Instantánea de la memoria

Parehara

Oscar B. LLanes Torres

Oscar B. Llanes

En una reflexión de José Saramago (escritor portugués, Premio Nobel de Literatura, fallecido), comenta en su discurso en la Academia de Estocolmo y en el texto figura esta que trajo a mi mente y dice así “tengo poblada la mente de rumores de mis memorias que no me dejan dormir” y también comenta siempre lo vivido porque existen” lápices cambiantes del recuerdo”, y en estado espiritual vislumbro un cuadro de familia, que está en la sala de mi hermana, la doctora Blanca Elena LLanes, un cuadro moldurado, quieto. Con expresiones propias de los integrantes, resalta la figura de mamá, Amada Torres de LLanes, elegante, un vestido de buen estilo, la moda de la época que le sienta muy bien, un peinado sobrio y rostro esplendido, linda, feliz con sus hijos para el recuerdo, tomada en La Casa Foto más importante de Asunción en aquel tiempo, La Europea, en un ambiente acogedor, un escenario familiar apropiado, un enorme espejo en la pared, discretos muebles, pareciendo una sala y los protagonistas instalados, mi mamá, a su lado la hermana Teresa de Jesús, ya fallecida, en el otro Angulo la Blanca Elena, seguramente con dos añitos, un vestidito apropiado para ir a la capital, peinada con arreglos para la ocasión, sonriente y curiosa apegada a mamá, Teresa muy seria como indagando “que hago aquí”, con los cabellos sueltos un vestido de la moda para sus seis años, se la ve muy linda, los varones, al lado de mamá este servidor, con sus cabellos enmarañados, sus tirantes de estilo sujetando un pantaloncito de buen corte, seguramente producto de la imaginación de mi papá, don Martin LLanes, pantalones con bolsillos con tapitas cubriendo diseño del atuendo, muy elegante, tengo el rostro como lloroso, y una mano materna pellizcando las delgadas piernas de este narrador, de cuatro años creo haber tenido en la época, y con un pánico del fotógrafo que cubría la cabeza y con una cosa extraña que producía explosión y el susto se instalaba en nosotros los más chiquitos, mi hermano mayor el fallecido Rubén Antonio LLanes Torres, en aquel entonces más o menos ocho años, peinados con buen estilo, un traje cruzado, camisa impecable, corbata neutra pantalones corto, una media del mismo color supongo del traje, los zapatos que se nota brillantes, era el mimado de papá, era el hombre de la casa, ya tenía la carga de ser el primogenitico, lucía un elegante reloj de pulso, sin el esbozo de una sonrisa completamente serio, uno de los rasgos de su personalidad de toda su corta vida, responsable, disciplinado, pulcro en sus cosas y en su forma de ser, sin embargo, era alegre y de fácil convivencia, falleció en 1965, 27 años médico graduado en la Universidad Nacional de Asunción (UNA), diciembre del año 1964 y nos dejó en mayo de 1965, tristeza que perdura y mis padres llevaron consigo la tristeza infinita, este portarretrato, refleja lo que sería la personalidad de cada uno de los miembros de una familia laboriosa, llena de entusiasmo, sensibles, amorosos con sus semejantes, de fácil sonrisa, herencia de mamá y exigente, sobrio, seguro, eficiente, solidario, disciplinado que nos dejó don Martin LLanes, éramos una familia de referencia en el pueblo, a mi padre le apasionaba la política sin concesiones, política de servicios al semejante, nunca fue más allá de la ciudad de Itá, que era su inmenso mundo de ideas y sueños, conoció muchas ciudades importantes de la geografía universal, pues visitaba a su hijo y familia en servicio diplomático, era orgullo de mis padres, su recomendación más severa mantener la honorabilidad, el respeto, la transparencia, la probidad en su máxima expresión y la conservamos como un dogma familiar, es un LLANES es honesto, como si fuera nuestra identidad moral en la familia, todo lo que se obtenga debe y tiene que ser fruto del trabajo, de la alegría de conquistar espacios por mérito y por el esfuerzo, los ejemplos de papá y mamá, la conservamos como reliquia familiar que la trasladamos a nuestros descendientes como el más valioso tesoro.

Instalado frente al cuadro pasan en tropel los recuerdos de la familia, las travesuras, las exigencias de papá, la risa explosiva de mamá, el estilo de cada hijo, se me ve un niño juguetón, travieso, feliz con su niñez lleno de cuidados, mimos y halagos, mis hermanas y mi hermano, todos en el cuadro, quietos, sobrios, serios, impecables como le gustaba a mi mamá, y este servidor sensible, lentamente a escondida cubro el rostro del llanto que brota sin poder controlar, mis ojos húmedos, cubro el rostro y los recuerdos aumentan, el alma se siente débil, el cuerpo se torna pesado, con discreto disimulo busco un aposento donde depositar mis memorias y mis llantos, no quiero que me vean así, no es bueno para mi hermana, pues, éramos los únicos en la casa, los hijos todos ya lejos y en sus quehaceres, cumpliendo sus destinos y nosotros dos, los que compartimos historias y sueños, proyectos y revivir nuestro pasado de felicidad y traer al presente los recuerdos, sellados de por vida en el alma de Blanca Elena y este servidor.

LAMBARÉ, PARAGUAY

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Diplomático (J) y Profesor Universitario Paraguayo.

Parehara es una palabra en Guaraní, lengua oficial en Paraguay junto al español, que significa mensajero



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