Horizonte politico para un nuevo gobierno

Ágora*

Guido Mora
guidomoracr@gmail.com

Guido Mora

Para qualquiera de los candidatos que triunfe en las elecciones del próximo 4 de febrero, o en las de segunda ronda, a realizarse el 6 de abril, en caso de que ninguno de los postulantes alcance el 40% de la votación válida en primera ronda, el horizonte será sombrío.

Contrario a lo que muchos candidatos están “vendiendo” ante el electorado, para evitar caer en una profunda crisis económica tendrán, si son responsables, que ejecutar medidas económicas y políticas impopulares.

Con esto iniciará el desgaste político al que se enfrentarán durante el cuatrienio 2018-2022.
Veamos:

En primer lugar, debe de atender, de manera urgente, el grave problema de las finanzas públicas. El nivel de endeudamiento público debe de reducirse lo antes posible, de lo contrario, no podrá hacer frente a los compromisos económicos y mucho menos realizar obras de infraestructura o cualquiera otro tipo de inversión pública.

Para ello deberá negociar en el Congreso, un paquete de impuestos, pues la vía de los ingresos, será posiblemente, la manera más rápida para paliar este problema.

Este posiblemente será el inicio de la pérdida de apoyo popular de la próxima administración, pues los ciudadanos reclamarán la falta de transparencia, por no haber expresado con claridad el impulso de los nuevos tributos.

Si se logra atender con prontitud esta difícil situación, viene la atención de otros problemas no menos graves.

Se debe articular la respuesta del Estado ante el incremento desproporcionado de la delincuencia, como resultado de la influencia de las mafias internacionales en la delincuencia nacional. El pago con droga, en vez de la cancelación con dólares o colones, convierte a los delincuentes en verdaeros asesinos, dispuestos a eliminar a la competencia que, o le da un tumbonazo o le “roba” parte de su “mercado natural”. La resolución de esta problemática tampoco dependerá de manera única del Gobierno Nacional: las mafias internacionales del narcotráfico tienen más recursos, mayor capacidad de penetración y una gran capacidad de convencimiento, para corromper a cientos o miles de ciudadanos habitantes de América, desde Colombia o Bolivia, hasta México o Estados Unidos.

El sentimiento de seguridad que tanto reclaman los costarricenses, será otro de los aspectos que sale de las manos de la nueva administración, otro aspecto que pesará en el deterioro de la imagen del próximo presidente.

Suponiendo que logre aprobar la reforma tributaria, debe además comenzar a preocuparse por invertir en infraestructura. El tan comentado tren urbano, el metro o cualquiera otra solución de transporte público, dependerá de procesos de licitación, expropiaciones, construcciones y demás aspectos relacionados. Estos procesos, en la modalidad que se elija, podrá comenzar a ser una realidad a tres o cuatro años del período 2018-2022.

Si hablamos de ampliar carreteras, cuando se pueda, de construir o renovar infraestructura vial, estamos también pensando en horizontes de ocho a doce meses, por el estado de las finanzas públicas.

La ampliación de los horarios de atención a los costarricenses, en las clínicas y hospitales, para reducir las listas de espera, también dependen de más recursos económicos, de los cuales estará escasa la hacienda pública.

Desenmarañar y desburocratizar el Gobierno, en este que es un Estado de derecho, no será una tarea de días, como tampoco lo será la eliminación o reducción de las llamadas “pensiones de lujo”. El lobby o las acciones de grupos de presión y grupos de interés, evitarán que este proceso sea rápido y efectivo.

A lo único que podemos apostar que puede de acción inmediata, es la acción continua del Ministerio Público y la fiscal Emilia Navas, claro está, si es que la reeligen en su cargo como Fiscal General. Esto, sin embargo, no depende directamente del Poder Ejecutivo y más bien, podría contrariamente, producirse un desestímulo de las investigaciones, si los nuevos jerarcas optan por proteger la red de cuido o “interceder” para que volvamos a la época de las prescripciones de las causas penales.

Todas estas situaciones comentadas hacen que se observen negros nubarrones en el horizonte.
Por otra parte, no sabemos si el nuevo presidente, tenga la capacidad de negociación o el liderazgo, para lograr los acuerdos que requiere este país, orientándolo a la ruta que permita superar la crisis económica, política, social y de valores, en que está sumido.

A esto sumamos la dispersión que prevalecerá en la Asamblea Legislativa, la cantidad de partidos políticos que estarán representados entre los 57 diputados, más debe de preocuparnos la realidad a que nos enfrentamos.

Si sustentamos nuestra esperanza en la capacidad demostrada por candidatos y comandos de campaña, para integrar y negociar a los diversos sectores políticos dentro de las mismas agrupaciones y extrapolamos esa capacidad a la convocatoria legítima para lograr acuerdos y negociaciones, más oscuro aún se torna nuestro futuro.

Ojalá que esta realidad la comprendan las autoridades que resulten electas, porque la intolerancia y el orgullo desmedido que ha prevalecido entre candidatos y partidos, no permitirá alcanzar los acuerdos que requiere nuestro país, a partir del 8 de mayo de este año.

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* El Ágora era el centro de la actividad política, administrativa, comercial y social de la antigua Atenas.


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