Incidente infantil

Parehara

Oscar B. LLanes Torres

Oscar B. Llanes

Era un domingo de media mañana en Itá – Paraguay, la ciudad natal de quien suscribe, sol pleno, tiempo cálido, varios señores amigos y vecinos de la familia, en franca alegría en el ambiente, este servidor travieso y curioso captando en extensión los móviles de la conversación en pauta. Era un domingo, reitero, se haría un viaje a Asunción al estadio de futbol, en disputa el trofeo “Paz del Chaco” entre las selecciones de Paraguay vs. Bolivia, la opinión publica movilizada, honrar la memoria de los compatriotas caídos en la guerra con miles de muertes de ambos lados, miles de viudas y huérfanos, móviles y motivos para querer ir al Estado de Futbol, todos los medios diarios y radios en aquel entonces, destacaban las figuras de los equipos, algunos de ellos sus padres fueron héroes de aquella infausta contienda, resaltaban los valores patrióticos de los aficionados, insuflar la opinión pública utilizando el mecanismo para llenar las graderías del Estadio, los preparativos aumentaban en entusiasmo, sumaban también algunos acompañantes de ocasión solicitando espacio, era un vehículo de color rojo, en la cabina tres pasajeros, incluido el conductor don Salvador Morga, a su lado su hermano Don Lázaro Morga y mi padre don Martin LLanes, y el niño alrededor de los adultos queriendo llamar la atención, ya en la parte trasera los amigos de siempre y ocasionales, cinco al todo, entre ellos dos primos Severiano y Julián, ambos seguidores y amantes del futbol por la propia inclinación que don Martin infundía.

Los preparativos y consecuencias siguen su curso, comentarios, opiniones, los defectos y virtudes del equipo, desde el guardameta hasta el puntero izquierdo, al adversario de ocasión nada se sabía, solo que era un equipo homogéneo, físicamente muy bien preparado, y recuerden, decía un aficionado con cierta autoridad, ellos vienen de la altura y en la planicie vuelan, y este servidor nunca vio a nadie volar, ni en su tierna imaginación, Don Martin, mi papá, se oponía, mucha gente es un peligro no podemos arriesgar, Don Salvador Morga, ya insistía porque se hacía tarde y el camino es largo, y este servidor insistía, se lamentaba, enseñaba algunas lágrimas, reclamaba a la mamá Nena su intercepción, quien como aliada y con gusto, trataba de convencer a mi padre, los argumentos sensibles y amorosos, intensos y oportunos, estimular la pasión por el futbol, es un niño, está entusiasmado de asistir es sano y bueno para el niño, los demás ya reclamaban esta situación en unísono, vamos , vamos, y Don Martin inmutable, no, ya con amenazas de una suerte de sanción, que de nada sirve llantos y la intercepción materna, la hora de la partida se aproximaba, el motor en marcha, la agitación y los comentarios aumentaban, todos los señores insistiendo que lamentaban pero Don Martin tenía razón.

La camioneta roja en inicio de marcha, este servidor desesperado en su infantil agonía, perder el encuentro Paraguay – Bolivia, como hijo de un ex combatiente de la infeliz guerra del Chaco, que el escritor costarricense denominara “infierno verde”, sin conocer el lugar describía el chaco paraguayo a la perfección, los nombres de lugares en guaraní y su significado en castellano, el motor en continua en marcha y el niño argumentando y el poco interés de los señores, reveo el cuadro con realismo total, el rostro de Don Salvador, el conductor, sin ningún rasgo de simpatía por la desagradable exigencia.

En ese instante se despiden los adultos y los familiares, la puerta de la camioneta roja abierta y los movimientos del vehículo inicia la marcha, el niño con la mano impidiendo que se cierre, y sin mediar palabras el conductor cierra la puerta con fuerza y las manos quedan presas y el dedo meñique de la mano izquierda, preso y el llanto ensordecedor del niño, la sangre a borbotones, mamá Nena a grito viene al rescate, Don Salvador, ante de abrir la puerta, abre y cierra el vidrio correspondiente, Don Martin furioso y amenazante, alguien abre la puerta y me llevan a la atención del Doctor Américo Costa Viveros quien hace el curativo, y para colmo de la situación parte la camioneta roja con destino a Asunción al Estadio de la Liga Paraguaya de Futbol para asistir PARAGUAY vs. BOLIVIA, cuyo resultado un herido y el empate de caballeros respectivamente y la satisfacción de todos los aficionados.

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Diplomático (J) y Profesor Universitario Paraguayo.

Parehara es una palabra en Guaraní, lengua oficial en Paraguay junto al español, que significa mensajero


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