¿Importan las vidas afganas?

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Pushkar M. Sharma

¿Importan las vidas afganas?

Tras la muerte violenta de George Floyd a manos de agentes de policía en todo Estados Unidos estallaron manifestaciones exigiendo justicia y el fin de la impunidad de la violencia policial. El movimiento de protesta recibió apoyo de todo el mundo y hasta Kabul, donde artistas afganos pintaron murales en memoria de George Floyd.

A mediados de junio, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, intentó apaciguar a los manifestantes estadounidenses mediante la firma de una orden ejecutiva que fomentaba la limitación del uso de estrangulamientos y buscaba crear una base de datos nacional sobre mala conducta policial. La orden ejecutiva fue descrita como «una tirita para una herida de bala» y causó mucha ira pública en todo el país.

Pero unos días antes, otro ataque descarado contra la justicia por parte de la administración Trump atrajo poca atención del público estadounidense. El Secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, anunció sanciones contra las y los empleados de la Corte Penal Internacional (CPI) por investigar crímenes de guerra estadounidenses en Afganistán[1]. La medida estaba destinada a proteger a las y los criminales de guerra y robar la justicia a los civiles afganos. Es importante que la sociedad estadounidense, especialmente quienes participan en las manifestaciones por los derechos civiles, presten atención a esto.

La impunidad para el ejército estadounidense en el extranjero está estrechamente relacionada con la impunidad de las fuerzas policiales en el país. El pueblo estadounidense no ganará la batalla contra la brutalidad policial a menos que también aborde el tema de los crímenes de guerra estadounidenses en el extranjero. Expresar su apoyo a la CPI en este punto es crucial.

Impunidad para el ejército de los EEUU

La CPI tiene el mandato de examinar los casos que las autoridades nacionales no pueden o no quieren investigar, como los crímenes de guerra a gran escala, incluido el genocidio. Si bien EEUU no se ha unido a la CPI, 123 países si lo han hecho, incluida la mayoría de los aliados de EE. UU. Y casi todos los miembros de la OCDE.

Desde que comenzó la «Guerra contra el terrorismo» en 2001, han surgido informes sobre numerosos crímenes de guerra, incluidos soldados que cazan civiles por deporte y operativos de la CIA que abusan sistemáticamente de prisioneros, en Afganistán e Irak. Si bien ha habido algunos casos de enjuiciamiento, por ejemplo, por tortura en la prisión de Abu Ghraib de Iraq, que dictó condenas al personal militar de los EEUU, no se han realizado esfuerzos suficientes para investigar adecuadamente todos los delitos denunciados. Muchas personas acusadas han sido absueltas, nunca han sido inculpadas o han recibido castigos menores.

Si los Estados Unidos hubieran procesado de manera justa los delitos que su personal presuntamente cometió en Afganistán, la CPI no habría tenido que intervenir para juzgar a esas personas.

Mientras que las administraciones anteriores optaron por ignorar el problema, la administración de Donald Trump decidió atacar directamente la investigación de la CPI sobre crímenes de guerra estadounidenses.

Todo esto no es una sorpresa, dado que EEUU ha acogido a los criminales de guerra, perdonando a tres miembros del servicio estadounidense acusados o implicados en crímenes de guerra en Afganistán e Irak, mientras flexibiliza las reglas de participación en Afganistán. También ordenó una oleada de ataques aéreos sin precedentes y, según los informes, otorgó «autoridad ilimitada, sin restricciones» al secretario de defensa, Jim Mattis, en Afganistán.

Es probable que esta política sea la razón por la cual, en la primera mitad de 2019, las muertes de civiles por parte del gobierno afgano y las operaciones estadounidenses excedieron el número causado por los talibanes por primera vez. Según Human Rights Watch, entre el 1 de enero y el 30 de septiembre de 2019, unos 8.000 civiles fueron asesinados en Afganistán.

La CPI ha recopilado al menos 1,17 millones de declaraciones de personas afganas que afirman ser víctimas de crímenes de guerra durante su investigación de crímenes cometidos por talibanes, fuerzas gubernamentales afganas y personal militar estadounidense desde mayo de 2003.

Dada la devastación que la guerra ha infligido a Afganistán y la gran cantidad de muertes de civiles, más de 100.000 personas fueron asesinadas solo entre 2010 y 2019, es imperativo que todos los criminales de guerra, incluidos los estadounidenses, sean juzgados. Esto no solo proporcionaría justicia a las familias de las víctimas, sino que también ayudaría al proceso de consolidación de la paz en Afganistán.

El argumento que la administración Trump está utilizando contra la CPI es nulo. Como señaló el relator especial de la ONU sobre la tortura, Nils Melzer, «todo el argumento de que el tribunal es ilegal, ilegítimo y corrupto obviamente no es un argumento nuevo … Los nazis en Nuremberg utilizaron el mismo argumento y Slobodan Milosevic en el tribunal de Yugoslavia. Lo hizo Saddam Hussein en el tribunal para Irak».

La lucha por los derechos civiles en el país y en el extranjero

Los crímenes violentos perpetrados en el extranjero por el ejército estadounidense están profundamente vinculados a la violencia desatada en su propio país. Las y los líderes del movimiento de derechos civiles de la década de 1960 y posteriormente reconocieron este mismo punto. El Dr. Martin Luther King Jr, por ejemplo, comentó que «nunca podría volver a alzar la voz contra la violencia de la gente oprimida en los guetos sin haber hablado primero claramente al mayor proveedor de violencia en el mundo de hoy: mi propio gobierno».

Otros líderes prominentes del movimiento, incluidos Stokely Carmichael y Fannie Lou Hamer, también se manifestaron contra la guerra y la impunidad estadounidense en el extranjero. Angela Davis identificó las ramificaciones globales de la opresión doméstica en 1969, afirmando que «nos hemos visto en la obligación de ver que el enemigo es el imperialismo estadounidense y, aunque la sentimos aquí en casa, tal vez se siente mucho más brutalidad en Vietnam, se está sintiendo en América Latina, se está sintiendo en África».

Hoy, el imperialismo estadounidense no es menos brutal y expansivo. Desde 2001, la llamada Guerra contra el Terror se ha extendido mucho más allá de Afganistán, en Oriente Medio, Sudeste de Asia y África. La violencia y la vigilancia utilizadas en el extranjero se han desplegado en el propio país, de la misma forma que el equipo militar producido para las guerras en Afganistán e Irak ha sido entregado a la fuerza policial estadounidense.

Algunos líderes prominentes de los derechos civiles de los Estados Unidos han hecho esta conexión crítica entre la violencia imperial en el extranjero y en el hogar. El académico Cornel West ha dicho que «en la tradición de Martin Luther King Jr, debemos ser moralmente coherentes en nuestra crítica del racismo, el militarismo, la pobreza y el materialismo de los Estados Unidos».

El Movimiento Black Lives Matter ha enfatizado que «nuestra liberación está intrínsecamente ligada a la liberación de los negros y marrones en todo el mundo», mientras que la Poor People’s Campaign (Campaña por la gente pobre) ha pedido «el fin de la agresión militar y de la guerra».

Sin embargo, debemos ir más allá de las declaraciones de principios. Las y los manifestantes de derechos civiles en los EEUU deben expresar su apoyo a la CPI y presionar para cancelar las sanciones contra sus miembros. Desinvertir y desmantelar las fuerzas policiales debe ir de la mano con la reducción de los gastos militares de los EEUU y la reasignación de recursos para la construcción de la paz mundial, la transformación de la política exterior de los EEUU en una herramienta de promoción de la justicia social y la igualdad de sexos, lo que implica la transformación de diversas instituciones como el Departamento de Estado y el USAID (Agencia de los EEUU para el desarrollo).

Estados Unidos debe procurar fortalecer la ONU y el modelo de gobernanza global que representa, y unirse a la CPI.

La solidaridad intercomunitaria que buscamos establecer hoy frente a la violencia estatal debe reflejarse en la política exterior de los Estados Unidos. Poner fin a la impunidad de la brutalidad policial en el país y los crímenes de guerra en el extranjero deben estar estrechamente entrelazados. Porque, como dijo King hace más de cinco décadas, «la injusticia en cualquier lugar es una amenaza para la justicia en todas partes».

Pushkar M. Sharma es un analista de política exterior con sede en Chicago.

https://www.aljazeera.com/indepth/opinion/afghan-lives-matter-200715163201658.html

Débat-États-Unis: «La vie des Afghans a-t-elle de l’importance?»

Traducción: Faustino Eguberri para viento sur

[1] Sobre este tema ver en viento sur el artículo de Roberto Montoya “Trump sanciona a la Corte Penal Internacional” https://vientosur.info/trump-sanciona-a-la-corte-penal-internacional/ ndt.


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