La gota, una enfermedad que conviene detectar cuanto antes

Por Angelika Mayr (dpa)

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Calientes, hinchadas, enrojecidas, con dolor ante un apretón: así se presentan las articulaciones en un ataque de gota. Foto: Christin Klose/dpa

El ataque de gota es un dolor agudo en las articulaciones que no se va tan rápido. Un ataque de este tipo puede aparecer en cualquier articulación, aunque con frecuencia se produce en las articulaciones del dedo gordo, la rodilla, el tobillo y las manos.

Por lo general, la gota se siente en el dedo gordo. Sin embargo, ninguna teoría logró hasta ahora explicar con seguridad por qué comienza por allí.

“Los ataques de gota se detectan por lo general en articulaciones afectadas por la artrosis o un accidente”, explica la reumatóloga Ursula Gresser, de la Universidad Luis Maximiliano de Múnich.

La articulación del dedo gordo es la que más carga soporta, ya que con cada paso recibe todo el peso del cuerpo. Es allí donde suele comenzar la artrosis para la mayoría de los pacientes, sin que se den cuenta.

“Ese podría ser el motivo por el cual la gota prefiere la articulación del dedo gordo”, apunta la especialista en esta enfermedad.

Por eso, Gresser recomienda en líneas generales: “Antes de dejarse operar la articulación por otra causa, hay que descartar que el daño haya sido causado por la gota”.

La gota suele deberse a factores genéticos que llevan a que los riñones no puedan filtrar el ácido úrico como deberían. El segundo motivo más frecuente es una enfermedad renal adquirida, detalla Gresser. Debido a que se elimina menos ácido úrico, aumenta su nivel en la sangre. Esto puede producir inflamaciones agudas en las articulaciones, enrojecimiento, hinchazón y dolores.

Por lo general, la gota aparece en la edad adulta. “Las personas de edad avanzada son consideradas el grupo de mayor riesgo, ya que su función renal se suele ver limitada”, señala el profesor Georg Schett, director de la Clínica de Reumatología e Inmunología del Hospital Universitario de Erlangen.

Otros factores de riesgo son un consumo abundante de carne o ciertas bebidas que contienen levadura, como la cerveza, según explica Schett. Estos alimentos contienen purinas. Cuando se descomponen, se forma ácido úrico.

Por eso, entre otras cosas, la gota fue considerada durante mucho tiempo como una enfermedad de los que tenían más dinero. “En aquel entonces, solo los ricos comían carne, mientras que la población de menores ingresos inevitablemente tenía una dieta casi sin purina, basada más en carbohidratos y vegetales”, indica Ursula Gresser. “Hoy en día, casi todo el mundo puede permitirse cualquier tipo de comida”, añade.

Las purinas también se forman cuando el cuerpo metaboliza las células enfermas. “Por eso mismo, el aumento de la producción endógena de purina, como en el caso de la multiplicación de células en las enfermedades tumorales o de la descomposición celular, como sucede con las dietas estrictas, también puede provocar un ataque de gota”, explica Georg Schett.

Los médicos suelen reconocer los ataques de gota por sus síntomas: las articulaciones se enrojecen, están calientes, hinchadas y duelen al presionarlas. Además, se puede establecer la presencia de cristales de ácido úrico mediante una punción de la articulación.

“El ultrasonido o una forma especial de tomgrafía computada, la Dual-Energy-CT,pueden ayudar a diagnosticar casos de gota crónica”, informa Schett. Una vez detectada, es necesario tratarla.

“Con un cambio de alimentación no se llega especialmente lejos. Esto se debe a que solo una parte relativamente pequeña de los estadios previos del ácido úrico, es decir, las purinas, provienen de la alimentación”, indica Ursula Gresser.

“Gran parte es producida por el propio cuerpo. Además, hoy en día ya no hay motivos para torturarse con una alimentación monótona debido a la gota”, añade. Según dice, gracias a medicamentos que se toleran bien y hacen buen efecto, los pacientes mejoran mucho y pueden comer lo que más les gusta.

“Lo que sí ayuda mucho es limitar el consumo de alcohol, ya que el alcohol también afecta la capacidad del riñón de procesar el ácido úrico”, subraya la médica.

Georg Schett recomienda controlar el peso regularmente y evitar el consumo excesivo de carnes, cerveza -incluso la sin alcohol- y bebidas con alto contenido de fructosa.

Los expertos coinciden en que nada contraindica la grasa por sí sola. “No contiene purinas y por eso tampoco produce ácido úrico. Sin embargo, muchas veces la grasa se combina con tejidos de alto contenido de purina, como por ejemplo la carne”, añade.

¿Y qué hay del consejo según el cual es mejor tomarse los deportes con tranquilidad en caso de tener gota? Según Gesser, esto solo rige para aquellos pacientes que tienen una inflamación aguda de las articulaciones o un daño crónico en una articulación.

En los dos casos, el deporte puede empeorar el cuadro. “Pero en los pacientes que reciben un buen tratamiento no hay motivos para renunciar a la actividad deportiva o limitarla”, comenta.

Para Gresser, la mejor prevención para la gota es reconocerla temprano en caso de tener predisposición. “Lo mejor es preguntar a los padres si alguien de la familia tuvo gota y medir el nivel de ácido úrico la próxima vez que se hace un examen de sangre”, recomienda.

Dado que, con frecuencia, se trata de una enfermedad hereditaria, los valores pueden ser altos a una edad relativamente temprana. En ese caso, hay que recurrir cuanto antes a un especialista.

dpa


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