Javier Rojas y el periodismo

¿Y usted qué opina?

Fernando Berrocal

Fernando Berrocal Soto

Aunque le debo una y bien grande, no puedo decir que fui amigo de Javier Rojas. Fui simplemente un admirador del extraordinario periodismo que hizo en su larga y fecunda vida y de su recia personalidad, como ciudadano ejemplar y como periodista en la primera línea del combate informativo.

Javier Rojas fue un costarricense excepcional que hizo de la defensa honesta de sus ideas una razón primordial de ser en su vida y que, a la vez, lo que no es nada común, fue un hombre preparado existencial y profesionalmente para escuchar la verdad de los otros y ofrecer su poderoso e influyente micrófono a quienes, en deportes e igualmente en el plano del debate de los problemas nacionales, creían y opinaban distinto a él. Así hizo del sentido republicano y democrático de la organización política, su ideología de servicio a Costa Rica.

Por eso el país, sin distinciones de ninguna especie y quienes lo conocimos y tratamos, estamos conmovidos y dolidos por su partida hacia la Eternidad.

Doy testimonio de algo que siempre le agradeceré:

Cuando los pretendidos dioses del Olimpo, en la Casa Presidencial, decidieron e intentaron liquidarme, Javier Rojas un día cualquiera en los alrededores de mayo del 2008, hace largos 10 años, me localizó e invitó a La Criollita para que dijera mi verdad y me defendiera ante el país. Su invitación me sorprendió, porque no tenía casi nada en común con él. Una generación de por medio y yo no era herediano ni tampoco calderonista. A Javier, solamente, lo había tratado alguna vez hacía muchos años en el Gobierno de Luis Alberto Monge.

Me recibió y me dijo: “Al gordito Monge lo quise mucho y por eso quiero que le digas al país las razones de tu salida del Ministerio de Seguridad Pública”. A mí, acorralado políticamente como estaba, se me salieron las lágrimas y, por alguna faceta de mi personalidad, se me salió también el humor y le contesté: “jamás esperaba esto de un herediano mariachi para un liguista y figuerista”.

Me dio un fuerte abrazo y me sentó en la mesa frente a los micrófonos de su programa Actualidad de Radio Columbia. Ese gesto ni yo, ni mi familia, lo olvidaremos nunca. Regresé a La Criollita varias veces, en otras oportunidades y en otras circunstancias, para hablar sobre la crisis de seguridad, la realidad, profundidad y el poder del narcotráfico en la sociedad costarricense e igualmente cuando, en las más altas instancias administrativas y en los Tribunales de Justicia, me dieron absolutamente toda la razón y hasta me dieron sentidas disculpas y así consta en actas judiciales.

Esa se la debo y se lo agradeceré siempre a Javier Rojas, un periodista sin miedo al poder político, herediano de pura cepa y mariachi de toda la vida.

El país ha perdido a uno de sus grandes y mejores periodistas. Sus amigos a un excelente ser humano. Su familia a un padre y abuelo ejemplar y amado.

Gracias por siempre Javier Rojas. El periodismo nacional está de luto.

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