La objetividad

Freddy Miranda Castro

La objetividad

Es un argumento que se usa como elemento de desautorización en debates y conflictos sociales: “Los medios de comunicación no son objetivos porque defienden los intereses de los poderosos”, etc. Es un estribillo reiterado en todo lado donde que se dan conflictos. Esa critica presupone que si existen unos medios objetivos que informan con desapego a interés alguno y que nada más informan sobre lo ocurre sin recurrir a propaganda ideológica o política alguna. Algo así como un relato desapasionado y descarnado de los hechos. ¿Será cierto que la conducta y la sociedades humanas pueden producir algo así de objetivo sobre todo cuándo se trata de ideas en conflicto que llevan a colisiones violentas de fuerzas sociales?

Todos cargamos nuestra mochila de ideas, de conductas preconcebidas, de la cultura en que estamos inmersos. Ser objetivos presupone algo así como una lógica implacable digna del Señor Spock que por cierto no era humano sino del planeta Vulcano. O ser como Data que tampoco era un humano sino un androide. En su investigación científica titulada “La Búsqueda de la Felicidad” Jonathan Haidt, señala que los dos principales mecanismos de socialización humana son la mentira y le chisme. Cuando alguien dice: “Yo nunca miento”. Está mintiendo en ese preciso momento y con plena consciencia. Todos mentimos, todos los días. Todos chismorreamos todos los días y acomodamos nuestra interpretación de la realidad a nuestras necesidades e intereses. Haidt citando a Roy Baumeister que hizo la investigación más completa sobre los orígenes del mal y la violencia, señala que las dos principales causas de la violencia, además de la codicia y el sadismo, son dos valores positivos que tratamos de inculcar a nuestros hijos: “Autoestima alta e idealismo moral”. Sin duda alguna todos los inquisidores y genocidas han tenido una autoestima alta y justificaciones morales sustentadas en idealismos sociales para explicar su violencia y sus matanzas. Es una violencia amorosa decían los inquisidores.

En resumen como dijo el poeta en Los Motivos del Lobo: “Mas empecé a ver que en todas las casas estaban la Envidia, la Saña, la Ira, y en todos los rostros ardían las brasas “de odio, de lujuria, de infamia y mentira”.

Alguien dijo que la primera víctima de la guerra, es la verdad. Y así es en guerras grandes o chiquitas, en conflictos familiares o sociales.

Pedir objetividad a los medios de comunicación y a las organizaciones humanas en términos de: “Perteneciente al objeto en si mismo, con independencia de la propia manera de pensar y sentir”. “Desapasionado, desinteresado”. “Que existe realmente fuera del objeto que lo conoce”. Es realmente un imposible. No existe un solo medio de comunicación u organización objetiva en el mundo. Lo peor es cuando se dice que la condición de clase o la bondad de los objetivos determinan la objetividad de un grupo social o un medio de comunicación al servicio de ese grupo. Eso tampoco existe. Hay quienes tratan de ser lo más veraces posibles y eso es bueno y no depende más que de una voluntad autoimpuesta o de la posibilidad de transgredir las leyes penales sobre infamia o calumnia. Pero nada más.

Lo importante es que cada quién sea libre de decir “su verdad” y en el juego de las distintas “verdades” cada quién tome posición. La educación y la información son vitales para no ser presa de la manipulación de cualquier grupo o medio de comunicación pública. Lo peor que podemos hacer es estigmatizar a un grupo o medio por las ideas que divulga o por su propiedad económica. El infierno absoluto sería prohibir determinados medios por su orientación política e ideológica e imponer una sola “verdad objetiva”. La infamia, la mentira y la difamación se pueden llevar a los tribunales. Pero la libertad de pensamiento y de información no se pueden sacrificar en el supuesto altar de una objetividad inexistente.


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