La Patrulla de Bares: No hay quinta mala (Bar Mi Quinta)

Especial para Cambio Político

SEMPER COMPOTATIUM

Y LLEGO LA PATRULLA DE BARES

Al rescate de la más noble de las tradiciones culinarias costarricenses: la boca
Enemigo mortal del karaoke y los bares de pipicillos

Patrulla de BaresMisión: Bar Mi Quinta
Dónde: Frente al estadio Coyella Fonseca, Guadalupe de Goicoechea (ver mapa)

Bar Mi Quinta

En una vetusta crónica, de un bar ya extinto escribimos: “Guadalupe en el pasado ha sido albergue de nobles bares, posiblemente por su cercanía con el Santo Grial cantinesco que en su época dorada representó Moravia. Todavía lloramos el cierre de Sergio’s, hoy convertida en vulgar lavandería, y temblamos de rabia cuando vemos que el local de la adusta San Antonio hoy está ocupado por un Subway (símbolo de ese proceso irracional de alienación por cosas de inferior calidad). También lamentamos el triste final del Manchester, y sufrimos no más de pensar que el único sobreviviente de tan dorada generación, el bar de Campitos, sucumba ante el peso de una modernidad mal entendida”.

Campitos todavía sobrevive, y con el tiempo han llagado nuevas tascas y fondas a la comarca guadalupana. Una de ellas la reseñamos hace poco, y ahora un patrullero visitó el Bar Mi Quinta que tiene, según nos cuentan sus “regulares”, unos 30 años de expender licores espirituosos; lo que le da derecho a llamarse de tradición. Estas cantinas, según una regla de oro no escrita de la orden de La Patrulla de Bares, casi siempre terminan entre las buenas. Y tampoco nos falló la regla en esta oportunidad.

El Bar Mi Quinta está ubicado exactamente frente al estadio Coyella Fonseca en Guadalupe, es imposible perderse. El estadio queda detrás de municipalidad. Muchas veces pasamos por esa comarca y había pasado desapercibida a los ojos avizores de este cronista, algo que por cierto no es muy frecuente, pues siempre estamos con el radar cantinesco encendido.

Todo en Mi Quinta es bien pequeño. Empezando por el local que solo tiene tres mesas de las normales y otras tres de las altas, pegadas a la única pared que puede tenerlas. La cocina, si es que se puede llamar así, es chirrisca, y la entrada se lleva casi la mitad del frente. Eso si, hay que tener cuidado, dado que para ingresar hay unas escaleras muy pronunciadas; el problema no sería al llegar, más bien al salir, por aquello de algunos tragos de más. Por si acaso, hay rampa para cumplir con la ley 7600, pero igual de pronunciada, por lo que hay que tener las mismas precauciones o mayores, según sea el caso. El cantinero también hace de mesero, que no es ningún problema por tener tan pocas mesas que atender. Por dicha la cocinera si es otra persona.

La oferta de bocas también es pequeña, comparada con otros lugares patrullados; aunque son 32 en total, suficientes para llenar las expectativas de cualquier patrullero. Son sencillas, y no hay ninguna que se pueda llamar especial, o que no figure en otros lados, salvo quizás el llamado arroz de la casa. Pero en esto radica lo bueno, dado que nos permitió catar las bocas, y al mismo tiempo tener un parámetro de comparación más riguroso con otros lugares patrullados. De todas las bocas, la única que se echa de menos es el gallo de chorizo, que no sabemos porque avatares de la vida, no forma parte de la oferta culinaria.

En cuento a las bocas, aquí se rompe el molde, ya que no son pequeñas, más bien de buen tamaño y con una generosa porción. Una de las primeras bocas catadas fue la costilla frita, que la traen con la costilla bien tostadita, acompañada de ensalada y un par de trozos pequeños de aguacate, junto a un limón; las costillas no duraron mucho, bien preparadas y de buen sabor. La torta de huevo es muy sencilla, viene acompañada de un par de tortillas, como manda el librito; aquí lo bueno es que el mesero-cantinero tuvo la amabilidad de preguntar si la queríamos con o sin olores, algo que se agradece. El taco de alambre muy bueno, la carne no estaba dura, con rodajas de cebolla y chile dulce, para quienes les gusta de esa forma; con una guarnición de ensalada verde, papas a la francesa, y hojuelas de plátano, que parecían ser de paquete, pero que le dieron un toque especial a la boca. Los dados de queso no es una boca que cumpla con la ortodoxia, al venir acompañada de ensalada y maduros, cuando normalmente viene sola; en total nueve dados de queso un poco pasados de sal, y no tan esponjosos como en otros lugares. El lomito suizo también es un poco diferente, para empezar no es realmente lomito, aunque la carne no está mal y pareciera ser del mismo tipo que la del taco de alambre; y el queso que normalmente es del tipo mozzarela, en esta oportunidad resultó Turrialba, viene acompañado de ensalada y con hojuelas de plátano; este cronista no sabe, si el resultado de esta boca es por una receta “original” o porque era el único queso que tenían en ese momento; pero no desentonó. La estrella de la noche resultó ser el chifrijo, que viene en una generosa porción acompañado de aguacate, y tortilla frita al estilo “mejitos“, seguramente de paquete; en este caso el patrullero que la ordenó, pidió el “pico de gallo” por aparte con lo que no hubo problema, el arroz y los frijoles vienen con caldito, pero no tan lleno, apenas para que no se sienta seco; pero lo realmente bueno es el chicharrón, que está en porciones muy pequeñas, por lo que casi no se ve, pero su sabor y textura se siente en el paladar con cada bocado.

El dios Baco nos favoreció para iluminar al patrullero que descubrió Mi quinta. Es el balance ideal entre precio y calidad de las bocas, amén que los tragos, birra incluida, tampoco son caros, no como en otros lugares que se han patrullado, que están bien de bocas, pero el precio es prohibitivo.

Un buen bar, aunque pequeño, pero tal vez ahí esté su fortaleza. Suponemos que en días de actividad deportiva, como las juegos de primera división de fútbol, debe ser un “llenazo”; por lo que hay que evitar esas fechas para ir. Aunque hay un máquina especial con pantalla plana, para hacer el fatídico karaoke, parece que la usan solo como una especia de “rockola digital”, y se ocupa plata para ponerla a funcionar, así que es poco probable que esto llegue a ser una molestia.

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