Igualiticos

Vía costarricense

Johnny Soto Zúñiga

Johnny Soto Zúñiga

A través de muchos años, los costarricenses hemos creído que la mayoría somos iguales; que no nos sentimos superiores los unos a los otros, que no existen muchas diferencias entre los ticos, que somos muy felices, incluso entre los primeros lugares del mundo. Me parece que la naturaleza, forma de ser y propia identidad, ha consolidado esta situación a través de los tiempos y por supuesto es bueno que sea así; y en realidad nos sintamos de esta manera. En otros países vecinos y regionales las estructuras de desigualdad son muy marcadas; en el ámbito social, económico, educativo, laboral etc. Aunque en nuestro país existe un problema de desigualdad, por lo que no somos “igualiticos”, pero el sentimiento de que todos pertenecemos a la clase media, con diversas oportunidades educativas y laborales, sigue siendo un aliciente.

Para analizar lo anterior, me he basado en el libro escrito por el recién fallecido Dr. Carlos Sojo, reconocido científico social y consultor, quien fungió como director de la Sede Académica de FLACSO (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales), y publicó más de 25 libros, dedicados a la investigación del Estado, el desarrollo, la pobreza, la desigualdad, la exclusión social, en general de los asuntos sociales y económicos de nuestro país, así como del resto de América Latina. Traigo como recuerdo póstumo de este gran intelectual e investigador, su libro: “Igualiticos – La construcción social de la desigualdad en Costa Rica”, que investiga, estudia y demuestra con rigurosidad sobre el mito de la igualdad entres los “ticos”.

Para el estudio del fenómeno social, el autor se plantea el recorrido de la desigualdad y las representaciones e imaginarios sobre ella. Propone cuatro períodos: 1- La igualdad imaginada que abarca la época que transcurre entre la fundación de la república y finales del Siglo XIX donde se construyen los mitos más asentados de la igualdad social en Costa Rica. 2- El segundo que va desde principios del Siglo XX hasta la década de los 40, se caracteriza por la “invención” de la desigualdad como herramienta esencial para el funcionamiento político e ideológico de luchas sociales y movimientos políticos. 3-A partir de la constitución de la Segunda República en 1949, se caracteriza por la consolidación de la sociedad de clase media, como expresión de la victoria final de un proyecto igualitarista. 4- El último período la denomina la “era de la ostentación”, de la liberación económica, una etapa empujada por la crisis económica de comienzos de la década de los ochentas y que adquiere personalidad propia con la adopción de reformas económicas liberalizadoras que se proyectan hasta la actualidad. (Op. Cit. Págs.16 y 166)

La investigación del autor, es de los pocos estudios profundos realizados sobre las estructuras sociales, la composición de clases, etnias, color de piel, además lo adereza con entrevistas anónimas a 30 personas (15 mujeres y 15 hombres) referentes a las representaciones sociales actuales sobre la desigualdad y la equidad. Otros autores han realizado investigaciones, más que todo sobre historia y de paso han hecho estudios parciales de la conformación de clases existentes; pero en este caso el autor plantea su hipótesis sobre la base de 4 períodos de lo que denomina la construcción social de la desigualdad; para podernos transmitir la realidad lo más apegada a los hechos históricos sobre la sociedad costarricense.

El autor se hace varias preguntas indicando si: ¿persiste en las representaciones individuales la afirmación de una naturaleza igualitaria en la sociedad? ¿Perciben cambios las personas en sus relaciones con otras y en su comprensión de las estructuras y jerarquías sociales? ¿Preocupa la desigualdad y se considera creciente como creen los investigadores? Para poder tener claro el proceso vivido se remonta a la época colonial, incluso se afirma que el racismo y el clasismo (valoración negativa con base en el color de piel y de la propiedad material de bienes), no derivó en Costa Rica hacia la construcción de una sociedad autoritaria, represiva política y culturalmente, y esclavizante económicamente, más marcada en el resto de los países centroamericanos.

La etnofobia costarricense se manifiesta en la pretendida ausencia del mestizaje, la “Tiquicia pura” es blanca: “pura raza española, de Galicia” señalaba Masferrer, lo demás el 10 por ciento de acuerdo con el viajero salvadoreño, fueron producto de minorías provenientes del norte de Centroamérica, los resabios de un poblamiento indígena precario y la colonización afrocaribeña de la costa oriental. Se señala que en 1864 se realizó un censo, pero que éste no permitió una buena ponderación de los remanentes indígenas de la población costarricense (se creía que la proporción no censada alcanzaba un 10 por ciento de la población total), muchos de la zona de Talamanca y Viceita, entre Moin y Boca del Toro, así como la zona de Guatuso. Lo propio de lo costarricense es justamente la condición de mestizaje original que fue pronto instalada en una lógica de blanqueamiento temprano al cabo de lo cual todos somos mestizos, aunque algunos con pocos resabios de sus ascendientes indígenas y negros.

Sobre las desigualdades materiales, se señala no es que todos seamos iguales sino que todos vivimos igual sometidos a las mismas necesidades, agobiados por las mismas inclemencias, concluye el autor Sojo. Costa Rica vivía un aislamiento y las oportunidades no llegaban, luego con la temprana consolidación de las exportaciones de café, se dio una redistribución de la riqueza y mayores oportunidades a los campesinos. La economía cafetalera constituyó entonces una sociedad cafetalera sentada en la distribución de la producción en pequeñas fincas con progresiva concentración en el procesamiento y la comercialización. El café permitió el desarrollo de un ideal de movilidad social que antecede la adquisición de derechos políticos universales. Es decir, las diferencias sociales existentes se diluían en un entorno de necesidad en la era colonial que luego se trastocó en un ideal de progreso compartido con el desarrollo de la economía cafetalera. (Op. Cit. Pág. 33)

El autor nos señala una serie de interesantes conclusiones sobre la desigualdad en Costa Rica: 1-La definición de lo que se entiende por desigualdad está asociada a la valoración de sus causas. En términos generales se reconoce una forma socioeconómica de la desigualdad centrada en la distancia entre ricos y pobres, luego la definición de causas califica el tipo de desigualdad que se percibe problemática. Procurando una caracterización de percepciones pueden identificarse las siguientes: a) individuo-generada; b) espacial; c) derivada de políticas públicas; y d) cultural. 2-La desigualdad no dice solo de relaciones sino de auto-representación. Entendemos el tema de la desigualdad a partir de la posición que creemos ocupar en la estructura social.

Pese a las evidentes diferencias de ingreso, educación y estatus socioeconómico predomina en los entrevistados una representación común de sí mismos: estamos en el medio, somos clase media, por lo tanto la representación dominante es la de una sociedad que se entiende integrada mayoritariamente por esa clase. 3-La desigualdad laboral es legítima pero está gobernada por principios superiores de igualdad de derechos. Ello condiciona una autolimitación de los jefes, y una actitud reivindicadora de la condición laboral por parte de los empleados. El autor concluye al constatar con optimismo que las aspiraciones de equidad, si bien no han sido capaces de promover la erradicación de la esclavitud moderna que es la pobreza, han jugado un papel central en los procesos de cambio social y político del país hacia nuevos horizontes de bienestar.

Finalmente, la pobreza en Costa Rica, sigue estando sobre el 20 por ciento; con números planes sociales e instituciones públicas dedicadas a apalear la pobreza y la pobreza extrema; sin embargo lo preocupante es el que el porcentaje no baja, según los indicadores del coeficiente de Gini de los ingresos familiares sobre desigualdad, aunque sigue siendo baja en comparación con muchos países latinoamericanos. Este es el reto de todos los actores sociales y políticos de procurar en realidad ser más “igualiticos”, como sin duda aspiraba el Dr. Carlos Sojo.

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