Hong Kong: seis meses de revuelta

Au Loong Yu

Hong Kong: seis meses de revuelta

Después de una batalla de cuatro días de duración entre estudiantes de la Universidad China y la policía entre el 11 y el 14 de noviembre, el 17 de noviembre (y los días posteriores ndr.), ha habido fuertes enfrentamientos. Cientos de policías antidisturbios han sitiado la Universidad Politécnica y hasta el momento de escribir estas líneas se mantiene el asedio.

El gran movimiento contra la ley de extradición acabó forzando a la administración de Carrie Lam a abandonar el proyecto el 4 de septiembre. Sin embargo, esto no puso fin a la movilización popular, no solo porque siguen pendientes cuatro reivindicaciones, sino también porque en el curso de los últimos tres meses el movimiento ha demostrado claramente el propósito real del Partido Comunista Chino (PCC) de vaciar de toda sustancia la autonomía de Hong Kong y sustituirla por el control directo de Pekín, incluido el mando de la policía local y la mafia.

Esto explica por qué el gobierno promulgó la ley antimáscaras, seguida un mes después de la prohibición regular de manifestaciones. No obstante, la gente ha hecho caso omiso de las prohibiciones y sigue realizando manifestaciones ilegales. El movimiento se ha convertido en una gran batalla en defensa de la autonomía de Hong Kong.

El 11 de noviembre hubo un llamamiento a la huelga y al boicot a las clases. La lucha entre estudiantes y policía del 11 al 14 de noviembre ha sido impresionante. El campus estuvo ocupado por la gente durante cuatro días, y la ocupación más masiva se produjo en la Universidad China. Esto fue así porque muchas estudiantes de otras universidades acudieron a ayudar e hicieron posible la resistencia al ataque de la policía en la noche del día 12.

Sin embargo, la falta de organización y de órganos de coordinación en el seno de la ocupación magnificó las diferencias tácticas entre los estudiantes de la Universidad China y los que vinieron de fuera. Los primeros se sintieron molestos por el hecho de que estudiantes venidos de fuera destruyeran instalaciones y se comportaran de manera temeraria. Al final, la dirección de la universidad cerró el campus y con ello puso fin a la ocupación.

En cuanto a la huelga, este fue el tercer llamamiento, pero tampoco tuvo mucho éxito.

Es cierto que ese día mucha gente no pudo llegar al trabajo, no porque se decidiera a hacer huelga, sino porque el colectivo estudiantil, al ocupar los campus, situados junto a una treintena de calles principales y vías de ferrocarril, prácticamente paralizó la mitad de la zona de mayor actividad económica de Hong Kong. Son acciones que la gente común que tiene un empleo no puede secundar o no está dispuesta a secundar.

La huelga general del 5 de agosto fue un éxito memorable, pero un segundo llamamiento a la huelga el 2 de septiembre fracasó porque la mayoría de la gente temía represalias por parte de Pekín. El gobierno chino ya había mostrado sus garras después de la huelga del 5 de agosto haciendo que la dirección de Cathy Pacific despidiera a más de 30 sindicalistas de la empresa. Puesto que ni el movimiento estudiantil ni los sindicatos podían defender a los huelguistas frente a los despidos, no debería extrañarnos que las otras dos huelgas convocadas no tuvieran mucho éxito.

Ahora existe un peligro creciente de que se reduzca la base de masas de las acciones radicales. El número de personas que salen a manifestarse también ha disminuido. El movimiento se halla en un cuello de botella: no puede mantener efectivamente la escalada frente a una fuerte represión por parte del gobierno. Por otro lado, hay indicios de que el apoyo a las cinco demandas del movimiento también está ampliándose. Esto es fruto de la política de mano dura del gobierno y de la brutalidad policial. Cada vez que hay enfrentamientos, la policía persigue a los y las manifestantes hasta los barrios y lanza gases lacrimógenos. Esta práctica indigna profundamente a quienes al principio permanecían neutrales o incluso apoyaban la política del gobierno.

Un resultado positivo de este movimiento es que desde el mes de septiembre se han vuelto muy comunes las manifestaciones en los barrios, cosa que no se había visto hasta entonces. Allí hay jóvenes activistas que perciben la importancia de la lucha sindical y ahora llaman a afiliarse a los sindicatos o a crear nuevos. Un llamamiento de jóvenes funcionarias a constituir un nuevo sindicato de la función pública ha obtenido una muy buena respuesta. Se dice que se han apuntado centenares de funcionarios. Esta es también una respuesta a los sindicatos tradicionales, que han tardado mucho en reaccionar en este periodo de agitación, pese a que hay que reconocerles el mérito de haber apoyado la huelga general del 5 de agosto. Sin aquella huelga no habría sido posible demostrar a la gente de Hong Kong la importancia del sindicalismo y atraer a una nueva generación de activistas sindicales.

El 24 de noviembre está previsto que haya elecciones municipales. Miembros de partidos liberales han pedido al movimiento que se abstenga de realizar actos de desobediencia civil para no proporcionar al gobierno una excusa para suspender las elecciones, como ya han propuesto los partidos favorables a Pekín, temerosos de que, dada la popularidad de las cinco demandas del movimiento (que cuentan con un apoyo del 60 al 70 % de la población), sufran una derrota catastrófica. El argumento de los liberales encierra un grano de verdad, pero hay que evaluarlo sabiendo que:

– los consejos municipales son órganos meramente consultivos que carecen de competencias para establecer impuestos o administrar cualquier departamento de los ayuntamientos;

– si las elecciones son relevantes es porque pueden servir para expresar la indignación de la población.

Muy pronto el movimiento se verá sometido a una nueva prueba, bien participando en las elecciones, bien viéndose impedido de hacerlo si el gobierno finalmente las suspende.

http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article51226

Traducción: viento sur


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