La cuesta de enero

El Sereno

Álvaro Campos Solís
campos.solis.alvaro@gmail.com

Álvaro Campos Solís

La frase ha sido como un grito de protesta con una dosis de resignación que suelen usar numerosos pueblos iberoamericanos para denunciar los aumentos de precios, tarifas y tasas que imponen gobiernos y empresarios, aprovechando el cambio de año y el estado eufórico de la gente. En algunos países las fiestas de fin y principio de año salen caras y tiene consecuencias a largo plazo. En nuestro país esa frase sugiere cansancio, pereza y estrechez económica. Para algunas personas la cuesta de enero es el tiempo ideal para quejarse… del Gobierno, de la clase política, de su suerte y de todo aquello que no resulte de su total agrado. A ese descontento alguien le sacara el mayor provecho. Algo así como quien recicla basura.

Y es que en todas las naciones y en todas las culturas, la resaca tiene un costo alto. El abuso con las comidas, las libaciones, el “yo invito” y los conciertos para escuchar a unos artistas que desde hace 30 o 40 anos visitan el país, afectan la salud y dejan exprimidas las billeteras. Para cerrar con broche de oro, en enero algunos comerciantes quieren hacer su agosto, sobre todo con los precios para ingresar a centros turísticos. En estos tiempos el ahorro no es un tema de conversación que agrade a mucha gente.

En nuestro medio, el cambio de año también resulta propicio para imponerse metas y propósitos, siendo las más comunes dejar de fumar, hacer ejercicios para mejorar la condición física y renovar esfuerzos para seguir estudiando. Sin bachillerato o título universitario, el futuro se torna incierto, piensan. En esta etapa del calendario también se ubican los que el 6 de enero esperan a los Reyes Magos, ya que el 25 de diciembre San Nicolás les pasó por la otra calle.

El año no es otra cosa que una unidad de medida del tiempo. En astronomía es el tiempo que tarda el planeta Tierra en darle la vuelta al sol. Todas las unidades de tiempo, desde el segundo hasta el milenio, han servido para registrar desde el principio de los tiempos la actividad humana, es decir la capacidad de construcción y destrucción de nuestra raza.

Por lo tanto, se justifica abordar nuestras preocupaciones inmediatas, tomando en cuenta que para algunas personas el año pasa volando y para otros resulta una eternidad. Todo depende de las circunstancias de cada individuo. Para unos y otros es una evidencia de que la vida no se detiene.

La cuesta de los ticos

La llamada cuesta de enero tiene tal arraigo en el ser costarricenses, tan dado al vacilón y a llevarla suave, que incluso, algunas personas ya están observando el calendario para ver las fechas en que celebramos la Semana Santa. Otra oportunidad para un nuevo chapuzón o hacer maletas y desde algún rincón del mundo enviar fotografías para impresionar a nuestros amigos.

Sin embargo, la cuesta de enero debemos verla como lo que es: un compromiso con nuestras obligaciones y la mayor oportunidad de seguir creciendo. La garantía de que en nuestro hogar seguiremos disfrutando de las tres comidas diarias. Toda esa gente que ahora sale a buscar trabajo, que se rebana el cerebro buscando alguna opción para asegurar el sustento de los suyos, de seguro me dará la razón.

Por eso cuando un político se empeña en salir al encuentro con el poder, o seguir pegado a la ubre del estado, lo primero que debe pensar es el bienestar de todo aquel ciudadano que apoya su causa, sin perder de vista las necesidades que acongojan al adversario y mucho menos ignorar sus derechos.

Por solidaridad y hasta por conveniencia deberíamos reconocer que la cuesta de enero en nuestro país resulta muy empinada para esas 300 mil personas que engrosan las estadísticas del desempleo. El gobierno central y los gobiernos locales deberían empeñar sus esfuerzos en distintas soluciones, pero sin crear más burocracia. Al respecto, cobra vigencia la frase de don José Figueres: “no hay un hombre mas peligroso que un jefe de familia sin trabajo”.

Esperemos que los compatriotas que hoy buscan trabajo no lleguen nunca a integrar esas caravanas de desocupados que periódicamente salen del Triángulo Norte de Centroamérica, en busca del sueño americano. Alla, apenas cruzan el Rio Bravo, son detenidos, separadas las familias y con tobillera electrónica son devueltos a la dura realidad de sus respectivos países, donde impera el hambre, el desempleo y la violencia, además del evidente desinterés de todo el hemisferio occidental, incluidos organismos como la OEA y los que se declaran defensores de los derechos humanos.

En las circunstancias que imperan en todo el mundo, donde las protestas contra gobiernos de derecha e izquierda son pan de cada día, resulta fundamental destacar la importancia del hábito de informarse de fuentes confiables, en la prensa la radio y la televisión. Informarse bien no solo es un recurso para defender nuestros derechos, sino también una especie de vacuna contra falsos pedagogos, al tiempo que podemos identificar y rechazar a los demagogos.

La lucha por nuestros ideales y bienestar deben ser una constante en las 24 horas de los 365 días al año. Para alcanzar ese objetivo es necesario estar atentos a lo que ocurre en los centros del poder político y económico de nuestro país, para que no nos sorprendan, además de abrir el espacio suficiente para entender lo que ocurre en los en los centros del poder mundial.

Mucha gente sigue creyendo que nuestro país es una isla y, por lo tanto, todos los problemas tienen sello nacional. Olvida que cuando las naciones ricas estornudan, a los países pobres les da gripe. Somos un país pequeño y pobre, por añadidura un alto porcentaje de las exportaciones, esas que producen divisas, son propiedad de empresas transnacionales. Su mayor aporte a la economía nacional es el salario que devengan sus trabajadores además del pago de los impuestos que, por lo general, las mismas empresas calculan.

En ese sentido, no permitamos que otras personas piensen por nosotros. Tampoco aceptemos dadivas, como un billete o un diario, ahora que están por celebrarse las elecciones municipales, como condición para que votemos por un candidato.

Tampoco perdamos de vista que los profetas fueron gentes privilegiadas que hace dos mil años caminaron a la par de Jesús. Seamos generosos, solidarios con toda aquella persona que se presente como profeta. Conviene recomendarle que visite a un psiquiatra. Por lo demás, los falsos profetas son fáciles de identificar: su discurso es mesiánico, con aires de santidad pero sus verdaderos afanes se orientan a acumular poder económico y por ese medio alcanzar el poder político. No se pierden.

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