Los abusos del sistema

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El Sereno

Álvaro Campos Solis
campos.solis.alvaro@gmail.com

Álvaro Campos Solís

En nuestro país se hace urgente el reciclaje y hasta reinventar las funciones de las municipalidades y que la clase política y el sector financiero dejen de jugar de casita, rayuela y cromos. Este sector está obsesionado con el lucro, para luego repartirlo entre los miembros de su propia planilla.

Los abusos del sistema político costarricense tienen mil caras. Una de esas caras, quizás la más desagradable, es la elección de alcaldes y munícipes en todos los cantones del país. La situación da la impresión de que el país está inundado de municipalidades, cuyos beneficios son muy cuestionables, empezando por los altos salarios de esos funcionarios y los pobres beneficios que percibe la población. Sin duda que la recolección de la basura, limpiar algunos caños, barrer el parque de cada comunidad y apoyar distintos cuerpos de policía le sale bien caro al pueblo.

Quizás los números sean mas reveladores que cualquier cantidad de palabras que digamos al respecto. 82 alcaldes, once de ellos con salarios que superan los cinco millones de colones por mes, monto que supera el salario asignado al Presidente de la República. Se trata de los gobernantes de San José, Ciudad de Limón, La Unión, Goicoechea, Heredia, Santa Cruz, Pérez Zeledón, Tibás y Pococí. De los once alcaldes que gobiernan esos municipios solo dos no aspiran a la reelección.

Mientras tanto, el país vive una de sus peores crisis de los últimos 50 años, lo cual obliga a miles y miles de familias a recortar los gastos básicos para adaptarse a una nueva dieta y gustos bastante más sencillos. Un amplio sector de la población anda en busca de trabajo.

El negocio ha resultado tan brillante para esos políticos que, de los 82 alcaldes, 66 de ellos buscan la reelección en las elecciones del próximo mes de febrero con miras a permanecer otros cuatro años en el jugosos puesto.

De esa manera, un país tan pequeño como el nuestro, tan pequeño que un expresidente de la República lo comparó con “una finquita” requiera de 83 administradores, la inmensa mayoría de ellos percibiendo ingresos similares a los que ganan senadores de países del primer mundo. Resulta increíble y odioso. Lo peor es que a muy poca gente parece importarle que los salarios de los alcaldes superen, en algunos casos, los cinco millones de colones al mes. Tales salarios resultan obscenos. También resulta grosero que algunos gobiernos locales, cuyos presupuestos suman centenares y hasta miles de millones de colones no dispongan de carretillos y un poco de material para tapar los huecos de las calles principales. Tal situación contrasta, en algunos casos, con la excelente pavimentación de la calle que da acceso a la casa donde vive la máxima autoridad civil del cantón.

Hay alcaldes en las zonas costeras, las más deprimidas del país, cuyo salario ya no causa envida. Ahora produce indignación. Allí existen cantones con altos niveles de desempleo, la prostitución convertida en fuente de ingresos para numerosas familias y, lo peor, el narcotráfico penetrando esas capas vulnerables que solo resultan útiles para que acudan a las urnas.

San Carlos y Talamanca son los cantones más extensos de Costa Rica. Claro que justifican la mayor independencia posible. Pero hay numerosos cantones que están hacinados. El cantón central de San José, por ejemplo, está rodeado por un rosario de municipalidades, todas con idénticas, funciones, cobrar impuestos, y frondosas burocracias con buenos salarios y significativos privilegios. Igual ocurre en Heredia, Alajuela y Cartago. Sin olvidar, claro está, a Limón, Puntarenas y Guanacaste.

Resulta ilógico que existan municipalidades a tan solo tres o cuatro kilómetros una de la otra y que cada una administre los intereses de 40 o 50 mil personas en áreas de 20 a 50 kilómetros cuadrados. El cantón de San Carlos es el de mayor extensión de costa rica con una superficie de 3.348 kilómetros cuadrados y una población de 164 mil personas, mientras que el Cantón de Tibás tiene la mayor densidad de poblacion, 65 mil personas en tan solo 8 kilómetros cuadrados. Incluso, hay cantones con 7 kilómetros de superficie.

Historia

Las corporaciones municipales son herencia de la colonia y dejan la impresión de que fueron fundadas sobre una base de granito y que casi 200 años de independencia han resultado insuficientes para modificar ese esquema de gobierno. Es decir, hacerlo más eficiente, menos oneroso y que no exista tanto hacinamiento y multiplicidad de funciones que el país paga a un alto precio. La municipalidad de San José es la más rica del país. Tan rica que alcanza para pagar salarios millonarios y convenciones colectivas que satisfacen demandas y exigencias de cinco sindicatos. ¡increible!

Todos sabemos que la tecnología impulsa cambios radicales en casi todas las actividades humanas y en todo el mundo. Nuestro país no puede ser la excepción.

Por lo tanto, no se justifica que la clase política y el sector financiero de nuestro país sigan esperando en nuestros puertos y aeropuertos el arribo de inversionistas extranjeros. Políticos y empresarios deben ser los verdaderos actores de nuestro desarrollo. Creo que tanto a los políticos de oficio y a los banqueros se les acabó el tiempo de jugar “quedó” y a las “escondidas”.

Uno podría esperar que, a estas alturas del siglo XXI, instituciones como la Contraloría General de la Republica, la Defensoría de los Habitantes y el mismo Tribunal Supremo de Elecciones propongan otras opciones, de tal manera que esa fragmentación territorial y esa inundación de municipalidades sea reducida a números más razonables. Además, que cumplan funciones que verdaderamente incidan en el progreso de los 82 cantones.

Ningún beneficio aportan los bancos del estado con las arcas llenas, cobrando intereses de usura y sus empleados devengando salarios como si fueran funcionarios del Banco de China, JPMorgan Chase & Co., HSBC Holdings, Chase Manhattan Bank o del Citi Bank. Tan solo para citar algunos de los bancos más grandes del mundo, donde el dinero sirve como palanca para el progreso.

El desarrollo tecnológico es para sacarle el mayor provecho posible. Sin embargo, es difícil esperar que algún partido político proponga reformas en ese sentido. Sus dirigentes alegan que el régimen municipal es un bastión de la democracia. Ignoro que querrán decir con ese cuento de “bastión de la democracia”, cuando la definición más aceptada es que la democracia es un sistema político que defiende la soberanía del pueblo.

Una cita a ciegas

Todos los años, tal y como lo exige la dictadura del calendario, los costarricenses subimos con ciertas dificultades la cuesta de enero. Esa cuesta es una especie de escalera a la cual cada dos años se le agrega un peldaño para que, llegados a ese punto, concurramos a las urnas y escojamos presidente y diputados y dos años después renovemos a los 82 alcaldes y a centenares de regidores que se constituyen en el gobierno de cada cantón.

Podemos decir que cada dos años acudimos a una cita a ciegas. No tenemos ni la menor idea si aquel voto será un golpe de suerte o un paso más hacia la ruina. Nadie sabe la leche que puede dar esa gente que llega al poder con propósitos tan diferentes.

La experiencia acumulada nos dice que unos llegan a trabajar en serio por el país, en el caso de los poderes ejecutivo y legislativo o por el cantón, en el caso de alcaldes y munícipes. Otros llegan a majar la escoba del adversario y a ponerles palos a las ruedas de ese carro que se llama Costa Rica. Para los miembros de ese segundo grupo el partido o su mismo ego están por encima del país.

En los debates que tienen lugar en el plenario del congreso o en el recinto municipal unos combaten de frente, con argumentos y con respeto. Otros acuden a la zancadilla, al filibusterismo, a la mentira o duermen en sus curules para no aportar nada.

Es hora de que mejoremos nuestra ortografía y entre todos podamos escribir una mejor historia de nuestro país.

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Un comentario

  1. Total acuerdo, por tratar de “democratizar” al país, lo que se logró con la creación de las figuras de Alcaldes fue un mamarracho.

Comentar en Cambio Político

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