Las cosas en su verdadera dimensión

¿Y usted que opina?

Fernando Berrocal

Fernando Berrocal Soto

Después del fallo de la Sala Constitucional, declarando que no existen inconstitucionalidades, ni por la forma ni por el fondo, en la ley de Reforma Fiscal aprobada en primer debate por la Asamblea Legislativa, algunos piensan, superficialmente, que todo está resuelto y que se salvó el país, al tanto que otros no dejan de decir, neciamente, que los ricos y poderosos se salieron con la suya y que “la lucha continúa”, porque al país se lo robaron los neoliberales.

Ni lo uno ni lo otro.

La verdad es que, apenas se dio un pequeño pasito hacia adelante y que el país debe hacer grandes y obligadas transformaciones si queremos hacer de Costa Rica un país del primer mundo, como es la gran aspiración nacional por la que tenemos que luchar y que nos merecemos los costarricenses, en el medio de América Latina, potenciando las fortalezas objetivas de nuestro país, el nivel educativo de nuestra gente y, sobre todo, a base de innovación, iniciativa y mucho trabajo para insertarnos, correctamente, en el mundo que vivimos.

Para comenzar, los nuevos ingresos alcanzarán, cuando mucho, el 1,9% del PIB y se comenzarán a recibir en el año 2019. Eso obliga a un plan estricto de control efectivo del gasto público en el gobierno del presidente Carlos Alvarado y no solo en el Poder Ejecutivo y en las más de 300 instituciones autónomas y descentralizadas, sino también en la Asamblea Legislativa, el Tribunal Supremo de Elecciones (reducción por ley del 75% de los fondos del pago de los gastos de las campañas electorales) y en el Poder Judicial.

Esto pasa por establecer un límite a las pensiones, revisar y eliminar pluses estrafalarios y por una ley de empleo público, como está planteado en la agenda de la Asamblea Legislativa.

Además, implica el debate y la aprobación legislativa de un ambicioso plan de reformas constitucionales y legales, para modernizar estructuralmente y oxigenar el Estado Costarricense y las relaciones de independencia y cooperación necesarias entre los Poderes del Estado, así como entrarle a fondo a la urgente reforma política y democrática que necesita Costa Rica.

A partir de ahora hay mucho por hacer y vendrán nuevas confrontaciones, no entre patriotas y neoliberales, como falsamente algunos dicen, sino entre quienes defienden el sistema de inaceptables privilegios públicos y políticos en que terminó siendo la II República y quienes aspiramos a una III República, en que con visión de futuro y con mucho pragmatismo y sentido verdadero de la justicia social y del bien común, así como del desarrollo económico integral, queremos una Costa Rica que sea capaz de insertarse con éxito en el siglo XXI.

Esa Costa Rica la podemos y la debemos alcanzar.

Con lo que ha se ha logrado, doña Rocío Aguilar apenas podrá recurrir a las instancias internacionales para conseguir los dólares que necesita el país para renegociar la enorme deuda nacional y medio ordenar las finanzas públicas.

Eso es todo y era un primer paso necesario. Ahora sigue lo más importante.

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