¡Libertad! ¡Libertad! Tu estandarte, desgarrado pero airoso, hay que defender

Freddy Miranda Castro

Freddy Miranda

No hay nada más terrible y trágico que luchar con convicción e incasablemente por una causa equivocada. Es tan funesto que hay quienes, prefieren permanecer en el engaño, que aceptar la realidad.

Aún así, si me obligasen a resumir en una palabra lo que significa la vida, solo diría: Luchar. Parece contradictorio, pero eso es la vida, una eterna contradicción entre ideas y realidades. Una lucha sin fin. La vida en sociedad no es una realidad objetiva que existe fuera del mundo de las ideas y que marcha por si misma y de forma inexorable hacia un lugar predeterminado, en una especie de espiral dialéctica, que siempre lleva a estadios superiores de producción y convivencia. La bendita espiral no existe, fue solo una hermosa idea, la búsqueda del paraíso celestial por otros caminos. La vida en sociedad lo mismo avanza, que retrocede. Nada asegura que el futuro sea mejor, a menos que nos pongamos de acuerdo, en qué es mejor y luchemos por ello. Y de seguro “mejor”, no será un modelo perfectamente concebido, sino una serie de principios generales de coexistencia y distribución, que se puedan adaptar a modelos de sociedad de geometría variable.

Nunca existirá un producto perfecto, gota a gota pensado. En la imperfección esta la llave para avanzar, porque de lo contrario, se llegaría al fin de la historia y eso no es posible.

Cuando veo a los estudiantes que hoy protestan, “guiados” por viejas momias iluminadas y pletóricas de odio, hablar de defensa de valores y tradiciones, no puedo evitar preguntarme: ¿Cuáles? La humanidad ha tenido tantas tradiciones y valores cambiantes a lo largo de la historia, y no siempre las últimas son las mejores. Puede que las del pasado fuesen más tolerantes, libertarias y respetuosas del albedrío humano.

Hace 1500 años atrás, en el Imperio Romano había más libertad para pensar, rezar al Dios deseado, compartir la vida y tener sexo, que en el milenio y medio posterior cuando la libertad se perdió, porque una sola idea se tornó en hegemónica y las demás fueron prohibidas, perseguidas y extinguidas. Eso sí; las peores inequidades del Imperio no murieron, se fortalecieron, y pervivieron en el tiempo, hasta que arribaron a América en 1492, de la mano de otro imperio.

En medio de los ritos, las guerras y los sacrificios humanos (Todos los dioses son ávidos de sangre y oro) los indígenas de américa eran muy libres en sus prácticas amorosas. El primer caso documentado de represión sexual en el “Nuevo Mundo”, lo escribió Vasco Núñez de Balboa, quien en su trayecto hacia la mar del sur, descubrió en algún lugar de lo que hoy es Panamá, a un grupo de nativos en prácticas de “sodomía”. Vasco les lanzó sus perros carniceros y estos destrozaron a mordiscos a los “sodomitas”.

Esas fueron las ideas y las prácticas que Balboa y su gente impusieron a sangre y fuego en estas tierras. Ha costado muchas luchas, ir reconquistando espacios de libertad e igualdad, como para permitir que estudiantes y adultos, ignorantes y llenos de odio, nos las arrebaten. Esos adultos y esos estudiantes son la prueba más fehaciente del fracaso de la educación nacional.


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