Justo reconocimiento

Fernando Berrocal

Fernando Berrocal Soto

Sin mayor cobertura de la prensa, se ha iniciado una nueva etapa en el Sistema Carcelario y, como un justo reconocimiento público, la primera Unidad de Atención Integral, llevará el nombre de Reinaldo Villalobos, por muchos años Director General de Adaptación Social.

Don Reinaldo fue en vida un funcionario excepcional. Tuve el gran honor de tratarlo y conocerlo. De él siempre recibí grandes lecciones profesionales, tan simples, profundas y honestas como era él mismo en su forma de ser y actuar de funcionario público. Su gran pasión era las condiciones carcelarias durante el período de la aplicación de la pena y la necesidad de una reinserción social y trabajo digno para los privados de libertad, al término de su condena.

Por fin se hace realidad la primera Unidad de Atención Integral, en donde los privados de libertad, además de descontar su condena, tengan la oportunidad de estudiar y graduarse, aprender un oficio, trabajar en talleres productivos, ejercitarse y vivir en condiciones dignas de un país en el que se respetan los Derechos Humanos.

Felicitaciones al Ministerio de Justicia por los convenios firmados con el Ministerio de Educación Pública y con el INA, para que se cumplan esos objetivos fundamentales y el Sistema Carcelario Nacional deje de funcionar, al menos en parte, como una “escuela de delincuencia” y un “lugar de hacinamiento público”, en el que se profundizan, antes de que se resuelvan integralmente, las condiciones sociales y humanas que llevaron a los privados de libertad a delinquir, en contra de la sociedad y el Estado de Derecho.

En Costa Rica, los privados de libertad tienen Derechos Humanos y reconocerlos y garantizarlos es un imperativo del Estado de Derecho.

En estos nuevos y modernos módulos carcelarios, los privados de libertad tendrán la oportunidad de reinventarse a sí mismos por la vía del estudio, el aprendizaje y el trabajo productivo, cumplir su condena disciplinadamente, en condiciones civilizadas y con una guía psicológica adecuada, para una reinserción social correcta y legítima, al término de la condena a que fueron sometidos por los Tribunales de Justicia. Esta garantía debe abarcarlos a todos y todas sin excepción.

El primer módulo operará en La Reforma y luego se terminarán otros dos, en Pococí y Pérez Zeledón, como parte de un préstamo con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), ejecutado por la Administración Solís.

Las cárceles han sido una vergüenza nacional por décadas. Sin recursos económicos, la Dirección General de Adaptación Social ha tenido que hacer milagros con un presupuesto escuálido, para atender una sobrepoblación carcelaria y el actual hacinamiento que es de un 45% (casi 5.000 personas).

Ahora, con estas tres Unidades de Atención Integral, se inicia un camino nuevo de esperanza y de justicia, que debe complementarse necesariamente con mejoras en la capacitación, los salarios y las condiciones habitacionales de la Policía Penitenciaria. Lo que sí está pendiente y urge, es una reforma integral de la actual y superada Legislación Penal Costarricense, en lo sustantivo y en lo procesal.

Un tema país y una tarea impostergable en el futuro Gobierno.

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