La cárcel del ACV

El rincón de Charlie

Carlos Roberto Martínez U.

Carlos Roberto Martínez

Una de las enfermedades más terribles, que aquejan a ser humano es el accidente cerebro vascular ACV. Causa de mortalidad elevada y discapacidad de las víctimas de ese flagelo.

El paciente internamente debe iniciar su aprendizaje desde cero. Su cerebro ha sido revolcado, como cuando un terremoto causa estragos, tirando al suelo todo aquello que está ordenado en un cuarto. Busca en ese desorden las ideas, las experiencias, lo que se ha aprendido en los años de vida, es una tarea laboriosa, algunas veces desalentadora, por los resultados. Esto sólo dentro de cada uno de nosotros lo sabemos. Y esas gavetas del saber están revueltas, como piezas de un rompecabezas, que tenemos que armar.

A nosotros no nos interesa por que nos dio un derrame, ya eso es pasado, nos interesa que vamos ha hacer ahora, en este momento, ya… Aparecen los expertos, sus opiniones, sus recomendaciones, pero olvidan lo más importante, cada paciente es único, esta enfermedad puede ser masiva, pero en sus consecuencias es individual, es única.

Nuestro cerebro ya no responde como lo hacía antes. Nos volvemos sensibles, lloramos por cualquier cosa, como nunca lo hacíamos, nos enojamos igual, estamos felices, lo demostramos con una sonrisa torcida, producto del derrame, y de pronto nos ponemos tristes con algún recuerdo. Quieren que seamos felices, pero no podemos, estamos enfermos.

Esta enfermedad nos ha hecho perder lo más preciado en nuestra vida: el orgullo. A mi por ejemplo, mi hija tuvo que encargarse de mi aseo, junto con mi amada esposa me llevaban en sus espaldas al baño, al servicio, ya que yo no podía caminar, y les tocaba hacer todo lo que yo ya no podía por tener la mitad de mi cuerpo inmovilizado.

En esa etapa primaria, fresca, no podemos más que soltar unas lágrimas ante la impotencia que nos da nuestra discapacidad, cumplimos con los pequeños ejercicios, para tratar de movilizar las extremidades afectadas, nuestra mano se ha cerrado… nuestro tobillo ha quedado torcido, y no permite la movilización del pie, nuestros músculos de esas extremidades se han desinflado, y como mecates flojos, sin tensión cuelgan de las mismas, y lo peor es que no tienen fuerza ninguna ni para sostener un palillo de dientes. En nuestra mente el recuerdo de lo que fue… se enfrenta a lo ahora es… ese conflicto mental provoca reacciones diversas, depresión, frustración, ira, rechazo, pero con un pequeño logro, una pequeña manifestación de exito, retorna en nuestra faz una sonrisa, en nuestra mente queda gravada la alegría del hecho.

Silla de ruedas, la primera gran solución. La silla de ruedas se convierte en esa etapa inicial en el medio de transporte interno, con todas sus incomodidades, con ella vamos a todo lo que la familia decida, y nos sirve para concurrir a las citas médicas, muchas veces te sentirás mal, por la vision de lástima que recibes de conocidos y desconocidos, y que no saben que en realidad tu no has escogido la condición de salud en que te encuentras. Acompañado por un régimen de rehabilitación, donde los que intervienen son seres humanos, que te piden esfuerzo, un poquito más allá de lo que puedes hacer… y cumples. Roberto, papayita, me puso unas ligas, afloje ese tobillo, arriba, abajo… levante el pie, la pierna, no se cae, levante. Ahora, ve esos escalones sólo son dos… suba, recuerde: los malos abajo, los buenos arriba… suba, de vuelta, baje… Aprenderemos a usar el bastón… dejaremos la silla… y así fue. Gracias a Dios, y a Roberto, logré deshacerme de la silla, para estar en mi casa caminando con bastón de cuatro puntas… Ya me sentía menos mal a pesar de mi discapacidad.

Mi mano izquierda, aún hoy día no funciona correctamente, pero me acordé de mi maestro Adolfo Herrera García, que con dos dedos llenaba cuartillas, y ahora trato de imitarle, y con un sólo dedo de esa mano puedo teclear lento, pero lo puedo hacer. He conocido personas con muchos más años de enfermedad, que aún no abren su mano… Por este motivo he estado ausente de estas páginas por algún largo periodo.

Hay muchas cosas que me impedían completar, terminar artículos que había iniciado, sobre muchos de los temas de importancia nacional, e internacional. Carlos Revilla el editor, me decía que mandara un dictado, que ellos lo convertirían a letras, pero al inicio la voz mía al usar técnicas de múltiples programas, no era traducida, pues tenía que borrar, y cambiar el texto, en palabras sencillas no existía posibilidad de hacerlo, entonces me frustraba, me deprimía, me enojaba.

Escribo este artículo, para ayudar a aquellas personas, que han sido víctimas de un ACV, de un derrame, y sobre todo para los familiares de los mismos, para que tengan la paciencia, y sobre todo el amor, por las reacciones del paciente. El paciente no es culpable de lo que pasó, su resuperación es lenta, lleva años, y sobre todo ya nunca volverá a ser igual, se enoja fácilmente, reacción a su frustración, llora por cosas que usted no lo haría. Pero le voy a decir algo, ya no puede cambiar el bombillo quemado, subirse al techo y reparar la láminas, no puede pintar las paredes, todo eso como cuando era quien se encargaba de la casa. Ya no puede aplanchar, lavar la ropa, hacer aquellos platillos deliciosos, ahora eso le corresponde a otras personas. Miles de hombres y mujeres han sido víctimas de ese flagelo, y han sobrevivido, han tenido éxito en su lucha, han salido a la luz, pero hay muchos otras personas que continúan en la cárcel de ACV, y esperan por nuestra ayuda.

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