Liberación Nacional de Partido Político a Franquicia Política

Clinton Cruickshank S.

Clinton Cruickshank

En estos días, en que se perfilan algunos de los potenciales precandidatos aspirantes a la Presidencia de la República por el Partido Liberación Nacional, examinando la lista de los aspirantes, no pude más que pensar en mi partido y en lo que se ha convertido.

Liberación Nacional, el partido político más longevo de la América Latina

Siendo Liberación Nacional, el partido de más larga data, el que es responsable del impulso del mayor desarrollo de país alguno en la América Latina, y el que ha sido modelo para muchos partidos políticos en nuestro hemisferio; cualquiera asumiría que como partido arquetipo o ejemplo y de una gran experiencia acumulada por casi 70 años, tanto en su papel de gobierno como de oposición; el PLN avanzaría hacia un nivel de solidez, organización y coherencia que le permitiría ser cada día más un partido político y menos una franquicia, que es una de las figuras comerciales que se ha puesto de boga en los últimos años.

El Partido Liberación Nacional convertido en franquicia

A pesar de lo señalado arriba, hoy no hace falta mayor militancia ni compromiso con la doctrina o filosofía socialdemócrata del Partido Liberación Nacional para ser su miembro y figurar en ella; y lo que es peor, para postularse como candidato a los puestos más importantes de elección popular en que este participa, sea, el de regidor (a), alcalde (sa), diputado (a) y al más alto de todos, a la Presidencia de la República.

Lo anterior, porque hoy, el PLN se ha convertido en una simple “franquicia” en que somos el “franquiciante”, o “franquiciador”; y cualquiera, sí, literalmente cualquiera puede comprarnos una franquicia, y convertirse así en un “franquiciado” y postularse a cualquier posición dentro de nuestro partido, e incluso, de precandidato a la Presidencia de la República. Lo anterior, como se dijo antes, sin conocer el partido, sin compartir sus postulados, y lo que es peor, hasta sosteniendo posiciones, doctrinas y filosofías políticas y económicas diametralmente contrarias a las del Partido Liberación Nacional.

Revisando la lista de los actuales aspirantes, esta incluye a algunos precandidatos totalmente neoliberales, y consecuentemente, anti-socialdemócratas. Existen unos casos singulares de algunos aspirantes que no pierden oportunidad para autoproclamarse liberacionistas y socialdemócratas; pero que es público y manifiesto, porque se les respira por todos sus poros, que son consumados neoliberales; más neoliberales que Milton Friedman y Arnold Harberger, profesores y fundadores de la Escuela de Economía de Chicago de donde se graduaron muchos economistas de la América Latina, especialmente, economistas chilenos a quienes se les denominaba con una mezcla de ironía y burla, los Chicago Boys.

Y, sin embargo, estos pretenden inscribirse en el PLN como precandidatos. Dichosamente, aunque estos ni lo sospechan, no tienen chance alguno de convertirse en candidatos del PLN, porque no tienen ni arraigo ni aceptación en la base liberacionista; y, además, porque en el fondo, y a pesar de su relativa experiencia, no conocen los verdaderos intríngulis de la política. Sin embargo, lo relevante del oportunismo de esta gente, es que, siendo filosóficamente Chicago Boys, insistan en postularse en el PLN en vez de buscar alguna tienda afín a su filosofía neoliberal, o fundar su propio partido como honesta y valientemente lo están haciendo otras gentes de filosofías o doctrinas distintas que aspiran a gobernar nuestro país.

Por otro lado, hay quienes se fueron del partido despotricando en contra del PLN y de los liberacionistas con toda clase de epítetos insultantes, para irse a otras tiendas, o a formar la propia. Y que después de fracasar; regresan pretendiendo aspirar a la candidatura de nuestro partido.

Señalo y aclaro que hay que celebrar que las gentes que se fueron del Partido Liberación Nacional, aún despotricando y que no dieron pie en bola en ninguna de las tiendas en que se refugiaron; regresen admitiendo su error, y que, no fueron capaces de hacer nada en aquellas otras tiendas. Lo malo es que el PLN les permita que regresen sin obligarlos a colocarse detrás de la fila, expiar su culpa, reconocer su error, y que demuestren que están dispuestos a “portarse bien” para volver a acumular méritos. ¡Ah no!, les permitimos brincar la fila y colocarse adelante como si nada hubiera pasado. Es como premiarlos por habernos abandonado. ¡Vaya mensaje y ejemplo de impunidad que estamos dando a nuestros jóvenes! O sea, el anuncio es: si no les gusta algo del PLN, pueden despotricarse e irse, porque que aquí les estaremos esperando con los brazos abiertos para premiarlos a su regreso. ¡Recórcholis! Es sorprendente e increíble que esto pase y siga pasando en el que se supone el partido modelo y de mayor experiencia de la América Latina.

Cuánto estamos deshonrando la memoria de nuestros padres fundadores: Don Pepe, Don Chico, Don Daniel y Don Luis Alberto; al convertir al otrora glorioso Partido Liberación Nacional en una franquicia corriente y ordinaria a lo Mc Donald’s, Taco Bell o Pizza Hut; como bien lo apuntaba un muy estimable amigo y compañero de partido.

El PLN un barco de vela sin ancla ni timón

Por todo lo anterior, el Partido Liberación Nacional, en su condición de franquicia, es como un barco de vela sin ancla ni timón, que en forma errática va para allá y para acá, según la dirección y la intensidad del viento que sopla al momento. O sea, según el franquiciario que la adquiera cada cuatro años.

Así las cosas, permítanme parafrasear parte de una muy sabia retahíla de mis muy queridos amigos guanacastecos, diciendo que, al pasar Liberación Nacional de partido político a franquicia; en realidad, ha pasado de zapato a caite.

¿Por qué se le pegan tantas pulgas al PLN?

Sin tomar en cuenta los casos en donde no existe democracia, el PLN ha sido sin lugar a dudas, el partido político más exitoso y ganador de la América Latina. Y es justamente su condición de partido ganador, la que lo ha hecho muy atractivo para mucha gente que, sin ser socialdemócratas, por falta de honestidad intelectual y, queriendo “ganar” a como dé lugar, se apuntan con Liberación Nacional. Pero, desgraciadamente, el PLN lo permite.

La capacitación en Liberación Nacional

No me canso de señalar la siguiente paradoja: que, habiendo el PLN surgido del Centro de Estudios para los Problemas Nacionales, luego del cual se convirtió en un partido político para implementar aquellas extraordinarias ideas que salieron del Centro. Hoy no sólo ya no estudia, sino que, ya ni siquiera es un partido político, sino una franquicia política.

Y sé y comprendo que alguna gente que no me conoce, estará pensando que la crítica es fácil cuando no se tiene que responder con hechos. Por supuesto que los entiendo, pero aclaro que, en varias oportunidades, y, sobre todo, tan reciente como hace menos de un año, constituimos un equipo de hombres y mujeres socialdemócratas y le ofrecimos a las autoridades del PLN empezar un robusto programa de capacitación de los cuadros y miembros en general del partido; y en todos los casos dicho ofrecimiento cayeron en la vorágine del electoralismo.

Hoy, porque muchos seguimos creyendo en lo esencial de la capacitación política y que es imposible enfrentar con éxito la creciente exigencia de la complejidad de la gobernanza en nuestro país sin formación política; es que junto con las autoridades del Centro de Estudios Democráticos de América Latina (CEDAL), creamos la Dirección de Capacitación, constituida por un muy respetado grupo de costarricenses. Y estamos terminando de montar un robusto programa de formación y capacitación política que lleva por nombre, Curso de Capacitación Política del Siglo XXI; con el que esperamos comenzar a forjar líderes políticos a partir del mes de febrero, y al cual, podrán matricularse todos los costarricenses con vocación democrática y que desean ejercer algún tipo de liderazgo político en los próximos años.

Concluyo, señalando para recordar que, por constitución y por ley, los ciudadanos delegaron la gobernanza del país en los partidos políticos. Sin embargo, estos, demostrando la irresponsabilidad más grande, no estudian ni preparan a sus cuadros para asumir el enorme reto y desafío de gobernar responsablemente al país; sobre todo ante un mundo y una Costa Rica crecientemente más complejos; lo que exige líderes y gobernantes preparados para la complejidad. Pero nada de lo anterior es posible, si los partidos políticos no se preparan para gobernar, respondiendo así a la exclusividad que constitucionalmente les da los ciudadanos para gobernarlos.

Por todo lo anterior, no me canso de repetir con una gran aprensión, pena y tristeza: ¡Pobrecita Costa Rica!, ¡Pobrecito mi país!

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Ingeniero.


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