La agricultura pasó de moda

De José Calvo

José Calvo

José Calvo

Yendo de Tokio a Narita uno ve un montón de agricultores cultivando los lotes urbanos vacíos. Son baka, pero no son bakaros porque el gobierno que eligen cobra tarifas aduanales del 200 %. El gobierno americano no cobra tarifas aduanales, pero en cambio tiene barreras ambientales que son mucho más eficaces contra las importaciones indeseadas.

Y yendo de Miami a la Universidad de Florida pasa uno por naranjales que ahora son la mitad de lo que eran en 1950. Pero el mayor choque lo sufre uno al llegar a la Universidad y buscar el Departamento de Agricultura que tenía el edificio de McCarty Hall y lo perdió. Ahora lo tienen los de ecología y nadie sabe dónde está agricultura, ni les importa. Y la Universidad de Florida fue en su origen un land grand college, es decir una escuela de agricultura.

¿Para que necesita enseñar agricultura un país que tiene excedentes de alimentos cada año? Los Estados Unidos dumpea sus excedentes agrarios en el mundo, arruinando a los agricultores de este en nombre de la libertad de comercio. Igual que hace Europa: una vaca europea recibe más en subsidio diario que un peón centroamericano; y Europa dumpea su leche en África en nombre de la libertad de comercio.

¿Para qué quiere enseñar agricultura alguien que tiene excedentes alimentarios anuales? No no, enseñemos mejor ecología; eventualmente podemos comer ecología: cuando el calentamiento global haya desbarajustado las zonas de producción, como nos va a ocurrir para quitarnos el hubris.

Las política de producir excedentes en el primer mundo y dumpearlos en el tercero es imprudente; cualquier cambio del clima del mundo y nos quedamos con hambre en Japón como en Costa Rica. Si hay agricultores en el mundo, ellos se las arreglarán para seguir produciendo, no excedentes, pero si para comer.

Se los hemos dicho des muchas maneras y no lo entienden. Hasta cierto punto es nuestra la culpa por no hallar una manera de hacernos entender. Hemos creído que el mensaje era comprensible y no lo era. Las escuelas de agricultura, por lo menos, deberían haberlo comprendido.

En un tiempo no se verán agricultores sembrando los lotes vacíos de Tokio a Narita, estarán sembrando arroz como Dios manda en el campo. Ni se verán naranjales de medio pelo en la Florida. Pero se verán trigales buenos por todas partes. Y tampoco habrá en los Estados Unidos un millón de agricultores sino que habrá varios millones; también como Dios manda.

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