La reforma fiscal

De José Calvo

José Calvo

José Calvo

En Costa Rica lo que se necesita es una reforma fiscal de verdad, pero no se discute. Se mantiene calladita. Y contribuye a ese silencio el “funcionariado”, que es la palabra que acuñó el profesor Navarro de la Universidad de Cataluña y de Columbia, para designar al 15% en complicidad con el 1%, en sus propósitos de dominación del 84% restante; porque no es concebible que nos domine solo el 1%.

Se me hace que por eso no se habla en serio en Costa Rica de una reforma fiscal. Y por eso es que cada vez que llega a la Asamblea Legislativa el tema de una reforma fiscal —y llega allí con frecuencia por la necesidad—, termina en otro paquete fiscal sobre los hombros del 84% de la población.

Los ricos, como el candidato de Liberación Nacional que le dio su apoyo a Fabricio Alvarado, esperan otra mala calificación de Fitch para echarse más plata a la bolsa; pues son ellos los que tienen esos bonos del gobierno, que financia su déficit, no con una reforma fiscal, sino con otra emisión inorgánica: un paquetazo.

Y ¿por qué no vemos una discusión sobre este tema en ninguna parte? Pues porque le tenemos mucho miedo a don Fulanito, que tiene esos bonos, a quien beneficia la mala calificación de Ficth, porque le suben los intereses. Y mientras tanto, otro paquetazo en la Asamblea Legislativa sobre los hombros agobiados del 84%.

Todo esto se hace con la activa colaboración del “funcionariado”, que es el cómplice principal de 1% que tiene los bonos.

Pero estamos empezando a ver la desaparición de los privilegios del funcionariado, ya se habla del régimen de pensiones del Poder Judicial, financiado por el Poder Ejecutivo. Y se habla de someter a estudio independiente el régimen de pensiones de La Caja, igual.

Cuando el candidato a quien me refiero se da cuenta de que su partido ya no es fuerte, va corriendo donde el cree que va a ganar a sobarle la leva: está cuidando así sus centavos: no sea que se le ocurra proponer una reforma fiscal.

Lalo nos contó como el papá lo mandaba de niño al Banco Central a comprar un bono de la deuda apenas tenía el dinero, que abundaba en su familia.

En tiempos de crisis los ricos se niegan a una reforma fiscal de verdad porque alegan que se hace para aumentar los privilegios del funcionariado; y eso es verdad. Pero mientras el Estado no pueda ser el “empleador de última instancia”, no se puede vender la producción porque la gente no tiene plata para comprarla. Y no se puede vender la producción porque no hay nadie que le de trabajo a los desempleados y el Estado no lo puede hacer porque le da mala nota la calificadora.

Lo que hay que hacer es una reforma fiscal verdadera comprometiendo al Estado de que es solo para convertirse en el “empleador de última instancia”. Se puede hacer comprometiendo solo a los que tienen los bonos de la deuda, y el Banco Central sabe bien quiénes son; los mismos que protege ahora la calificadora de riesgo. Ahora no se les puede gravar porque esos son los que nos permiten endeudarnos: ¡valiente cosa!

Una vez que se venda la producción, y se salga de la crisis, el Estado se puede ir saliendo de su papel de “empleador de última instancia”.

Y si la producción la hace la máquina, razón de más para que se haga una reforma fiscal. Para que el Estado nos de la “renta pública garantizada”. Para rascarnos entonces la barriga.

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