¿Hay futuro para el intercambio de contraseñas en el streaming?

Por Johannes Hülstrung (dpa)

dpa
Normalmente, solo las personas que viven juntas en un hogar pueden compartir una cuenta de streaming. Foto: Christin Klose/dpa

Quién no recuerda lo caras que eran las antiguas cintas VHS y lo engorroso que era tener que pedirlas prestadas. Y si uno mismo prestaba algo, luego tenía que correr detrás de los casetes para recuperarlos. En principio, esto no cambió con los DVD o los Blu-Ray.

En la era del streaming, en cambio, compartir funciona de forma mucho más sencilla, ya que solo se trata de pasar una cuenta y una contraseña.

Las razones para compartir son obvias: si varias personas utilizan una cuenta de streaming, se ahorra dinero. Además, a diferencia de lo que ocurre con los soportes de datos físicos, el hecho de compartirlos no está asociado a ninguna restricción, ya que no se tiene que dar o prestar nada que luego se pueda echar de menos.

Además, compartir una cuenta significa que los integrantes de una familia o un grupo de amigos que comparten piso no necesariamente tienen que coincidir en una película o serie. «Muchos servicios ofrecen cuentas familiares que pueden usarse dentro de la familia o en un piso compartido», señala el profesor berlinés Marcus S. Kleiner.

Sin embargo, normalmente solo las personas que viven juntas pueden compartir una cuenta de streaming. Esto está estipulado en las condiciones de uso de la mayoría de los servicios. Por supuesto, los servicios de streaming también saben que no todo el mundo respeta estos términos.

En referencia a las condiciones de uso, empresas como Dazn, Netflix o Sky recuerdan de vez en cuando a los abonados por correo electrónico que su servicio solo puede transmitirse en los dispositivos del propio hogar del abonado y que está prohibido compartir los datos de acceso con terceros. Al mismo tiempo, piden eliminar los dispositivos de fuera del hogar de la lista de dispositivos de transmisión, o bien cambiar la contraseña.

Netflix va un paso más allá. Desde agosto de 2022, el grupo ha estado probando el cobro por el uso de un televisor adicional, inicialmente solo en cinco países de América Central y del Sur (Argentina, República Dominicana, El Salvador, Guatemala y Honduras).

Ya desde marzo de 2022, en otros tres países latinoamericanos (Chile, Costa Rica y Perú) también se ofrece la opción de añadir subcuentas para hasta dos personas ajenas al hogar.

Para el profesor alemán Gerd Hallenberger, experto en medios de comunicación, se trata de «una aceptación más o menos a regañadientes de una práctica de uso que Netflix no puede evitar de todos modos».

Es bien sabido que solo se puede iniciar sesión o transmitir en paralelo en un número limitado de dispositivos. Sin embargo, la novedad es que, en el marco del mencionado proyecto piloto en América Central y del Sur, Netflix está registrando las direcciones IP y los identificadores de los dispositivos para poder detectar si se están eludiendo las condiciones de uso.

¿Sería concebible en Alemania una ubicación y un control de terminales de este tipo? «Por razones de protección de datos, eso sería problemático en Alemania», señala el abogado especializado en medios de comunicación Severin Riemenschneider.

Sin embargo, en el pasado, Netflix ha pedido ocasionalmente a los usuarios que confirmen su identidad mediante un código. Los códigos se enviaban a la dirección de correo electrónico almacenada en la cuenta del cliente o por SMS al número de teléfono móvil vinculado a la cuenta.

Estas «medidas técnicas de protección» no pueden ser eludidas, afirma el abogado Riemenschneider. Sin embargo, acota, quienes lo hacen no cometen un delito penal, al menos no por regla general: «A lo sumo, podría ser objeto de medidas cautelares o de reclamaciones por daños y perjuicios». Según Riemenschneider, perseguir estas reclamaciones por la vía civil y con demandas judiciales «apenas merecería la pena» para las empresas y supondría «una pérdida masiva de reputación».

Sin embargo, según el profesor Kleiner, la «práctica común de compartir cuentas» tiene consecuencias para los usuarios. Según el experto en streaming, el uso ilegal se paga con un mayor precio de suscripción. Los «problemas de financiación» en el streaming son evidentes. En 2022 hubo incrementos de precios en varios proveedores.

Al mismo tiempo, están surgiendo modelos financiados por la publicidad. Amazon, por ejemplo, ha lanzado recientemente su oferta gratuita Freevee. Así, el streaming se parece cada vez más a la televisión clásica, asevera Kleiner. Su opinión: «La publicidad es el fin del concepto de streaming».

Sin embargo, Netflix también ha comenzado a probar esta vía y ha introducido en Europa una suscripción muy económica con publicidad. Además, se ha dado otro paso para limitar el uso compartido de cuentas y vender más suscripciones de pago. Los espectadores que utilizan una cuenta que no es la suya pueden exportar su perfil para iniciar una suscripción propia con el historial y las listas guardadas en la cuenta anterior.

dpa

Revise también

dpa

San Nicolás responde las cartas de los niños con código QR en Alemania

St. Nikolaus (Alemania), 21 nov (dpa) – San Nicolás cambia con los tiempos, porque quien …

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Cambio Político
Este sitio usa cookies. Leer las políticas de privacidad.