La Patrulla de Bares: Hay algo peor que el karaoke (Sanlitun)

Especial para Cambio Político

SEMPER COMPOTATIUM

Y LLEGO LA PATRULLA DE BARES

Al rescate de la más noble de las tradiciones culinarias costarricenses: la boca
Enemigo mortal del karaoke y los bares de pipicillos

Patrulla de BaresMisión: Sanlitun
Dónde: Beijing, China (ver mapa)

Sanlitun

ADVERTENCIA: Aunque estas Crónicas tienen como objetivo principal la estricta observación científica y su concomitante reflexión filosófica, para el solaz de los aficionados a los placeres sibaríticos culinarios regados con abundantes caldos fermentados o destilados, como el lector consuetudinario puede haber observado, no todas las experiencias narradas pueden ser agradables. Lo que viene a continuación es un relato realmente aterrador, espeluznante, horripilante. Algo para enviarle al peor enemigo. Definitivamente no se puede leer antes de dormir pues puede causar desasosegados sueños. Lo único bueno que se puede reseñar es que este abnegado Cronista sobrevivió a la experiencia.

Primero es importante repasar antecedentes. Hace un par de décadas, cuando la sufrida Patrulla aún no había nacido, este Cronista, deseoso de aventuras y coronar glorias, emprendió un viaje similar al de Marco Polo y terminó en la lejana Catay cuando todavía este reino no daba tanto que hablar ni recibía a tantos foráneos. Al llegar a la corte del gran khan, el temido rey malvado, fue alojado en una cómoda posada situada en una amplia avenida denominada “calle del estadio de los obreros”, para más señas, justo donde está la estación de metro Tuanjiehu, referencia obligatoria para quien visite el vecindario.


 
Ser un “ojos redondos” en Beijing en aquellos aparentemente lejanos días tenía un enorme problema por la barrera del idioma, tan es así que el amable posadero recomendaba ir a comer a un fonda con una enorme M amarilla, el único lugar en donde el menú estaba escrito en cristiano. Obviamente, este Cronista no había atravesado la mar océano y dos continentes para ir comerse una torta de un sucedáneo de carne entre dos lonjas de pan insípido, así que indagando con mayor profundidad, enteróse que cerca había la única calle con bares de la ciudad, la curiosa Sanlitun.

El origen de esta calle no es muy complicado de explicar, pues el rey malvado mandaba a residir en ese zona a los diplomáticos extranjeros. Así que al buscar los lao wai (término que significa extranjero de una forma no muy respetuosa que digamos) alguna diversión, pronto comenzaron a surgir algunos bares más menos a la usanza occidental. Como era de esperar, en ese entonces se convirtió un rincón acogedor para este sufrido Cronista, aunque los recuerdos de ese periplo son la ausencia total de buena comida en esos locales, el horrible sabor de la cerveza doméstica y la moda entre los nuevos ricos chinos de llegar a ostentar tomando tragos de coñac de 30 años.

Regresando a la época actual, recientemente este caballero decidió recorrer nuevamente la ruta de la seda y observar qué tanto había cambiado la suntuosa capital del norte, ahora ciudad globalizada y cabeza de superpotencia. Aunque viajaba con una nutrida hueste de aguerridos caballeros, el día de la incursión todos estaban agotados de los pesados menesteres turísticos, así que como es usual, quien esto escribe sacrificóse en aras de la ciencia y emprendió la expedición en solitario. Arribar a Sanlitun es muy fácil, pues al salir de la estación de metro citada, se camina por la avenida también aludida unos 500 metros hacia el oeste y se llega. El sitio cambió tanto y para mal, que deja muy atrás la traumática experiencia del pérfido emirato catarí recientemente narrada.

Resulta que al ser el lugar donde residían los extranjeros y llegaban los chinos con plata, se convirtió en lo que los snobs llaman un lugar que marca tendencias. Así que ahora reinan allí los especuladores inmobiliarios y lo que era antes una callecita estrecha con barcitos en locales de madera, ahora tiene en su entrada un ostentoso centro comercial, un enorme hotel de una cadena internacional y un sinnúmero de tiendas caras. La aglomeración es enorme, con todo tipo de gente, en donde destacan unos extraños fotógrafos que retratan a los visitantes sin pedirles su consentimiento, dicen que los envían las revistas para identificar las últimas tendencias de la moda, pero parecen más espías del rey malvado. El ambiente ahora es todo artificial, con altos precios y con ese repugnante tipo de gente que parece de plástico como dice la vieja canción.

Sanlitun

Pero el peor trauma fue ver en lo que se habían convertido los bares. La gran mayoría tienen ahora una enorme fachada de cristal, en donde se puede ver que adentro cantan mujeres jóvenes, lo más escasas de ropa posible. En cada puerta, hay un chulo necio que en un inglés atroz insiste hasta el cansancio que uno entre al local, según él pleno de bellas jovencitas y bebidas baratas. Si esto no fuese suficientemente repelente había una música fea hasta la maldad, una espantosa mezcla del karaoke más canalla, una melodía plancha con dos semanas de diarrea y la voz de una muchacha que con seguridad tiene orden de no acercarse a cualquier academia de canto. Y agréguenle una banda desafinada y con cara de aburridos a más no poder. Digno escenario para “Las desventuras del joven Werther” de Goethe, la novela más famosa que trata el tema del suicidio. ¿Se imaginan a este noble Cronista entrando a un antro tan horrendo? Como bien ha acotado acertadamente un patrullero, el karaoke es la venganza de los japoneses por la bomba atómica, es que si hubiera sido sólo una, pero fueron dos. Pues bien, este solitario e indefenso Cronista descubrió algo peor…

Por la más elemental prudencia humana este Cronista se rehusó a entrar. Afortunadamente. Relatos de otros turistas incautos narran que apenas sentado el comensal, le envían a una joven que no pide permiso, se sienta y ordena una bebida, casualmente con un precio astronómico. Y traen nuevas rondas sin haberlas ordenado. Si el turista se niega a pagar, es rodeado por varios gorilas que muy amablemente lo persuaden. O sea, asaltado luego de ser sometido a una tortura sónica.

No hubo más que poner pies en polvorosa y jurar nunca volver más a tan abyecto lugar, un rincón del averno inspirador de las peores pesadillas y desasosiegos posibles. El castigo del Creador por tanta maldad humana. La prueba fehaciente de que el apocalipsis, ya ha comenzado.

Sanlitun

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