La lucha sin fin

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Fernando Berrocal

Fernando Berrocal Soto
Ex ministro de Seguridad Pública

Estamos terminando una de las campañas más duras y difíciles del Partido Liberación Nacional. Dos gobiernos liberacionistas y el sentimiento anti continuismo del país, han sido un obstáculo complejo de superar. Además, la sociedad costarricense ha cambiado profundamente y esa realidad se refleja en la política y, sobre todo, en el voto silencioso crítico que no reflejan las encuestas. De ahí que la campaña del 2014 haya sido una de las campañas políticas más atípicas de la historia nacional.

Pero también, nosotros, en Liberación Nacional, hemos cometido grandes errores. Sobre esos errores y desviaciones del proyecto social democrático, que es el fundamento y la razón de ser de nuestra participación electoral y cívica como partido político, la historia se encargará de sentar las responsabilidades que corresponden al interior de Liberación Nacional.

En unos casos, porque desde hace años no pocos dirigentes nacionales abandonaron el espíritu de la “lucha sin fin” de don José Figueres Ferrer y los Padres Fundadores, con su proyecto de una social democracia a la costarricense, progresista y reformista, para resolver los retos del desarrollo económico con justicia social y democracia política. Otros, porque abandonaron la pelea en medio de la batalla electoral, dejando a más de 600.000 liberacionista a la mitad del camino. Los menos, porque no supieron nunca estar a la altura de sus importantes responsabilidades, en la Jefatura del Comando de Campaña.

No eludo mi responsabilidad, aunque estoy en paz con mi conciencia.

A los primeros los enfrenté en el campo ideológico y hasta propusieron llevarme al Tribunal de Ética y expulsarme del PLN, por defender que el neo liberalismo no es el camino de la “lucha sin fin” de don Pepe, don Chico, Daniel y Luis Alberto, ni la respuesta correcta de Liberación Nacional a los retos del siglo XXI, ni a la necesidad de modernizar el Estado costarricense y hacer la contra reforma urgente del modelo de desarrollo de las últimas dos décadas, que sin duda ha producido riqueza, lo que está muy bien, pero ha abandonado el espíritu y la letra de la Proclama de Santa María de Dota de la lucha sin fin contra la pobreza.

Esos dirigentes, se olvidaron, desde el gobierno, de que la esencia y la razón de ser de Liberación Nacional es no solo un país con crecimiento económico en las alturas sociales, sino también con justicia y equidad social para todos (as), en una Costa Rica democrática, libre y de oportunidades.

Al compañero y amigo que abandonó la lucha, por la razones que fueran, justificadas o no, sin compartir su decisión personal, le contesté con actos de trabajo y me fui con lealtad liberacionista y social democrática, a recorrer sin descanso todo el territorio nacional, pidiendo el voto para la “lucha sin fin”, desde la frontera norte hasta la frontera sur. Era lo que tenía que hacer y a lo que mi obligaba mi conciencia de dirigente del PLN.

Me da vergüenza, como militante liberacionista de más de 45 años, la orden que emitieron desde la Jefatura del Comando de Campaña, de desmovilizar al PLN y a toda su estructura partidaria. Para estos pido el juicio duro de la historia, porque negaron el espíritu de “la lucha sin fin”.

Mis respetos para el grupo coordinador del Programa de Gobierno. A los compañeros Chalo Ramírez, Walter Coto, Leiner Vargas, Lilliana Arrieta y los cientos de liberacionistas que participaron en ese esfuerzo para actualizar nuestra social democracia a las exigencias del presente y formular una propuesta moderna, imaginativa, realista y viable, pero sobre todo progresista y reformista, mi reconocimiento más profundo. Haber colaborado en ese esfuerzo intelectual, como coordinador en el área de Reforma del Estado y en el de Seguridad Ciudadana, a la par de excelentes compañeros, es la única satisfacción que me deja esta campaña electoral.

Mi respeto, también, para Jorge Pattoni que no abandonó la “lucha sin fin”.

Ahora a esperar con serenidad y paz los resultados del próximo domingo 6 de abril. Soy un hombre de enormes apasionamientos y lealtades, pero tengo un gran control de mí mismo y tengo la inteligencia suficiente para reconocer y aceptar que, sin duda, habrá un triunfador enormemente votado en las urnas electorales. Esa es la tendencia dominante y esa es la decisión soberana del pueblo que está tomada y que seguramente nadie podrá modificar. Así es la democracia. Se gana o se pierde en las urnas.

Sin embargo, de las entrañas del pueblo liberacionista, en todos los distritos y en los 81 cantones del país, ha surgido una fuerza y una energía de lucha y quien quita un quite. En la adversidad, el liberacionismos ha reaccionado en todo el país. Es el espíritu de la “lucha sin fin”.

Cumpliré junto a mi esposa y mis hijos, el sagrado deber de votar y lo haré por mi bandera, por mis ideales y por un reconocimiento a la obra y el significado de Liberación Nacional en la historia de Costa Rica. A mis amigos y a mis compañeros de luchas políticas, que son muchos y en todo el país, les he dicho que voten a conciencia y que voten pensando en Costa Rica.

Nadie se debe quedar sin votar. El futuro gobierno, si de verdad quiere hacer las transformaciones que necesita y con urgencia nuestro país, debe tener una gran legitimidad popular y eso solo se consigue en las urnas electorales. Los grandes intereses de siempre, muy pronto les declararán la guerra mediática, utilizando las mismas armas de siempre. Son predecibles.

Los nuevos gobernantes muy pronto descubrirán, casi que con sus primeras iniciativas y con los cambios de timón que el país requiere y que han anunciado públicamente, que “no es lo mismo verla venir que bailar con ella”. Esa sabia expresión de nuestro pueblo lo resume todo. Quiera Dios que no aflojen en su empeño de cambiar. Sinceramente, ese es mi más ferviente deseo como social demócrata y como ciudadano Que así sea.

Si ganamos las elecciones, el PLN y su candidato a la Presidencia de la República, han llamado a un gobierno plural y de unidad nacional que permita una convergencia negociada, sobre la base de una agenda mínima común de consenso que haga posible Acuerdos Nacionales en la Asamblea Legislativa. También se está dispuesto a compartir posiciones en el Poder Ejecutivo. Esa es una propuesta realista, seria y responsable. ¿Lo entenderá así también el PAC y su candidato a la Presidencia de la República?

Y si perdemos las elecciones, el PLN no desaparecerá. Don Chico, Daniel y Luis Alberto perdieron las elecciones y después llegaron a la Presidencia de la República. También perdimos con Carlos Manuel Castillo, José Miguel Corrales y Rolando Araya Monge. En esas seis derrotas, Liberación Nacional encontró la fuerza interior, la capacidad de renovación y el liderazgo suficiente, para salir adelante y seguir sirviéndole a Costa Rica. Así sucederá también ahora.

Nuestro país necesita que Liberación Nacional exista y esté en la lucha. Ese contrapeso equilibra y le da estabilidad a nuestra democracia ejemplar. Quienes desean sepultarnos para siempre, se equivocan de cabo a rabo. El espíritu de la “lucha sin fin” no desaparecerá nunca.

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