La patria corrupta

Progresemos

Carlos Manuel Echeverria Esquivel

Carlos Manuel Echeverría

Aceptémoslo, mientras que como costarricenses no tomemos conciencia de que Costa Rica está en franca decadencia moral y de que en su esencia está corrupta, no podremos enfrentar la enfermedad, que si continúa expandiéndose y profundizándose acabará con la Patria que orgullosamente las generaciones pasadas construyeron desde que don Juan Mora Fernández se interesó por tener una imprenta en cada municipio, mientras países cercanos se preocupaban por cuantos arcabuces tenían.

Al costarricense, trabajador como ha sido en general, le ha gustado aprovechar la oportunidad de hacer plata fácil, en algunos casos de mala manera. Esto es un defecto humano, pero antes era aislado. En estos tiempos con el crecimiento económico, la cantidad de plata en circulación mucha generada ilegalmente, abre la posibilidad de satisfacer aspiraciones de sentirse parte del alto mundo internacional o por lo menos del mundillo exhibicionista local. Esto, ha llevado a muchos de todos los niveles sociales, a dejar de lado los valores y la moral tradicional costarricense. Se han metido en patrañas como las que veníamos viendo en muchos casos desde la Presidencia de la República como los temas de CODESA, el Fondo de Emergencias y los más recientes como “el cementazo”, así como los que hoy vivimos, con tal de satisfacer placeres algunos innombrables según dicen y muchas hasta de mal gusto, demostración de bajos niveles culturales y actitudes rústicas.

Es espeluznante lo que nos informa día a día la prensa nacional en sus diversas dimensiones comunicativas, sobre el llamado “caso cochinilla”, una red con ramificaciones y penetración profunda. Me temo que lo que vemos es la punta del iceberg, pues conocemos casos hasta en la CCSS que tanto queremos. Prácticamente toda la institucionalidad nacional presenta problemas de corrupción expresada en malversación de fondos, dádivas y hasta beneficios laborales otorgados sin justificación aceptable, proveedurías institucionales mal gestionadas, estudios de factibilidad mal hechos con tal de otorgar un contrato indebidamente, tráfico de influencias, etc, etc…la lista es interminable. Evidentemente donde hay plata accesible, como donde hay carroña, hay un zopilote. Con razón que el aparato estatal está arruinando nuestra economía.

Duele que haya no solamente corruptos sino también corruptores que inducen y se aprovechan de la debilidad o picardía de aquellos. Por cierto, me alegra que la UCCAEP se haya manifestado al respecto, pues el involucramiento de algunas pocas manzanas podridas pone en entredicho a quien produce y con su ingenio organiza los factores de producción, lo que no me parece justo ni constructivo.
El tema es complejo y de difícil análisis. ¿Cómo llegamos allí? El costarricense ama el poder y funciona mucho por su ejercicio o la ilusión de ejercerlo, más que por sacrificio que permite crear riqueza laborando honradamente, como se manifiesta en países desarrollados de primer orden. Evidentemente hay un problema de gestión a todo nivel. Las personas que gestionan entidades o divisiones al interior de aquellas, generalmente no están preparadas gerencialmente para hacerlo y la ética y moral dejan mucho que desear. Ellos son los que crean y alimentan la cultura en la instancia que gestionan, para bien o para mal. Es vital exigirle a nuestro sistema educativo a todo nivel el que le preste mayor atención a la formación ética y moral en primera instancia de quienes forman, para recuperar los valores que hoy no prevalecen. Me parece que la formación al menos por la vía de un Programa de Alta Gerencia en Gestión Pública de unos cuantos meses, debe de ser requisito fundamental para gestionar en cargos de jerarquía en el sector público.

La clave a corto plazo es sin duda la capacidad de ejercer la justicia en forma pronta y cumplida en todos sus extremos. Pronta porque con el tiempo todo se diluye, como lo estamos viendo en algunos casos y da pie para que de camino se compren conciencias. Cumplida porque esa es la esencia de la justicia, lo que en Costa Rica mucho se complica. No deja de asombrar también, la cantidad de casos que “se caen” porque la fiscalía recabó o mal uso las pruebas, etc, etc. Todo ello por supuesto que da que pensar hasta al más “pasmao”. Jamás aceptar la expresión de un presidente latinoamericano ya fallecido quien dijo que “la corrupción es el lubricante de la economía.” Denigrante al Ser Humano y destructivo.

Este es un país donde pocos de los que sirven públicamente renuncian cuando existen dudas de que hayan actuado correctamente o que lo pueda hacer a futuro. Esto es un tema ético y moral, no necesariamente legal. Por eso me ha extrañado la actitud de la señora fiscala, a quien no conozco ni personalmente tengo algo contra ella. A mi juicio, ella tiene una obligación gerencial que por razones propias de ella misma y su circunstancia no puede ejercer. Se ha inhibido de participar en prácticamente todos los casos delictivos de fuste en los últimos años en este país y otros pasan meses y hasta años sin resolverse, posiblemente y en gran parte al diluirse la gestión superior. Esto ha hecho que ella pierda la confianza de gran parte de la ciudadanía, posiblemente la más pensante. Duele, preocupa y pone a pensar el que la Corte Suprema de Justicia, haya buscado la forma de mantenerla en su cargo, en lugar de atender hasta el clamor de los propios funcionarios de la Corte, movidos, pienso, por un genuino interés de que el prestigio de la Corte Suprema de Justicia se mantenga o según la opinión de muchos se recupere.

Estamos ante una situación hasta cierto punto anarquizante, que puede llegar a consecuencias muy serias. En este momento y de aquí en adelante, es la justicia costarricense la que tiene “la papa en la mano”, pues hay casos suficientes como para dar un “golpe de timón” a lo que ha sido la degradación moderna. El componente educativo que mencioné es a más largo plazo.

Es “una prueba de ácido” de nuestro sistema jurídico. “Moral y luces, nuestras primeras necesidades”, decía don Simón Bolívar.


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Un comentario

  1. Gustavo Elizondo

    Muy bien Carlos Manuel, da en el clavo, ¿cómo bajo un mismo techo familiar se va a hablar de defender a corruptos y por otro lado de perseguirlos?, es un verdadero contrasentido.

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