La Patrulla Internacional de Bares: Et in paradisum ego (Donostia)

Especial para Cambio Político

SEMPER COMPOTATIUM

Y LLEGO LA PATRULLA DE BARES

Al rescate de la más noble de las tradiciones culinarias costarricenses: la boca
Enemigo mortal del karaoke y los bares de pipicillos

Patrulla de BaresMisión: San Sebastían (Donostia)
Dónde: Golfo de Vizcaya, España (ver mapa)

San Sebastian (Donostia)

Cuando este Cronista era un mozalbete y completaba su docta formación en un Colegio Mayor peninsular, acostumbraba a dedicar su solaz a recorrer distintas comarcas ibéricas con la consiguiente catadura de las viandas ofrecidas en los mesones y tabernas locales. Una de aquellas venturosas incursiones fue en la guipuzcoana villa de San Sebastián denominada Donostia por los lugareños en su incomprensible lenguaje. Cual recuerdo paradisíaco, en aquel venturoso periplo se produjo el primer contacto con los afamados pintxos1, pequeñas rebanadas de pan sobre las que se colocan creativas porciones de comida. El casco antiguo de la ciudad está poblado de múltiples y acogedores bares que compiten por ofrecer los pintxos más llamativos y sabrosos y dada la sana costumbre española de la “marcha”, que impide quedarse en un mismo lugar por más de una bebida, aquel primer acercamiento posibilitó degustar innumerables delicias.

Un segundo capítulo de esta feliz historia involucra a un noble estamento easonense, conocidos como los Caballeros de Rivendel, a los que este Cronista tuvo la gran fortuna de conocer en sus hidalgas andanzas. Esto permitió forjar una duradera amistad que por supuesto dio lugar a múltiples gloriosas aventuras gastronómicas que sería muy largo enumerar en este momento. Lo que importa narrar es lo vivido en la última expedición donostiarra, la cual tenía un fin exclusivamente culinario.

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San Sebastian (Donostia)

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San Sebastian (Donostia) 43.318309, -1.983290

 
Para el viajero primerizo, el consejo de oro es buscar alojamiento en el casco antiguo de la villa, en donde hay una enorme densidad de bares y las estrechas calles peatonales permiten una resguardada peregrinación. Este Cronista escogió una estratégica posada y nada más llegar, confiado en el venturoso azar, escogió visitar el bar más cercano que apareciera a la vista, siendo la Fortuna sumamente generosa, pues el Nagusta Lau estaba justo terminando la preparación de sus magníficos pintxos del mediodía, que pronto fueron abordados por una ávida muchedumbre. Este aperitivo incluyó una txistorra con huevo y un camarón con surimi y huevo duro, hubo que hacer un gran esfuerzo para no seguir comiendo, pues pronto iba a llegar uno de los Caballeros de Rivendel a servir de sacrificado guía local. Para evitar cansadas redundancias, se omitirán los comentarios sobre el sabor de las viandas, sencillamente todas estaban deliciosas y se deja a la imaginación del lector el paladeo de las ilustraciones.

Ya enfocados en una metódica revisión académica, la siguiente escala fue en Txepetxa en donde se degustó un pintxo de anchoa con crema de centolla, maridado con Txacolí, un vino blanco vasco de sabor algo ácido.

Donostio

Una lluvia pertinaz no impidió la continuación de la noble misión, que hizo escala en Bocaberri, en donde se probó una terrina de foie, maridada con un Rioja crianza.

Donostio

Cerca estaba Astelena, en donde las carnes son la especialidad, por lo que hubo que degustar un solomillo, maridado con una Keler, la cerveza local que por cierto se consigue por estos lares.

La siguiente estación fue Casa Urola, en donde se ingirieron unos txipirones a la plancha con patata rote tximi txurri (sí, chimichurri, el original suramericano, no el que los polos le dicen al pico de gallo, se ve vacilón escrito al estilo vasco).

Realmente hay exquisiteces y sofisticaciones en este vecindario, en el Bar Mendaur probamos un arroz trufado con foie.

Donostio

Y para cerrar la primera parte del glorioso mediodía, en Koh Tao se optó por algo más convencional de la cocina española, una croqueta de jamón, pero ante tanta delicia no se resistió a la tentación.

Donostio

Esta ufana historia está lejos de terminar, pero obviamente había que conceder un descanso al tracto digestivo, además en España se es muy estricto con la hora de la siesta, muchos lugares cierran y los pintxos sobrevivientes son retirados a las cocinas en espera de la jornada nocturna.

Haciendo gala de fortaleza física, la jornada vespertina contó con el refuerzo de la garbosa Dama del caballero rivendeliano quien se sumó a la sufrida jornada. Esta etapa se inició en Ganbara, en donde se probaron un espárrago rebozado y un hojaldre de txistorra.

El sacrificio continuó en La cuchara de San Telmo, con una oreja de cerdo prensada, melosa y crujiente, con puré ligero de lentejas del Tuy.

El siguiente acogedor fue Txuleta, en donde por supuesto se pidieron pintxos de txuleta.

Donostio

Para coronar estelarmente en A fuego negro se probó una hamburguesa de carne de Kobe, que de español obviamente no tenía nada pero igual estaba exquisita, para compensar se combinó con un postrecito de rawbrownie de rabo de toro.

Y para incurrir en el agradable pecado de la gula, hubo una última escala, en Gandarias, con un risotto de Idiazábal con hongos, el nombre es de un famoso queso de oveja local.

¿Qué más se puede decir? Solamente un agradecimiento infinito a los anfitriones por tan sibarítica experiencia y la reflexión de que en verdad el paraíso existe, solamente que al igual que en el relato bíblico, hay que trabajar muy duro para llegar a alcanzarlo, léase, para juntar la platica del viaje…

Y para terminar de salivar, en el vídeo del siguiente enlace algunos famosos cocineros hablan de sus pintxos preferidos de San Sebastián, en donde figuran algunos de los lugares reseñados

 

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1. La combinación de consonantes “tx” en euskera se pronuncia igual que la “ch” española, así que no hay que hacer mucho drama con la grafía de los vocablos de la presente crónica.


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