La prensa de EE.UU. se alejo de América Latina

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El Sereno

Alvaro Campos Solis
Campos.solisl.alvaro@gmail.com

Alvaro Campos

Las visitas de la prensa de los Estados Unidos a los países de América Latina se han tornado esporádicas. Sus periodistas ya casi no vienen por acá. Ahora sus esfuerzos están concentrados dentro de lo que ocurre en su propia parcela y los sobresaltos que promueve el presidente de turno. Es como si las tragedias que antes sufrían los países de la región de habla hispana, portuguesa (Brasil) y francesa (Haití) se hubieran trasladado al país norteamericano, donde los periodistas cubren diversas y frecuentes catástrofes y disturbios y los analistas políticos empiezan a usar términos tan increíbles como “fraude electoral” y “golpe de estado”. Es como si los Estados Unidos se hubiera convertido en una república bananera. Expresión peyorativa para describir a un país considerado políticamente inestable, empobrecido y atrasado. Esa era la imagen que proyectaba América Latina en el siglo anterior. Algunas naciones siguen proyectando esa imagen.

Hasta hace pocos años la visita de la prensa norteamericana a la región tenía como propósito, por lo general, darles cobertura a los efectos dejados por un terremoto, un huracán o un golpe de estado, de los tantos que se registraban en la región y eran anunciados en Washington desde antes de que ocurrieran. Por lo general los daños eran más cuantiosos cuando en la tragedia intervenía la mano del hombre y no la naturaleza. Un terremoto tarda segundos, un huracán tarda minutos. La recuperación de los daños que dejan los fenómenos naturales tarda meses o años. La recuperación de un golpe de estado tarda décadas y en ciertas ocasiones las heridas no logran sanar y hasta se enconan por siglos. En ese sentido, los Estados Unidos son el mejor ejemplo. La guerra de secesión mantiene las heridas abiertas y las que estaban a punto de sanar se volvieron a abrir. El detonante fue que un policía blanco matara a otro ciudadano negro más.

En la actualidad el golpe de estado está sustituido por la guerra económica, un recurso más efectivo y más doloroso. Las guerras se ganan por hambre. Ahora las guerras ser libran por control remoto, el triunfo lo tiene asegurado el dueño de la tecnología. Por la misma razón, las grandes potencias se abstienen de entrar en un conflicto armado. Entre ellos una escaramuza diplomática es suficiente.

Ahora la estación de radio y televisión que más se interesa por la región es CNN en español, pero poniendo el foco de su atención en tres o cuatro naciones cuya ideología impuesta por sus gobiernos (Cuba y Venezuela) no son del agrado de Washington ni del establishment norteamericano.

Esa televisora nos habla constantemente y con tono crítico de Fidel Castro y de Hugo Chaves, pero evita mencionar a dictadores tan célebres por su crueldad como Gerardo Machado y Fulgencio Batista (Cuba), Rafel Leónidas Trujillo (República Dominicana), Françoise Duvalier, conocido como Papá Doc (Haití), Carlos Castillo Armas (Guatemala), Tiburcio Carías Andino (Honduras) Familia Somoza (Nicaragua), Rafel Videla (Argentina), Augusto Pinochet (Chile), Alfredo Stroessner (Paraguay), Hugo Banzer (Bolivia), Humberto Branco, (Brasil), Juan Velazco Alvarado (Perú), Porfirio Díaz (México), Gustavo Rojas Pinilla (Colombia), Aparicio Méndez, Uruguay, además del inefable Manuel Antonio Noriega, Panamá.

Según los informes históricos fueron casi una veintena de países los que pasaron por las manos de estos nocivos personajes. De la región solo se salvaron naciones como Costa Rica, Jamaica, Belice, Canadá y Estados Unidos. Este ultimo es lógico que no aparezca en la lista, pues era el patrocinador. En Cuba el patrocinador fue la Unión Soviética.

Eran tiempos en que América Latina se convirtió en campo de juego de los Estados Unidos y la Unión Soviética, cada quien tratando de imponer su modelo capitalista y comunista, respectivamente. A ninguna de las dos potencias les importaba la legitimidad del gobierno que imponía, tampoco les preocupaba si las dictaduras de ambos signos recurrían, a las torturas, asesinatos, juicios sumarios, desapariciones forzosas, lanzamientos al mar de adversarios con vida desde aviones militares, violaciones a los derechos humanos y la proscripción de las libertades de prensa.

Pero antes de la Guerra Fría que comenzó en 1945, al finalizar la Segunda Guerra Mundial y terminó en 1991, con la desaparición de la Unión Soviética, en Cuba se registraron golpes de estado como los de Gerardo Machado y Fulgencio Batista. Incluso, esa misma nación tuvo un gobierno un tanto folclórico, el de Manuel Márquez Sterling quien solo permaneció en el poder seis horas y media. Otros renunciaron o fueron derrocados o destituidos. Es la historia y no deberíamos ignorarla. Como dice la misma gente de CNN en español: cuando el contenido del vaso está a la mitad, no está ni medio lleno ni medio vacío.

Ojalá que la prensa de los Estados Unidos -si es que nos vuelve a visitar- se atreva algún día a contarnos lo que ocurrió durante esas dictaduras. Por qué Haití es considerado el país más pobre de la región y que relación tiene que ver esa condición con los pagos que tuvo que hacerle a Francia, por su independencia. Que nos revelen algún detalle acerca de las condiciones en que viven los campesinos y los indígenas de naciones como Bolivia, Perú, Ecuador, Guatemala y México. Focos de infección que amenazan al resto de la población, en tiempos de pandemia. Sobra el material, como se dice en el argot periodístico.

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