La tormenta perfecta

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El Sereno

Álvaro Campos Solís
campos.solis.alvaro@gmail.com

Alvaro Campos

La impresión que dejan los acontecimientos que estamos viviendo es que el mundo atraviesa por la tormenta perfecta. Los acontecimientos parecen encadenarse para un cambio cuyos resultados o consecuencias nadie puede predecir. Es como si el mundo estuviera pariendo, solo que para ese parto no hay ultrasonido que permita conocer cómo será la criatura que habrá de nacer. Puede ser hombre o puede ser mujer. A lo mejor es hermafrodita, mito que alude a la mezcla de mujer y hombre. Puede nacer un bebé robusto, hermoso, saludable; también puede surgir un monstruo como el que ha gobernado el mundo entero usando tan solo dos palabras: capitalismo y comunismo que a su vez nutrieron su discurso con solo dos palabras: democracia y progreso. La tragedia empezó cuando la propuesta de los líderes no correspondió con las necesidades de los pueblos, pues no hubo democracia, en el sentido de igualdad, y el progreso no llegó nunca. La palabra progreso entendida no solo el desarrollo de la estructura de pueblos y ciudades, sino también una educación que corresponda al tiempo y a las circunstancias. Denle una miradita a la educación en nuestro país. Ah, y no se les ocurra compararla con la de naciones europeas y asiáticas. Da tristeza. Claro, los políticos criollos prefieren compararla con la educación que se imparte en el resto de los países centroamericanos. En nuestro medio y en numerosos casos el bachillerato de educación media apenas sirve para “jugársela”.

El comunismo cayó en el descredito y luego se precipitó al abismo. Por el mismo sendero va el capitalismo que algunos redujeron a la acumulación de riqueza en beneficio de unos pocos y el empobrecimiento de pueblos enteros hasta convertirlos en miserables. Y lo más grosero, con el aplauso de otros pueblos que celebraban el empobrecimiento de su vecino, de su hermano.

A esos pueblos les recetaron todo tipo de guerras, armaron a grupos antagónicos o la potencia regional les dio recetas que ni siquiera eran placebos, eran recetas orientadas a su desaparición física sobre la faz de la tierra.

Desde hace varios años la economía viene dando tumos. Los dueños del capital estaban convencidos de que el dinero era elástico y que se multiplicaba por si mismo. Bastaba con prestar dinero, con intereses de usura, para que las reservas aumentaran de manera exponencial. Las naciones pobres no pagaban ni siquiera los intereses. menos el principal. Así la pobreza adquirió rango universal. Además, gestionar préstamos dentro y fuera del país se convirtió en un estilo de gobierno. De esa manera los gobiernos perdieron capacidad de maniobra, ya que los acreedores también tenían mucho que decir. En Costa rica los funcionarios del FMI han llegado a golpear la mesa en Casa presidencia y en el Banco Central. Lo hicieron en la Administración Carazo y adquirieron la costumbre. Y no se les puede decir nada, porque surge la amenaza de la represalia, en caso de concretarse la pobreza del país tocaría fondo.

De un pronto a otro surgió un virus que produjo una pandemia mundial, la cual tiene cuatro consecuencias: empezó a matar individuos y a contagiar sociedades, terminó de quebrar la economía, multiplicó la pobreza y ha puesto al descubierto que en el mundo de hoy no hay líderes y si los hubiera, la gente con visión no tiene poder. Un vistazo por América Latina nos demuestra la ausencia de líderes y las grandes heridas históricas o recién abiertas que amenazan la precaria estabilidad que queda. Estados Unidos, México, Brasil y Argentina ya no brillan con luz propia. A unos lo ha afectado la ambición y la prepotencia, a otros la corrupción. En ese sentido, nuestro país no ha sido la excepción. La mezcla de política y religión, como condición para alcanzar el poder, también se convirtió en otra de las desgracias de naciones en el mundo entero, con un elemento adicional: aumentó la crispación social y los conflictos surgieron con el acelerador a fondo.

Y como las desgracias nunca vienen solas, estamos en plena época de huracanes que todo lo dejan en el suelo, hasta la capacidad de las familias por recuperarse y empezar de nuevo. En Estados Unidos, hasta hace pocos días estaba estacionado el huracán Isaías. Causó estragos. Pero también tiene otro ¨huracán, con figura humana, con epicentro en Washington y baña al mundo entero: Donald Trump. Un tipo racista y conflictivo. Dividió al país en dos, básicamente negros y blancos, pobres y ricos y un discurso amañado tratando de conservar el poder por otros cuatro años. En la acera del frente un hombre avejentado y achacoso, pretende conducir los destinos de la hasta ahora primera potencia mundial. Se llama Joe Biden y lo postula el Partido Demócrata. Por primera vez, en muchos años, en la Unión Americana, se escuchan palabras que antes eran de uso común en el Tercer Mundo, como “fraude electoral” y “golpe de estado”. Solo falta que en los grandes periódicos aparezcan las palabras “guerra civil”, en referencia a los Estados Unidos, pues todos sabemos que la estupidez humana es infinita.

En el ámbito nacional, decenas o para ser más exacto, centenares de aspirantes a puestos de elección popular esperan el banderazo para salir a buscar el voto que los lleve hasta Casa presidencial o a la Asamblea Legislativa. El asunto es que aparezca uno solo que tenga la respuesta a dos necesidades del pueblo: trabajo y comida. Dos necesidades que requieren una solución urgente y por lo tanto no caben promesas. Se acabó el tiempo de ofrecer obras de infraestructura, que en épocas normales, los gobiernos y los Ministerio de Educación Pública y el de Obras Públicas y Transportes hacían alarde de chapucería e indolencia. El diseño y los costos para construir puentes y carreteras eran un festín. En el MEP no había voluntad para reparar y construir colegios y escuelas. Ahora ya no hay dinero, Lo único que queda intacta es la burocracia. Sin embargo, algunos políticos de tercera y cuarta categorías insisten en criticar al gobierno, como si allí estuviera la huaca de los votos para convertirse en presidente o diputado. En síntesis: denme una solución y les doy el voto. Dando y dando.

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Periodista


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