas, una de las plagas de la economía a la que una administración progresista de Biden tendría que poner coto. ¡Austeridad presupuestaria más capital riesgo!

Gene Sperling, que dirige su propia empresa de estrategia, tiene más de liberal que se preocupa de verdad por la pobreza y la desigualdad, pero dista de ser un cruzado en favor de la reforma de Wall Street. Y se dirigirá a un grupo de donantes de Wall Street.

El riesgo de esta turbamulta es que varias personas de entre ellas consigan puestos clave en la administración de Biden, y entonces sí que podemos despedirnos ya de una reforma radical. Sí, Biden tiene otros donantes, pero siempre parece que Wall Street se lleva la parte del león.

Joe, por favor, demuestra que me equivoco.

Fuente: The American Prospect

Robert Kuttner cofundador y codirector de la revista The American Prospect, es profesor de la Heller School de la Universidad Brandeis. Columnista de Business Week, The Huffington Post, The Boston Globe y la edición internacional del New York Times, entre sus libros se cuentan “Debtor´s Prison: The Politics of Austerity Versus Possiility” y “Can Democracy Survive Global Capitalism?” (2018). Su último libro publicado es “The Stakes: 2020 and the Survival of American Democracy”.


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