La “independencia” del Banco Central y el desempleo

Notas al Tema

Guillermo E. Zúñiga Chaves

Guillermo E. Zúñiga

La ortodoxia económica ha celebrado, con bombos y platillos, la aprobación del proyecto 21.033, pues dicen que le da más “autonomía” al Banco Central para el manejo de su política económica.

La exposición de motivos intenta explicar la razón: “…la experiencia internacional ha mostrado claramente que en países con bancos centrales más autónomos se registran menores niveles de inflación. También, se ha demostrado que una mayor autonomía del banco central se asocia con mayores tasas de crecimiento del producto per cápita y una mayor contribución de la inversión en el producto interno bruto”. Como quien dice, con este proyecto se salvó el país.

SALE EL MINISTRO DE HACIENDA. Con la nueva ley, el Ministro de Hacienda pierde el voto que hasta hoy ha tenido en la Junta Directiva. Puede estar presente, pero no vota; es un convidado de piedra. Se argumenta que se eliminan las “presiones políticas” sobre el Banco Central. La exposición de motivos apunta: “Para cumplir con su mandato, un banco central requiere autonomía para la toma de decisiones, con objetividad y fundamento en el mejor conocimiento técnico, y sin interferencia política o asociada con objetivos ajenos a su mandato”.

PUROS. ¿De dónde han sacado que la presencia del Ministro de Hacienda en la Junta Directiva del BCCR es sinónimo de una “contaminación política” de las decisiones? Es un voto en siete votos; o convence o pierde sus tesis. ¿Cómo concluyen que un Ministro de Hacienda puede afectar el fundamento técnico de las decisiones? ¿Será acaso que el Ministro de Hacienda en su propio ámbito de trabajo, es decir cuando hace la Política Fiscal, no utiliza “el mejor conocimiento técnico”? ¿Será que los otros miembros de la Junta sí son técnicos y además “apolíticos”? ¿Estos otros ni siquiera tienen preferencia por alguna teoría económica?

Yo fui miembro de la Junta Directiva del BCCR mientras fui Ministro de Hacienda, y no creo que mi presencia haya comprometido la autonomía técnica del Banco. Por respeto a sus funcionarios no puedo aceptar que siquiera se insinúe tal disparate. Lo que sí sé es que, como miembro de la Junta Directiva de BCCR, estaba al tanto de la conducción detallada de la Política Cambiaria y Monetaria y cómo se podía armonizar con la Política Fiscal. Lo que también sé es que, siendo el Ministerio de Hacienda y el BCCR los mayores oferentes de títulos de deuda en el mercado de valores local, la coordinación de ambas instituciones ayuda a no estrujarse entre ellos y a hacer una gestión global del endeudamiento interno público.

OTRA COSA. Al presidente del Banco Central, aún con la ley modificada, lo sigue nombrando el Consejo de Gobierno. Y a los otros miembros de la Junta Directiva los propone el Consejo de Gobierno y deben ser ratificados nada menos que por la Asamblea Legislativa, el órgano más político del país. ¿Entonces?

EL FRÍO NO ESTÁ EN LAS COBIJAS. Los miembros de la Junta se rigen por el marco que les da la Ley Orgánica del BCCR. Y tendrán que cumplir con los objetivos que esa ley establece. Mientras el objetivo principal siga siendo el control de la inflación y el tema del empleo sea un objetivo subsidiario, la política del Banco seguirá estando centrada en mantener baja la inflación, aunque el desempleo se dispare. El año pasado el desempleo cerró, dolorosamente, en 12% y no fue solo por la huelga, como dice el Gobierno.

ESTE ENFOQUE TIENE QUE CAMBIAR CUANTO ANTES. Con la misma velocidad que los diputados aprobaron esta “nueva autonomía”, deben aprobar un cambio para que el empleo forme parte del objetivo principal del Banco. De esta forma, el diseño de su política económica deberá tener también como objetivo central la atención del empleo. Si se queda solo en estabilidad de precios, los resultados serán como hasta ahora. Es un asunto de enfoque; de visión del desarrollo, de sesgo ideológico.

CONCLUYO. Con Ministro o sin Ministro, si no se cambian los objetivos del Banco, nada va a cambiar. Por los vientos conservadores que corren, pareciera que seguiremos con más de lo mismo. ¿Será para eso la “independencia”? Ahí se las dejo…

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