Llueve llueve, huy como llueve

De vuelta 13

Mauricio Castro Salazar
mauricio.castro.salazar@gmail.com

Mauricio Castro

Pongamos un paño en el marco de la ventana aquella y este trapo en aquella otra y este pañito en esta”—me dijeron en la madrugada de un día de estos. Al rato se oían unos ruidos y me levanté de nuevo a ver qué pasaba y oh sorpresa: la pared se iba abombando poco a poco desde el cielo raso hasta el suelo, y el piso de madera se iba levantando poco a poco.

“Puta, diay, esta carajada no para”—dije con fuerza mientras buscaba más paños para ir secando, eran como a las 3 de la mañana. Volví a ver las ventanas, ya no habían filtraciones…eran cataratas las que caían y corrí a ponerle más paños a los marcos. Caía agua por todos lados.

“Castrosalazar: solo a vos se te ocurre reparar aleros en esta época de año, pareces nuevo…ni que fueras extranjero”—me recriminó mi vocecita interna.

“No es una ocurrencia, es que estos maes que reparan casas son como los números bajos de la lotería de navidad”—le dije a manera de réplica.

“No me jodás Castrosalazar, primero no entiendo que querés decir con eso de números bajos de la lotería, porque no te veo muy jugador de lotería, en realidad eso se llama falta de planificación, achará tantos años de universidad”—me dijo mi vocecita interna.

Confieso que quedé un poco dolido, pero ni modo, seguí poniendo paños y trapos y esperando a que amaneciera para ver más daños. No me acosté. La pasé secando con paños y con un foco identificando goteras. De paso vi noticias del huracán y los golpes que a diestro y siniestro iba dando por donde pasó.

¡Mejor no hubiera aclarado! El amanecer y la nueva luz sol me mostró que los daños eran más y más grandes.

“Castrosalazar: ¿canoas internas? ¡Habrase visto tanta estupidez! ¿No te das cuenta que vivís en el trópico?¡ Las canoas internas y el trópico no combinan! Tanto dar clases de adaptación al cambio climático y de dar ejemplos de “mala adaptación” y en tu casa tenés varios de ellos, es que manda güevo”—me dijo con tonito mi conciencia.

Yo como quien no quiere la cosa no contesté y sigue evaluando daños y esperando que viniera “el marido de alquiler”. Más daños, más paredes abombadas, más goteras.

Me dio ganas de decirle, pero no lo dije para evitarme una discusión: “un arquitecto, fue un arquitecto el que diseñó las canoas internas, yo no tuve nada que ver”.

Con mascarilla puesta fui con “el marido de alquiler” a ver cada uno de los problemas, encontramos seis bien “jevis”, para no mencionar los más leves.

Fuimos chequeando uno por uno y nos fuimos dando cuenta de varias cosas: unas goteras no eran goteras como tal: no respondían a hueco alguno, ni a clavos ni a tornillos, créanme… eran producto de condensación. Llovió tanto y la casa estaba tan caliente por dentro por los deshumidificadores que simplemente la canoa interna se humedeció y goteó. La revisamos y nada, pero por lo que potis la embarramos de impermeabilizador.

“¿Qué son esos planches de cemento que hiciste por todo el patio?”—me preguntaron con voz fuerte a modo de reclamo.

Me hice el tonto. Hasta que fue tanto la insistidera que tuve que decir: “—desagües, son desagües”.

¿Pero por qué tan feos y tan chambones?—me replicaron.

“Son súper eficientes”—dije y agregué con cara de ingeniero especialista en drenajes: “—ve que el patio no se inundó”.

“Castrosalazar: pará, esto no conduce a nada, ciertamente quedaron un toque chambones”—me dijo mi vocecita

“Sí—dije—pero eficientes, muy eficientes, recogieron toda el agua que cayó”.

“Okay Castrosalazar: chambones pero eficientes”—me dijo mi voz interna.

No dije nada, me concentré más en las noticias de las próximas lluvias que en lo bonito de los acabados y mucho más en calcular los nuevos pesos en los taludes producto de la saturación de suelos, me dediqué a revisar y a construir nuevos drenajes por todos lados. En realidad son una obra de arte, no por nada las protecciones en las carreteras se clasifican así: obras de arte.

De verdad que me sentí muy orgulloso de las obras realizadas, aunque viéndolo con ojos de arquitecto –que me cuesta muchísimo hacerlo—confieso que quedaron un toquecito chambones, pero súper eficientes.
“El huracán Iota fue manejado adecuadamente, todo funcionó a la perfección. ¡Misión Cumplida!—me piropié.

“Castrosalazar: no me jodás, no ves que no llovió demasiado, no llovió lo que se esperaba, esperá la nueva tormenta que se anuncia a ver si es verdad que misión cumplida, no cantés victoria tan rápido, va y te pasa las de Trump…”—me dijo mi vocecita interna.

Un toque lastimado por la llamada de atención y esperando más lluvia, me recordé de una canción que oí siendo güila y que también mis hijos escucharon en algún momento:
Llueve llueve!

¡Huy, cómo llueve!

Las gotitas cuando saltan hacen

¡pim pim pom!
¡tin tin tin!
¡pim pim pom!
¡tin tin tin!
¡pim pim pom!

Aunque confieso que no me hace ninguna gracia oír pim pim pom tin tin tin a las 3 de la mañana

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y correr como un loco con paños y trapos para retener el agua.

“Castrosalazar: si aplicarás la ingeniería sería mejor, ¿no te parece? Estás siendo demasiado tico”—me dijo mi vocecita interna.

“Diay, pero si soy súper tico y además ingeniero”—dije.

“Sí, sos tan tico hasta el extremo que el mantenimiento no tiene importancia alguna”—me dijo con grosería.

Cuando empezó la enumeración de ejemplos de falta de mantenimiento decidí no ponerle más atención: caminos, caños, cunetas, contracunetas, alcantarillas, carreteras, escuelas, colegios, ministerios, hospitales, parques, aceras, iglesias…y decidí seguir indicándole al “marido de alquiler” donde seguir reparando para estar preparado para los próximos aguaceros, porque esto todavía no termina.

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Un comentario

  1. Gustavo Elizondo

    Mal de muchos, consuelo de pocos, yo creí que solo en mi casa luchábamos con las goteras y veo que hasta un trotamundos, cosmopolita como mi amigo Mauricio también las sufre, me siento acompañado. Como siempre, muy agradable su columna.

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