Intervenir en Nicaragua

El Sereno

Álvaro Campos Solís
campos.solis.alvaro@gmail.com

Alvaro Campos

Todo nicaragüense que disponga de algún dinero -a veces con más plata de lo que aparenta o uno se imagina, pues en ese país viven las familias más ricas de Centro América- y si además abriga alguna aspiración política, lo primero que hace es poner sus ojos en Costa Rica. Puede ser para agredirnos, como ha ocurrido tantas y tan veces, o para que el gobierno de Costa Rica se involucre en los eternos problemas políticos de la nación pinolera.

Lo anterior lo ha puesto en evidencia, sin el menor reparo, el director de la Organización Hagamos Democracia, Luciano García, en un seminario convocado por Fundación Arias para la Paz, con el propósito de analizar la crisis política que vive esa nación.

En la agenda de esa reunión no figuró la crisis de Honduras, El Salvador y Guatemala, naciones donde la gente huye en busca de paz y comida.

En dicha actividad que se llevó a cabo el 25 de marzo participó el ex presidente Luis Guillermo Solís, a quien se le atribuye haber dicho que “el régimen del presidente Ortega es de naturaleza criminal”.

Ojala que foráneos, tampoco nacionales, se abstengan de comprometer nuestra paz y tranquilidad. Bastante tenemos cono los problemas sociales y económicos, como herencia política y el impacto de una pandemia, además de una clase política en celo, en razón de las elecciones generales que se avecinan.

“Creo que un país como Costa Rica tiene que ser más firme con el dictador porque es su vecino y es un mal vecino. Es como el vecino que ve a otro pegándole a su mujer y no se mete, hasta que la mata”, dijo el director de Hagamos Democracia, una ONG que perdió su personería jurídica cuando el gobierno sandinista la acusó de recibir fondos de grupos supuestamente comprometidos con actividades terroristas.

“No puede ser que tu vecino no alce la voz fuertemente, como tiene que ser, porque si no, el problema se va a trasladar a Costa Rica”, agregó García.

La preocupación del señor García debería ser analizada con sumo cuidado. En primer lugar, porque a nuestro país no le corresponde intervenir en asuntos internos de otras naciones. En segundo lugar, los problemas políticos de Nicaragua corresponde resolverlos a los nicaragüenses. De paso, podrían intentar resolver los problemas económicos y sociales, cuyas dimensiones ponen en evidencia miles y miles de nicaragüenses que han salido de su país en busca de alguna oportunidad.

Con una extensión territorial de 130 mil kilómetros cuadrados y una población de 7 millones de habitantes, Nicaragua es dueña de grandes riquezas naturales (oro, plata y cobre). Además de un extraordinario potencial turístico, el Lago de Nicaragua tiene enorme valor estratégico en términos militares.

Las permanentes tensiones políticas limitan la explotación de esos recursos, mientras que unos tres millones de personas sufren la pobreza y el desempleo.

En el vecino país se celebrarán elecciones presidenciales y legislativas en noviembre del presente año. Según observadores políticos, el presidente Ortega se propone participar en la contienda en un intento por seguir gobernando como lo hace desde el 2007.

El mayor problema, según analistas políticos y despachos de prensa, es que la dirigencia de los partidos opositores no logra ponerse de acuerdo para elegir a un líder fuerte, capaz de arrebatarle el poder al líder sandinista. Es como si una mano invisible quisiera evitar la unidad política de la oposición.
Ante la imposibilidad de ponerse de acuerdo, Los mismos dirigentes han optado por buscar apoyo político en Estados Unidos, la Unión Europea y naciones como la nuestra, por su condición de vecino. Esa ha sido la tónica a través de la historia del país de los lagos. Los opositores exigen elecciones transparentes.
Sin embargo, Los máximos dirigentes de la oposición prefieren hacer turismo político antes que ponerse de acuerdo y luchar por el el triunfo en los próximos comicios.

Paralelamente, el ex presidente Miguel Ángel Rodríguez Echeverría gestiona ante el presidente Carlos Alvarado la creación de un “una gran alianza centroamericana”, liderada por el mandatario costarricense para buscar apoyo del presidente Biden y líderes del Congreso de los Estados Unidos en áreas de suscribir acuerdos bilaterales.

Sera, acaso, que Washington busca peones en Centro América para aislar aun más a Nicaragua y de esa manera profundizar el castigo contra un pueblo noble y valiente:

Hasta el momento no ha trascendido la respuesta del presidente Alvarado ante la sugerencia del ex presidente Rodríguez Echeverría. El problema es que Centro América se ha convertido en una región carente de identidad propia, un mosaico político en el que conviven pueblos gobernados por líderes con vocación dictatorial, caso de Nicaragua. Un gobierno en teoría de izquierda que ha contado con el apoyo de un amplio sector de la empresa privada, mientras la pobreza ha crecido de manera exponencial.

Honduras, nación a punto de convertirse en un estado fallido, donde miles de ciudadanos huyen de la miseria y la violencia, mientras que al presidente Juan Orlando Hernández, la DEA le maja los talones. Su triunfo en las urnas fue cuestionado por la oposición, pero Hernández obtuvo el reconocimiento internacional, en particular de Estados Unidos, la OEA y la Unión Europea.

En el Salvador, el presidente Nayib Bukele, un personaje complejo que dio sus primeros pasos políticos de la mano del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional y luego alcanzó la presidencia a la sombra de la derechista Alianza para la Gran Unidad Nacional.

Alejandro Giammattei, un acaudalado médico que se opone al aborto pero que defiende la pena de muerte es el presidente de Guatemala. De este país, que junto con Honduras y El Salvador conforman el llamado Triángulo Norte, también huye la gente hacia los Estados Unidos.

Tanto el ex presidente Rodríguez como el director de Hagamos Democracia deben tener claro que nuestro país no tiene vocación injerencista en los asuntos de otras naciones. Tampoco aceptamos invasiones ni limitaciones a la libre navegación por el Rio San Juan. Los fallos de la Corte Internacional de Justicia juegan a nuestro favor.

En el pasado reciente nuestro país tuvo problemas una y otra vez con el gobierno sandinista y con el político de la derecha nicaragüense, Arnoldo Alemán Lacayo, quien mientras metía sus manos en el erario de su país, agitaba las aguas del San Juan en contra de nuestra soberanía.

Rodríguez y García deben entender que la situación de nuestro país es difícil, además de que estamos a las puertas de otra elección para escoger presidente y diputados.

Esperemos que el presidente Alvarado sea prudente e impida que la frontera con Nicaragua se recaliente. Dejemos que los nicaragüenses resuelvan sus problemas y de esa manera dispongamos de tiempo y recursos para buscarle solución a los nuestros.

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Periodista


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