La Junta no juega limpio

El Sereno

Álvaro Campos Solís
campos.solis.alvaro@gmail.com

Alvaro Campos

La Junta de Protección Social promueve la venta de lotería nacional y chances mediante un premio adicional conocido como acumulado. En realidad, es un atractivo premio que sirve como “gancho” para atraer a los apostadores. Para tener alguna opción a ese premio adicional es necesario que el jugador active las fracciones o enteros por medio de internet o teléfono.

El sistema plantea numerosas y muy serias dudas: ¿qué pasa con la gente que no tiene internet o no sabe usar ese medio digital? ¿Qué opción tienen aquellos apostadores que viven en lugares donde no existe ese servicio tecnológico? ¿Y qué pasa con los adultos mayores que no saben manejar la computadora y mantienen la costumbre de jugar lotería y chances? ¿Qué posibilidades tiene la gente que no dispone de tiempo ni paciencia para activar sus fracciones mediante el uso del teléfono, ya que la central, por lo general, está saturada? Sencillamente no puede participar en la opción del acumulado.

Entonces el sistema es discriminatorio, excluyente, injusto por lo demás. También se presta para todo tipo de interpretaciones.

La ecuación es muy sencilla. Entre menos gente active fracciones y enteros de lotería y chances, menos posibilidades existen de que salga el acumulado. Y conforme aumenta el monto de ese premio, se incrementa el número de apostadores. El negocio es redondo.

¿Y la Defensoría de los Habitantes? ¿Y la Defensoría del Consumidor? Solo una persona muy ingenua puede pensar que esas instituciones están para defender al ciudadano. De ninguna manera. Aquí el pueblo está solo. Y solo tiene que defenderse. Y no espere que las cosas cambien con más de cien aspirantes a la presidencia de la república o a las 57 curules de la Asamblea Legislativa. ¡No señor!

¿Y la prensa? Hace suya aquella frase francesa de dejar hacer, dejar pasar.

En nuestro país la máxima aspiración de numerosos compatriotas pasa por pegarse a la teta del Estado, es decir participar en ese fiestón que significa pertenecer a la planilla del Estado, ya sea en el gobierno central o en cualquier de las decenas de instituciones autónomas.

El acumulado es un premio adicional que ofrece la Junta. Empieza con 100 millones de colones, a los cuales se les agrega 10 millones de colones en cada sorteo de chances y 20 millones de colones en cada sorteo de lotería nacional.

Tal y como opera el sistema, la propuesta de la Junta es injusta, carente de equidad. A lo mejor tiene vicios legales que la institución o los tribunales de justicia podrían corregir.

Creo que al apostador le asiste el derecho a participar desde el momento que adquiere las fracciones de lotería y chances. Permitir que las cosas sigan como están significa dejar a un número importantes de jugadores sin ninguna opción de participar en la oportunidad del acumulado.

La Junta directiva y las gerencias de esa institución deberían tomar en cuenta que en nuestro país miles de hombres y mujeres, jóvenes y mayores, se muestran dispuestos a sacrificar la satisfacción de ciertas necesidades con tal de apostar a uno de los múltiples juegos que les ofrece la Junta de Protección Social.

Nadie debe ignorar que mucha gente juega por ambición, son viciosos, ludópatas; otros apuestan por necesidad con la ilusión de un golpe de suerte que les cambie la vida o por lo menos los ayude con los abarrotes de la segunda quincena.

Ante ese panorama, la citada institución se ha convertido en una especie de casino que además de lotería y chances ofrece nuevos tiempos, lotto, tres manazos, reventados, etc. Tiene un programa en la televisión al que la gente, mediante el factor suerte, puede acudir en busca de un premio. Otro estímulo de la Junta a sus clientes y a su vez promover el producto que vende la entidad. Ningún almuerzo es de gratis.

La crisis económica también actúa como un factor que estimula la participación en la diversidad de juegos que promueve la junta y los “tiempos” que están en manos privadas y mueven centenares de miles de millones de colones. Además de los tiempos criollos, también se juegan la lotería panameña, tiempos nicaragüenses y tiempos hondureños. Miles de familias en todo el país obtiene algún ingreso mediante la colocación de esas apuestas. Son trabajadores informales sin ninguna protección laboral. ¿Y el ministerio de trabajo? Tampoco mueven un dedo.

En cuanto a los dueños de la “banca” se trata de grandes empresarios, supuestamente vinculados a la clase política. Quizás sea esa la razón por la cual ni el gobierno central ni los partidos políticos mueven un dedo por incluirlos en el pago de impuestos u obligarlos a que le den alguna cobertura a esos miles de empleados que no disponen de seguridad social y mucho menos alguna expectativa para pensionarse.

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