La Patrulla Internacional de Bares: La reivindicación de los musulmanes (Bares en Uzbekistán)

Especial para Cambio Político

SEMPER COMPOTATIUM

Y LLEGO LA PATRULLA DE BARES

Al rescate de la más noble de las tradiciones culinarias costarricenses: la boca
Enemigo mortal del karaoke y los bares de pipicillos

Patrulla de BaresMisión: Bares en Uzbekistán
Dónde: Uzbekistán, Asia central (ver mapa)

Los lectores avezados de estos relatos patrulleros, recordarán que la fama universal de este Cronista lo ha hecho ser convocado a mostrar su hidalguía en todos los rincones del planeta, siendo incluso que el Infiel en varias ocasiones lo ha llamado a visitar sus comarcas. Pero no siempre moros y sarracenos han resultado buenos anfitriones y no hace mucho tiempo en un malvado emirato denominado Qatar, en medio de sofocantes temperaturas se recibió la afrenta de no tener acceso a ningún refrescante elíxir fermentado o destilado, lo que movió al Cronista a una rápida retirada y un solemne juramento de no volver a pisar aquel pérfido reino.

Pero el honor llama a sacrificarse y de nuevo el Cronista emprendió una jornada a Oriente, esta vez al corazón de la ruta de la seda, al antiguo imperio del gran Tamerlán. Como precaución mandatoria, de previo investigóse los antecedentes del principado, que para alivio de la humanidad permite el consumo de licores gracias a su pasado soviético. Parafraseando a cierto presidente uruguayo, donde hay rusos hay alcohol y como dijo un lugareño al ser interrogado sobre la aparente contradicción, si bien es cierto el Corán impide los traguitos, como Alá es misericordioso, luego ellos piden perdón.

La comarca objeto de la presente reseña denomínase Uzbekiztán y para ubicarla en el mapa es muy fácil referirse, pues se encuentra enclavado entre Kazajstán, Kirguistán, Tayikistán, Afganistán y Turkmenistán. Es un país aislado del mar, con la particularidad que todas las naciones con las que limita, tampoco tienen costas. Para ubicarse más fácilmente, solo basta tomar un globo terráqueo y buscar el extremo opuesto del planeta.

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Uzbekistán

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Uzbekistán 41.013066, 64.511719

 
La travesía comenzó en la antigua ciudad de Khiva, otrora capital del reino de Corasmia, una villa fundada según la leyenda por Sem el hijo de Noé y cuya historia documentada abarca los últimos cuatro milenios. Su centro urbano, denominado Itchan Kala, implica un viaje atrás en el tiempo lo cual significa en estas épocas un imán de turistas y para felicidad de este Cronista, de la provisión de agradables fondas dotadas de amplios enfriadores de bebidas. La mejor opción sin duda es el Terrassa Cafe, ubicado en la plaza de la madrasa de Mohamed Rakhim Khan, en donde se pueden apreciar unos atardeceres espectaculares desde una terraza ubicada en un tercer piso y aunque obviamente el propósito del lugar no es etílico, hay cerveza local y agradable comida para aliviar las pesadas jornadas desérticas. Como importante y grato detalle, las cervezas se expenden en envases de medio litro, así que se degustaron una Sarbast y una Qibray junto con un agradable trozo de pollo con unas especias exquisitas.

Atardecer en Khiva en donde se aprecia el Terrasa Café en la parte inferior izquierda

Atardecer en Khiva en donde se aprecia el Terrasa Café en la parte inferior izquierda

Luego de atravesar el desierto de Kizil Kum, la siguiente escala del Cronista fue la antigua satrapía Sogdiana con su capital Bukhara, otro lugar lleno de mezquitas y madrasas espectaculares, con una acogedor rincón denominado Lyabi Haus, ubicado frente a un estanque en donde incluso se puede pescar. En su costado norte hay un restaurante del mismo nombre que es lo más parecido a un bar occidental, pues por la noche resulta invadido de sedientos turistas, que son servidos con agradables cervezas heladas y deliciosas viandas locales. El mostrario de cervezas se amplió con una Ruzhskoye “super light” de sorprendentes 10,5% grados de alcohol (cómo será la fuerte) y una Pulsar, evidente evocación de una conocida cerveza checa y la boquita fueron unos exquisitos pinchos de carne de cordero.

La agradable veranda del restaurante Lyabi Haus

La agradable veranda del restaurante Lyabi Haus

El periplo del Cronista finalizó en la legendaria Samarcanda la gloriosa capital del imperio timúrida, que al ser una urbe de mayores proporciones, le trajo más problemas a este narrador sobre el mejor lugar en donde ejercer sus cataduras. En la avenida Abdurahmon Jomiy ko’chasi hay varios locales con el inequívoco nombre “bar” así que allí emprendióse el patrullaje. Al primer intento se sufrió un violento choque cultural, pues el engañoso Babai Lounge Bar resultó ser un “shisha bar”, esto es, un lugar adonde se llega a fumar la famosa pipa de agua de los orientales, con la afrenta de que la única bebida disponible era Coca-Cola, así que sin mayor necesidad se hizo una presta huida y de vuelta en la calle, comprobóse angustiosamente que la mayoría de los locales que lucían muy atractivos en el mapa estaban cerrados. Otro lugar de nombre Relax estaba infectado del mortífero karaoke y un punto con el sugestivo nombre de Venezia resultó ser poco más que una ventana sin licencia para vencer licor. Engañoso Google Maps. Pero finalmente el olfato no falló y justo antes de que la jornada terminara en tragedia venturosamente y como un oasis apareció el Old City, en donde inmediatamente se pudo comprobar la existencia de una nevera bien provista de cerveza y la existencia de un menú en inglés, algo vital en un paraje en donde no se habla en cristiano. Los caldos degustados fueron una Zlata Praha y otra versión de la Sarbast, la marca más popular del país. La jornada gastronómica incluyó dos platos genuinamente locales, el kebab, los famosos pinchos de carne, que venía presentado debajo de un mar de cebolla y el plano nacional uzbeko el plov, que es un arroz al que se le coloca un cordero estofado con zanahoria, ajo y cebolla que la verdad no resultó tan apetitoso como se imaginaba.

Orgullosa muestra de la producción uzbeka

Orgullosa muestra de la producción uzbeka

Luego de finalizar con honores su último recorrido, el Cronista ha recuperado para sí el buen nombre de los mahometanos. Es obvio que en aquellas latitudes no es necesario invocar a ninguna moderna cruzada para una evangelización etílica y en lo que a la literatura respecta, solo queda entonces seguir examinando el mapamundi, para ver en donde será la próxima abnegada crónica.

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