La larga tradición del populismo latinoamericano

Dominique Klawonn entrevista a Cristóbal Rovira Kaltwasser.

El politólogo Cristóbal Rovira Kaltwasser analiza la tradición del populismo latinoamericano y explica sus tensiones con la democracia. Además de diferenciar el populismo de derecha del populismo de izquierda, asegura que Europa puede sacar importantes lecciones de esta tradición política latinoamericana.

La larga tradición del populismo latinoamericano

¿Qué papel juega el populismo en América Latina?

En América Latina surgieron diferentes variantes a principios del siglo XX. Se pueden distinguir tres fases del populismo. La primera comenzó en las décadas de 1940 y 1950, en países severamente afectados por la Gran Depresión. Entre los ejemplos están la Argentina de Juan Perón, Chile durante la presidencia de Carlos Ibáñez del Campo y Brasil en tiempos de Getúlio Vargas. Estos políticos se mostraban cercanos a la gente y actuaban en favor de grupos desfavorecidos. Además, promovieron la injerencia del Estado en la economía y crearon una nueva conciencia nacional.

Sin embargo, estos populistas tenían una relación difícil con la democracia porque a menudo ignoraban la independencia de instituciones políticas como la Justicia y el Ejército. Con el giro hacia la democracia en la década de 1980, tuvo lugar la segunda fase del populismo, de la que participó el neoliberalismo. Presidentes como Alberto Fujimori en Perú y Fernando Collor de Mello en Brasil culparon a las elites por los problemas de la sociedad. Como solución, presentaron la autorregulación de la economía de mercado. Los «populistas neoliberales» también pasaban por alto las instituciones políticas y, a menudo, gobernaban por decreto.

Desde comienzos del siglo XXI se puede reconocer una tercera fase del populismo, una variante radical de izquierda. Los representantes son Hugo Chávez en Venezuela, Rafael Correa en Ecuador y Evo Morales en Bolivia. Tras haber llegado al poder mediante elecciones democráticas, impulsaron una concentración del poder mediante profundas reformas. La inclusión de grupos previamente excluidos fue posible, pero a un alto precio para la democracia. El populismo en América Latina tiene, cualquiera sea su variante, una relación tensa con la democracia.

¿Qué variantes del populismo existen actualmente y cómo evolucionarán?

La versión radical de izquierda del populismo atraviesa un momento difícil. La Venezuela de Nicolás Maduro ya no puede ser considerada una democracia. Correa ya no está en el poder en Ecuador y su sucesor, Lenín Moreno, tomó una senda más bien de izquierda moderada. La situación en Bolivia es grave porque el presidente Morales intenta seguir siendo presidente de manera antidemocrática. En este sentido, el futuro del populismo de izquierda no parece muy prometedor. En las próximas elecciones, una versión radical de derecha podría cobrar importancia en algunos países. En Brasil pareciera que algunos sectores de la sociedad verían con buenos ojos un populismo de derecha.

¿Qué tienen en común el populismo de derecha con el de izquierda en América Latina y qué no?

Ambas formas comparten un discurso similar, basado en una dicotomía moral entre pueblo justo y elite corrupta. En algunos países esto ha llevado al establecimiento de identidades políticas, como el peronismo versus el antiperonismo en Argentina, o el fujimorismo versus el antifujimorismo en Perú.

Sin embargo, hay diferencias: el populismo de izquierda tiende a atacar masivamente a las elites económicas locales y globales, y con frecuencia aboga por la inclusión de los sectores más pobres de la sociedad. El populismo de derecha favorece una alianza con ciertas elites económicas, aboga por el acercamiento a Estados Unidos y actúa radicalmente contra la delincuencia.

¿Qué promueve el populismo y qué perjudica a la democracia?

La región se caracteriza por la celebración regular de elecciones relativamente libres y una enorme desigualdad socioeconómica. Esta combinación es un terreno fértil para las corrientes populistas. Los populistas denuncian a las elites establecidas, no siempre sin razón, frente a una situación a menudo dramática de la sociedad. En ese sentido, el populismo tiene un lado democrático. Politiza problemas existentes y moviliza a los grupos de la población excluidos. Pero el populismo también tiene un lado oscuro: ignorar los procesos democráticos puede terminar siendo una forma de autoritarismo competitivo. Entonces, si bien se pueden identificar efectos positivos y negativos del populismo en la democracia, en mi opinión, el balance en América Latina es bastante negativo.

¿La sociedad ve el populismo como algo positivo o negativo?

En América Latina, el populismo es visto bastante negativamente. Los populistas suelen dejar una sociedad polarizada, y sus reformas, heridas profundas. Las enormes diferencias socioeconómicas ayudan a que el populismo reaparezca una y otra vez. No es casualidad que la creciente brecha entre ricos y pobres haya propiciado la aparición de diferentes tipos de populismo en Europa. En este aspecto, Europa puede sacar importantes lecciones de la historia del populismo latinoamericano.

Cristóbal Rovira Kaltwasser es profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Diego Portales en Santiago de Chile. Investiga sobre populismo y democracia.

Fuente: Esta entrevista se publicó en FES-info Nº 1/2018, pp. 14-15 . Su título original era «Europa puede aprender de América Latina»


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