Inhumanos: la novela que aún no es

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Casos y cosas

Heriberto Valverde Castro

Heriberto Valverde

A propósito del impactante anuncio hecho recientemente de las 18 muertes provocadas por el Covid 19 en las últimas 24 horas, he decidido compartir con ustedes este texto escrito hace ya varios años, referente a una supuesta novela aun solo imaginaria.

Sus personajes son muy concretos, muy aterrizados dirían algunos; en cambio sus ambientaciones, los lugares y las fechas no lo son tanto, hasta llegar incluso a lo difuso.

Su lenguaje es llano y directo, más cerca del periodismo que de la literatura, sin embargo de vez en cuando, premia al lector con algunas fantasías hilvanadas con tal calidad que le recuerda a uno a los mejores novelistas.

La temática se apega al nombre. La obra es una especie de crónica en la que el autor, tunecino de origen, nacionalizado boliviano, describe, según su visión del mundo y con el soporte de las vivencias de otros personajes, el proceso de deshumanización de las sociedades; proceso que, según lo prueba fehacientemente valiéndose de su personaje femenino estrella, Eva, inicia paralelamente a la humanización, es decir, con el pecado.

La obra es extensa, no podría ser de otra manera tratándose prácticamente de la historia de la humanidad; así que no hay forma de encerrarla en un espacio tan reducido como éste, pero no puedo presentar esto que pretende actuar como abre bocas sin comentarles acerca de un pasaje que, en la concreción de tres de los principales personajes y pese a lo indescifrable de fechas y lugares, a uno como lector le deja al menos la impresión de encontrarse un retrato de lo que vive hoy nuestro país.

Lo resumo así. Lo humano se manifiesta a través de la práctica de valores considerados como tales por una especie de convención no escrita que ha funcionado desde siempre. Algunos, la mayoría de esos valores, tienen que ver con la relación del individuo con la comunidad, con los otros individuos, con su prójimo. Pero esa relación y esos valores también son condicionados por otros elementos individuales y sociales que van desde lo genético hasta las diversas formas y los distintos medios de comunicarse entre individuos y grupos.

A partir de lo anterior, entre otras conclusiones que depara la obra, ocupa lugar primordial la consideración de que el exceso de exposición de la persona a manifestaciones contrarias a sus valores, por ejemplo a la criminalidad, a la discriminación, a la corrupción, a las diversas formas de violencia, incluso a las consecuencias de embates de la naturaleza, genera una paulatina “desensibilización” que termina minando esos valores, es decir, provocando deshumanización y acrecentando el número de inhumanos.

Y así encontramos que uno de los personajes que tuvo siempre en su corazón la compasión, la ternura, la solidaridad; que se enervaba ante la injusticia y condenaba cualquier forma de violencia y sentía derrumbarse ante el dolor de sus congéneres; al cabo del tiempo, de ver tantas y tantas veces la injusticia, la corrupción y la tragedia retratadas de mil maneras, entrándole por todos los flancos de su cotidianidad, se fue haciendo insensible hasta caer en la indiferencia, una de las más crecientes formas de la deshumanización.

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