Libia: Hafther y los propiciadores en Berlín

Guadi Calvo

Khalifa Haftar. Foto: alchetron.com

Tras haberse retirado de la cumbre de Moscú, del pasado lunes 13, sin firmar el acuerdo de alto el fuego permanente, para iniciar un diálogo político, el general, Khalifa Hafther líder del Ejército Nacional Libio, (ENL) y principal animador del conflicto, desairó, no solo a sus anfitriones el presidente ruso Vladimir Putin y su par turco Recep Erdogan, quienes habían gestionado la cumbre, sino también a su contraparte un, hasta ahora, muy debilitado, Fayez al-Sarraj, jefe del Gobierno del Acuerdo Nacional (GNA). Este último es un hombre de paja puesto por Naciones Unidas, y cuyas fuerzas apenas controlan un perímetro cada vez más discutido en torno a la vieja capital libia: Trípoli, que si había firmado el acuerdo. Hafther, tras ocho horas de conversaciones, pidió la noche para reflexionar y sin más abandonó Moscú, tal como lo declaró el canciller ruso Serguei Lavrov.

Tras el fracaso de Moscú, el domingo 19 se abrió una nueva posibilidad en Berlín, a donde han llegado Vladímir Putin (Rusia), Recep Tayyip Erdogan (Turquía), Boris Johnson (Reino Unido), Emmanuel Macron (Francia), Ursula von der Leyen y Josep Borrell (Unión Europea), Mike Pompeo (Estados Unidos), Ghassan Salamé (ONU), quienes, junto a la anfitriona de la reunión la canciller Angela Merkel, aspiran a conseguir en Berlín, lo que no se logró en Moscú.

La breve pero contundente lista de invitados, habla claramente de la gravedad que ha alcanzado el conflicto; la cita de Berlín es convocada también por temor a la decidida presencia de Turquía y Rusia. Europa, después de haber mantenido sumergida en sangre desde 2010 la patria de Gadaffi, recién ahora, por temor a los nuevos jugadores, intenta una salida sin más chicanas, para que no sean afectados sus intereses, quizá por ello la ONU señaló la importancia de “preservar la integridad y neutralidad” de la Corporación Nacional del Petróleo. Lo que no aclara la organización internacional es ¿preservar para quién? Otro de los puntos del borrador del acuerdo que se conoció extraoficialmente y sin duda el más difícil de alcanzar, es el referido al desarme de las milicias, que en el caso de Hafther, es un verdadero ejército, con presencia en todo el país. Mientras el presidente turco expresó su temor de que la caída de Trípoli provoque la radicalización de las milicias que combaten a su favor, lo que podría implicar el resurgimiento de los movimientos cercanos a al-Qaeda y Daesh, que si bien han sido controlados, de ninguna manera ha sido erradicados

Dada la “gravedad”, Europa ahora apura una solución, por esa “gravedad” no la percibió al cuando hubo cientos de miles de civiles muertos, un país destruido desde sus más profundas simientes no solo materiales y culturales, sino sociales. Destrucción que no solo ha modificado para siempre los destinos del pueblo libio, sino de toda la región, particularmente de las naciones al sur del país como Níger, Mali y Chad y así en hondas sucesivas que se profundizan hacia el interior de África.

El ejército de Hafther, desde abril pasado, se encuentra a las puertas de Trípoli produciendo la muerte de 280 civiles y de 2 mil milicianos, sumados a las más de 120 mil personas que ha debido desplazarse por los combates. Hafther no ha tomado Trípoli, más que por cuestiones militares, por no tener que asumir el costo de un nuevo genocidio, que podría definitivamente ponerlo en la picota internacional, como un nuevo Saddam Husein, un Hosni Mubarak o un Omar al-Bashir.

La cumbre de Berlín se abre con la presión de que los principales puertos petroleros libios están siendo bloqueados por las fuerzas del general Haftar, lo que podría producir el cierre de la producción petrolera del país en cinco días. Lo que agrega más dramatismo a la reunión y obliga a definiciones urgentes.

En una declaración absurda, por no decir hipócrita, el ministro de Relaciones Exteriores alemán Heiko Maas dijo: “Las partes que combaten en la guerra civil libia solo pueden luchar entre sí porque reciben apoyo militar del extranjero. Tenemos que detenerlas para que Libia no se convierta en la nueva Siria”, como si hubiera alguna diferencia más que el pasaporte de los muertos y como si esas armas se fabricasen en algún otro lugar que no fuera occidente.

Más allá de las buenas intenciones de Berlín, la cuestión es mucho más profunda para resolver con declaraciones ramplonas y obvias, como la del presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, que a su llegada a la capital alemana dijo: “Es hora de consolidar un alto el fuego, respetar el embargo de armas de Naciones Unidas y relanzar un proceso político”.

Tras la muerte del Coronel Muhammad Gadaffi, en octubre de 2011, se comenzaron a perfilar los dos bandos que hoy han sobrevivido a la guerra facciosa en la que participan decenas de milicias, entre las que hay que incluir muyahidines del Daesh y al-Qaeda, que han sido cooptadas o destruidas. Hoy, cada bando cuenta con el apoyo de importantes jugadores internacionales: el Gobierno de Acuerdo Nacional de Serraj, está siendo sostenido por Naciones Unidas, Qatar, la Unión Europea (UE), de manera discreta por Italia y después de muchas dilaciones por Turquía. Detrás de Hafther se alinean, Egipto, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos (EAU), y los franceses en una callada disputa petrolera con Italia, y finalmente, de manera bastante ambivalente, Rusia y los Estados Unidos.

Después de Berlín

Más allá de lo que se pueda resolver en Berlín, hay muchos factores para que cualquier acuerdo sea inmediatamente abortado porque también son muchos los intereses que se juegan para sostener la inestabilidad en Libia, como ha sucedido en reiteradas oportunidades, donde los bandos han vuelto a las armas.

Alemania es la potencia occidental que, con más agudeza, demuestra mayor interés en la resolución del conflicto, temiendo que de alguna manera el millón de refugiados de distintas nacionalidades que esperan en puertos libios su oportunidad de viajar a Europa, vuelvan a generar una crisis similar a la de 2014-2015, que ha hecho zozobrar a muchos gobiernos europeos principalmente el de Merkel.

Por su parte, Italia, con muchísimos intereses petroleros en Libia, además de cargar con el peso simbólico de haber sido su colonia durante treinta años, ha propuesto que, si se alcanza un acuerdo en Berlín, que una fuerza de Naciones Unidas sea quien controle el alto el fuego, fuerza en la que estarían incluidos, desde ya, soldados italianos, que se sumarian a los 250 efectivos que ya tiene en Libia dando seguridad el hospital que levantó en Misrata en 2016.

El año 2019, con 900 víctimas civiles entre muertos y heridos, ha sido el más cruento desde el levantamiento de Benghazi en 2011, donde fueron asesinados 2108 civiles. En 2108 ese número alcanzó a 393. Y por lo que parece 2020, no será un año calmo ya que el 5 de este mes, 28 personas murieron en un ataque contra una academia militar de Trípoli, convirtiéndose en el más importante en lo que va del año.

Nuevos efectivos llegan a Libia para incorporarse al conflicto de uno y otro bando. Se ha conocido la incorporación de unos 5000 mercenarios sudaneses durante 2019, la mayoría veteranos de Darfur, a las filas del general Hafther, empujados por la caída del General Omar al-Bashir, y que, según sus comandantes, se prevé la llegada de varios cientos más, lo que profundizará el conflicto que podría desestabilizar todavía más gran parte de la región.

Mientras tanto, algunas informaciones señalan que, amparados el paraguas de Turquía, que ya ha anunciado el envío de efectivos para apoyar al Gobierno del Acuerdo Nacional con sede en Trípoli, han llegado algunas brigadas mercenarias integradas por antiguos muyahidines de los grupos takfiristas que operaron en Siria y fueron reclutadas por los servicios de inteligencia turcos.

Independientemente de lo se resuelva en la Cumbre de Alemania, todo será demasiado ineficaz y tardío para detener la sangría y la destrucción de las que muchos líderes occidentales que el domingo se sentaron en Berlín han sido sus más fervientes propiciadores.

Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC

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